Su historia
permanecerá Wera Reusch
"Los zapatos de las mujeres
son la única manera de reconocerlas" - Siba Shakib, una periodista
alemana-iraní, desea escribir un libro sobre la situación de
las mujeres afganas. Una investigación bastante peligrosa, pues en
esa época Afganistán todavía es gobernada por los talibanes.
En un campo de refugiados de las Naciones Unidas cerca de la frontera iraní
conoce a una mujer afgana con cuatro niños que ha llegado de Irán
hace poco tiempo. "Sí, yo misma los parí", dice la mujer,
completamente cubierta por el velo, al oficial que reparte sacos de trigo.
Pero el oficial no la cree, porque los niños parecen haber nacido
de madres y de padres diferentes. Justo antes de que Siba Shakib pueda hacerle
cualquier pregunta, la mujer desaparece con sus hijos entre las demás
mujeres cubiertas con burkas azules. "Los zapatos de las mujeres son la
única manera de reconocerlas", señala Shakib, "y yo no me
fijé en los zapatos de Shirin-Gol."
Con esta escena comienza
el bestseller de Siba Shakib "Afganistan: el lugar donde dios sólo
viene a llorar", la historia de vida de Shirin-Gol, similar a la que han
vivido numerosas mujeres afganas. Pero a diferencia de muchas otras mujeres,
que por miedo o por vergüenza no hablan de su pasado, Shirin-Gol está
dispuesta a contar su historia. Tras el breve encuentro inicial durante el
reparto de trigo, es ella quien se acerca a la escritora y le pregunta:
"¿Quieres que te cuente mi historia para tu libro?" Toda una suerte
para Siba Shakib: "Ninguna otra mujer afgana que he conocido se ha expresado
de forma tan abierta y honesta ni estaba tan dispuesta a hablar sobre su
vida, ni mucho menos sobre la relación con su marido. Shirin-Gol habla
de forma precisa y con detalle de todo lo que recuerda, como si quisiera
asegurarse de que al menos sus historias permanecerás cuando ella
muera."
La historia de Shirin-Gol
es la historia de una huida tan larga como su propia vida. Nacida en un pueblo
de las montañas, de niña es testigo de la invasión
soviética en Afganistán. Mientras sus hermanos se unen a los
muyahidines, la resistencia armada, y sus hermanas matan soldados rusos
camufladas como prostitutas, sus padres huyen con los hijos más
pequeños hacia la capital, Kabul. Allí Shirin-Gol acude a una
escuela rusa durante algún tiempo, antes de ser casada a la fuerza
a los 14 años para pagar las deudas de juego de su hermano.
Tras la retirada de las
tropas soviéticas de Afganistán, estalla la guerra civil.
Shirin-Gol huye con sus dos hijos hacia Pakistán. Su marido, que se
gana la vida como contrabandista, no puede volver a trabajar debido a un
accidente en la montaña y se hace adicto al opio. A partir de ese
momento, el sustento de toda la familia dependerá de Shirin-Gol. Tiene
un hijo del jefe de la banda de contrabandistas, que la chantajea por las
deudas de su marido, y más tarde, tendrá otro hijo más,
tras ser violada por tres policías pakistaníes.
Por miedo a la policía
pakistaní, la familia sale huyendo y regresan a Afganistán,
donde viven en un pueblo apartado en las montañas. Durante un ataque
el pueblo es destruido y tendrán que huir de nuevo. La siguiente
estación es una pequeña ciudad afgana, donde Shirin-Gol trabaja
para una médica afgana hasta que los talibanes se hacen con el poder
y prohiben a todas las mujeres salir de sus casas y trabajar. Entonces huyen
a Irán, pero regresan de nuevo al Afganistán de los talibanes,
ya que en Irán los refugiados afganos son cada vez más
acosados.
El calvario parece no tener
fin, los momentos de felicidad son raros, como cuando Shirin-Gol encuentra
en su camino personas que le regalan su ayuda, pues "en los malos tiempos
la gente buena tiene que hacer más el bien, de forma que la justicia
no muera". Pero sobre todo, cuando encuentra a otras mujeres que no se quieren
rendir, como su amiga Azadine, la médica: "Tenemos que luchar sin
importar dónde ni cómo vivamos ni lo difícil que pueda
ser, dice Azadine. Eso es resistir, dice Shirin-Gol. Eso es resistir, dice
Azadine y se ríe. No hay muchas mujeres como tú en
Afganistán, dice Shirin-Gol. Cada vez hay más mujeres como
nosotras, dice Azadine."
Shirin-Gol está al
límite de sus fuerzas. Después de un intento de suicido y de
una nueva odisea, que la lleva a recorrer todo Afganistán en busca
de su hija mayor, casada con un talibán, llega al territorio de la
Alianza del Norte, donde se encuentra con sus dos hermanos, a quienes había
visto por última vez cuando era niña. El libro termina en un
momento en el que Shirin-Gol no puede aún sospechar que los EE.UU.,
con ayuda de la Alianza del Norte, terminarán con el dominio de los
talibanes.
Tampoco Siba Shakib, que
por última vez vio a Shirin-Gol en el verano del 2000, podía
imaginarse que su libro, aparecido por primera vez en el año 2001
en alemán, se convertiría en un bestseller. Antes de los atentados
en EE.UU., la opinión pública mundial casi no se interesaba
por la situación de las mujeres en Afganistán. Si bien es cierto
que en muchos países había grupos de mujeres que mostraban
solidaridad con las mujeres afganas, en el ámbito político
sólo unas pocas personas se implicaban activamente en defensa de las
mujeres de Afganistán. Una de las excepciones es la antigua comisaria
europea Emma Bonino.
Resulta por ello admirable
que Siba Shakib, apoyada por Inge von Bönnighausen, una famosa redactora
de televisión alemana y feminista, investigara y filmara durante varios
años en Afganistán cuando apenas le interesaba a nadie. Con
todo, la forma en que Shakib expone su relato es algo problemática.
De entrada el libro parece ser de tipo documental. En la introducción,
al describir su primer encuentro con Shirin-Gol en el campo de refugiados
de la ONU, despierta esta impresión. Pero al contrario que la literatura
"testimonial" latinoamericana, la autora no refleja las declaraciones de
Shirin-Gol como una narradora en primera persona ni tampoco distingue entre
el verdadero testimonio y sus propios comentarios. Más bien elige
la perspectiva de la narradora omnisciente y entremezcla informaciones sacadas
de las conversaciones con sus propias interpretaciones y arreglos. Seguramente
lo más problemático es que Shakib cuente con sus propias palabras
la historia de Shirin-Gol, en un lenguaje que no resulta nada auténtico.
El empeño de la escritora
de televisión por crear un libro popular y fácil de leer es
bastante evidente. Las frases simples y cortas pueden ser adecuadas para
acompañar imágenes de televisión, pero en un libro de
algo más de 300 páginas este estilo simple y superficial resulta
difícil de soportar, especialmente porque no logra convencer de su
autenticidad. Shirin-Gol, despojada de su propia voz, no consigue tener en
este relato un perfil personal ni profundidad alguna; más bien aparece
como una recreación artística del sufrimiento femenino y de
la lucha por la supervivencia en Afganistán.
Lo que no queda claro en
el libro, lo explica Siba Shakib en las entrevistas. No se trata de un
biografía de Shirin-Gol, ni tampoco de una novela de ficción,
sino de "Faction" : "Mientras escribía, tuve a Shirin-Gol delante
de mis ojos. Pero con el fin de protegerla, cambié algunos sucesos
de su biografía, añadí algunas aportaciones propias
a sus historias y omití otras cosas. Lo importante era que a partir
de mi relato no se la pudiera reconocer, porque aunque mañana haya
democracia en Afganistán, la actitud de los hombres hacia las mujeres
no cambiará."
Proteger a su informante
es un deseo muy respetable, pero para conseguirlo hay muchas posibilidades
- sin tener por ello que renunciar a la autenticidad y a la seriedad de lo
que se cuenta. Puede que al hacer concesiones a un supuesto gusto de las
masas, Siba Shakib haya limitado el efecto de su relato, aun cuando no fuera
ésta su intención. Pero a pesar de todo, las inconcebibles
historias vividas por las distintas Shirin-Gols en el libro transmiten una
profunda impresión de lo que las mujeres afganas han tenido que soportar
en las últimas décadas.
La mejora de la situación
de las mujeres afganas en el futuro no está en absoluto clara. No
podemos descartar que se impongan de nuevo las fuerzas patriarcales y los
señores de la guerra. A juicio de la organización de mujeres
RAWA - Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán
- (2), en Kabul únicamente han cambiado los criminales de guerra en
el poder, sin que ello haya supuesto ningún cambio para las mujeres.
Por esta razón, el libro no deja de ser una llamada necesaria a la
opinión pública internacional para que, al menos ahora, se
reivindique con vehemencia que las mujeres en Afganistán logren por
fin el derecho a la educación, al trabajo, a la libertad y a la integridad
física. (1) Siba Shakib: Afghanistan, Where God Only Comes To Weep. Century, London 2002, ISBN 0-7126-2339-6. (2) véase también: www.rawa.org Wera Reusch es periodista y vive en Colonia/Alemania.
Traducción del
alemán al castellano por Rosa Morillo Balado.
|