Teorizando la perspectiva política del "Feminismo islámico" Shahrzad Mojab
El feminismo, al igual que
la idea y la visión política de la igualdad de género,
concebidas en el mundo occidental y liberal, llegó a las "sociedades
islámicas" (1) a finales del siglo diecinueve. Desde el principio,
el debate se centró en la compatibilidad de la idea de la
emancipación de las mujeres con los principios del Islam.
La primera mujer que
ofreció una reinterpretación minuciosa de los textos religiosos
en defensa de los derechos de las mujeres probablemente fue Nazira Zain al-Din,
nacida en el Líbano en 1905. Su primer libro era una denuncia de la
opresión patriarcal, que consideraba contraria a los principios del
Islam. Dijo: "El velo es un insulto para los varones y para las mujeres".
Cuando se publicó el libro en 1928 hubo manifestaciones en contra
de él, incitadas por hombres religiosos, y amenazas a los dueños
de las librerías que lo vendían.
El conflicto en torno a
los derechos de las mujeres implicaba, sin embargo, algo más que
compromisos discursivos entre intérpretes antagónicos de las
escrituras. Durante la primera mitad del siglo veinte las sociedades
islámicas estaban cambiando tanto interna como externamente a través
del impacto del colonialismo, el modernismo, el nacionalismo y el socialismo.
Las mujeres urbanas de clase media y alta, durante mucho tiempo recluidas
en el espacio privado de las casas, empezaban a reclamar su participación
en la vida pública. Algunas mujeres campesinas participaron también
en las luchas anticoloniales y en los movimientos de reforma agraria. De
esta manera las mujeres constituyeron una nueva fuerza social. Las
reivindicaciones por sus derechos, de haber sido reconocidos y ejercidos,
habrían requerido una redistribución del poder tanto en la
esfera privada como en la pública. Así surgió un movimiento
de mujeres en Irán durante la Revolución Constitucional
(1906-1911).
Las fuerzas sociales -
nacionalistas, islamistas y comunistas - no podían pretender llegar
al poder sin una agenda a favor de la movilización y de la
organización de las mujeres. Igualmente interesado en el control de
los movimientos de mujeres incipientes estaba el estado. Algunas de las
naciones-estado que se acababan de crear, como Turquía e Irán,
se apropiaron de los movimientos feministas al disolver las organizaciones
independientes y su prensa escrita y al garantizar algunos derechos para
las mujeres. Los poderes coloniales, que gobernaban sobre muchos de los nuevos
países creados tras la primera Guerra Mundial, también estaban
interesados en controlar el avance de los movimientos feministas.
Hoy -los debates de los
primeros tiempos continúan
Entre los desarrollos más
significativos de finales del siglo veinte está la llegada al poder
de un nuevo estado teocrático, la República Islámica
de Irán, que ha influido en la dirección de la lucha por los
derechos de las mujeres. El estado islámico anunció que las
relaciones de género iban en contra del Islam y eran occidentales.
La islamización de las relaciones de género fue muy amplia,
pero desde el principio encontró fuertes resistencias. A mediados
de los años 90 el régimen islámico estaba atravesando
una seria crisis: había fracasado en su intento de controlar a las
mujeres, los trabajadores, las nacionalidades disidentes, los estudiantes,
la prensa escrita, los artistas y los intelectuales laicos. La resistencia
espontánea de las mujeres se extendió.
La crisis del estado
islámico ha provocado diferentes respuestas por parte de las facciones
en el poder, de los actores no estatales y de las feministas. En este
artículo examinaré la respuesta feminista académica,
que está fuertemente dividida.
"Feminismo islámico"
- haciendo presión por las reformas legales
Algunas defensoras del
"feminismo islámico" lo comparan con la teología de la
liberación en occidente. Otras académicas y activistas feministas
rechazan la tesis de la compatibilidad y consideran que el "feminismo
islámico" es un oxímoron, una contradicción en sus propios
términos. Si lo que se entiende por feminismo es aliviar las presiones
patriarcales sobre las mujeres, haciendo que el patriarcado sea menos terrible,
el "feminismo islámico" sería desde luego una tendencia feminista.
Pero si el feminismo es un movimiento que pretende abolir el patriarcado,
contribuir a crear una sociedad en la que cada persona pueda dar forma a
su vida libre de restricciones económicas, políticas, sociales
y culturales, entonces el "feminismo islámico" resulta ser bastante
inadecuado.
La experiencia de la
República Islámica ha demostrado que la teocracia islámica
refuerza de hecho el sistema patriarcal tradicional. De este modo, el "feminismo
islámico" está justificando relaciones de género
desiguales.
Las feministas académicas
que reconocen el "feminismo islámico" tienden a considerar el Islam,
aunque no otras religiones, como el motor de la historia, el constructor
de la identidad y una presencia constante en la historia, inscrita de forma
permanente en la mente y en el cuerpo de cualquier persona musulmana. Si
bien resulta problemático tratar el Islam como actor de la historia,
el principal problema son las suposiciones implícitas de las feministas
académicas sobre el patriarcado, el movimiento de mujeres y el feminismo.
Subestiman el patriarcado y el papel de la concienciación, es decir,
del feminismo, en la lucha contra el patriarcado. Para elaborar mi crítica
me centraré en la reforma del sistema legal.
La reforma legal como
un campo en disputa
Las críticas a la
estructura jurídico-legal se reanudaron en los años 90. La
legislación, que limitaba la capacidad de las mujeres en muchos aspectos,
junto con la violencia contra las mujeres empleada por las fuerzas coercitivas
en los espacios públicos, indignó incluso a algunas mujeres
progubernamentales. Las expresiones de desacuerdo con el sistema legal se
limitaron básicamente a aquellos que aceptaban el régimen
islámico, pues la oposición había sido eliminada o
silenciada.
Dos leyes fueron criticadas
de forma considerable en los medios de comunicación: la primera -
el carácter discriminatorio de las leyes de custodia - fue cambiada
por el gobierno ante las protestas que suscitó. La Asamblea Islámica
aprobó en 1988 una reforma sin tratar el problema fundamental - la
negación de los derechos de las madres - y no introdujo cambios
sustanciales en la ley.
La segunda reforma tenía
que ver con el derecho de las mujeres a juzgar. Menos de un mes después
de llegar al poder y sin esperar a la aprobación de nuevas leyes,
la República Islámica despidió a todas las juezas. Una
vez más, la presión desde el exterior y desde el interior del
país obligó al gobierno a aprobar en 1995 un único
artículo, que permitía la contratación de mujeres en
el nivel de la judicatura, aunque sin el poder de juzgar.
La perspectiva del feminismo
islámico
Las expertas legales y las
académicas, al aceptar el marco jurídico-legal del estado
islámico, ven con optimismo las perspectivas de futuro de los derechos
de las mujeres en Irán. Creen que una reinterpretación del
Islam, junto con una estrategia de presión, preparará el terreno
para que finalmente se reconozca la igualdad de derechos de las mujeres con
respecto a los varones. Algunos periódicos de mujeres como Farzaneh
y Zanan actúan como instancias de presión. Demuestran las
inconsistencias de la ley y sostienen que el sistema legal actual entra en
conflicto con el "espíritu afectuoso" del Islam y con su respeto por
las mujeres.
Otra forma de convencer
a los religiosos y al aparato legislativo de la igualdad entre mujeres y
varones es argumentar que las leyes discriminatorias por razón del
género no están arraigadas en el Islam sino más bien
en la tradición y en la historia, y como tales, pueden ser cambiadas
sin ninguna dificultad. Estas críticas revelan la misoginia o, para
expresarlo con sus cautas palabras, el sesgo masculino de la ley, pero no
cuestionan sus raíces religiosas. En lugar de ello, niegan el hecho
de que las fuentes de la legislación son religiosas e
islámicas.
Los dos casos de reformas
de la ley no desafían el ejercicio del poder masculino. Incluso si
se permitiera que las interpretaciones "feministas" de los textos religiosos
y de las tradiciones fueran tomadas en cuenta durante el proceso de reforma,
su incorporación en la ley implicaría un proceso político,
es decir, un proceso de conflictos y de compromisos sobre la redistribución
y el ejercicio del poder. Dado que las leyes están concebidas según
una agenda claramente religiosa y patriarcal, su reforma requeriría
o bien una revisión radical o descartar sus bases teológicas.
Las feministas no rechazan
la reforma, que es un medio para democratizar las relaciones de género
y las relaciones sociales. La agenda de las "feministas islámicas"
iraníes para la reforma es, no obstante, patriarcal. Sus límites
están fijados por el estado, que no está dispuesto a avanzar
hacia la democratización de las relaciones de género, un proceso
que requiere tanto la separación entre la ley y la religión
como la separación entre el estado y la religión.
Una visión feminista
crítica
Las feministas islámicas
y las relativistas culturales que las apoyan reclaman la igualdad en las
leyes de la misma manera que el liberalismo ha defendido la igualdad formal.
Al igual que sus contrapartes liberales, han establecido una separación
entre la ley y el ejercicio del poder político. Consideran la ley
como un instrumento neutral que de igual manera puede servir a intereses
diversos. Esto constituye una forma de "positivismo legal", que entiende
la ley como un "sistema autónomo y autosuficiente" que no guarda ninguna
relación con la producción de las relaciones de poder. No obstante,
diferentes tendencias del pensamiento legal crítico sostienen que
la ley, lejos de ser un instrumento neutral, legitima, mantiene y permite
la distribución y la concentración de poder en la sociedad.
Feministas teóricas especializadas en temas legales ven el análisis
de los derechos y el "legalismo liberal" como formas patriarcales que pueden
servir para enmascarar el sesgo patriarcal de las leyes.
Algunas críticas
no sólo cuestionan el valor de la teoría de los derechos sino
también el valor de las leyes en sí como un instrumento para
conseguir mejoras para las mujeres. Sostienen que las leyes son fundamentalmente
patriarcales y que articular las luchas de las mujeres en términos
legales inevitablemente reforzaría el patriarcado. Incluso si los
movimientos sociales logran victorias en la defensa de los derechos, es el
propio estado quien reinterpreta sus objetivos sociales radicales en
términos de derechos; de esta manera, al situar el poder social en
el estado en vez de ubicarlo en la gente, la lucha por los derechos conduce
finalmente a la pasividad, refuerza la alienación y la carencia de
poder y coopta a los movimientos sociales para mantener el statu quo.
Comparado con las luchas
feministas occidentales, el proyecto de las feministas islámicas
está muy limitado tanto en la teoría como en la práctica.
A diferencia del liberalismo occidental, que ha logrado instituir un amplio
régimen de derechos que garantizan la igualdad, el "feminismo
islámico" no es lo suficientemente ambicioso como para exigir la igualdad
formal universal. Esta tendencia feminista, por ejemplo, no ha desafiado
las leyes enormemente opresivas por las que las mujeres musulmanas y las
no musulmanas no son tratadas de manera igualitaria, al ser castigadas estas
últimas con mayor brutalidad.
Tanto en Irán como
en los regímenes laicos, la separación entre la religión
y la política sigue siendo un requisito para llevar a cabo una reforma
legal radical. En el caso de Irán una separación de este tipo
no conllevaría una reforma sino el desmantelamiento del estado
islámico, que fue construido conscientemente sobre la unidad de la
religión y del estado.
Y tú, ¿de
qué lado estás?
Mientras las personas favorables
a la reforma dentro y fuera del gobierno no lograron desplazar a los
conservadores, la crisis económica y política del país
continuó avivando el fuego del desacuerdo y de la disidencia. Los
trabajadores y las personas asalariadas son quienes más han sufrido
las penurias económicas, y las mujeres, los estudiantes y los
jóvenes están sujetos a presiones sociales y culturales que
ya no pueden seguir soportando. Aún cuando el apartheid de género
continúa siendo una política oficial, las mujeres han iniciado
la ofensiva y se niegan a seguir las normas islámicas que obligan
a las mujeres a vestirse de una determinada manera.
El hecho de que la legitimidad
de la teocracia iraní haya sido cuestionada y que la resistencia de
las mujeres en contra del apartheid de género continúe, constituye
una seria crisis para el estado islámico. Las feministas occidentales
e iraníes que han dedicado muchos esfuerzos a construir las "identidades
de las mujeres musulmanas" y los "feminismos islámicos" no han sabido
responder a los desarrollos en los conflictos de género en Irán.
Mientras la teocracia en Irán se está desintegrando,
continúan esencializando a las mujeres de los países
islámicos como seres religiosos.
La teocracia islámica
y el feminismo islámico en Irán han llegado a un callejón
sin salida. Pero en la teoría feminista existe otro callejón
sin salida aún más serio. Desde la puesta en marcha de los
programas de estudios de mujeres en los años 70, el feminismo
académico ha realizado avances considerables tanto teórica
como metodológicamente. Igualmente significativo es el éxito
de los movimientos de mujeres en numerosos países occidentales al
obligar al estado androcentrista a garantizar la igualdad legal entre los
dos géneros.
abemos, sin embargo, que
la igualdad legal no conduce a la igualdad en el mundo extralegal - por ejemplo,
las desigualdades de género basadas en la clase, la religión,
la raza o la nacionalidad. De hecho, lo último condiciona seriamente
cualquier cosa que se pueda lograr mediante lo primero. En mi opinión
aquí es donde radica la crisis de la teoría feminista. En los
países occidentales, el feminismo liberal ya ha logrado su proyecto
de reforma legal que ha necesitado varios siglos. ¿Qué toca hacer
ahora?
La fragmentación
de las mujeres en entidades religiosas provocada por el relativismo cultural
y la particularización de las reivindicaciones de las mujeres según
el interés del patriarcado religioso han contribuido a la formación
de alianzas entre la Santa Sede y países islámicos tales como
Irán y Arabia Saudí. Hasta el año 1998 sólo once
de los veintidós miembros de la Liga de Estados Árabes habían
ratificado la "Convención para la eliminación de todas las
formas de discriminación contra las mujeres" (CEDAW), y el resto la
habían aprobado con reservas. En todas las reservas el Islam era el
obstáculo para la eliminación de una u otra forma de
discriminación.
La particularización
de las mujeres, del patriarcado y la opresión en la teoría
feminista postmoderna también está en conflicto con la
internacionalización de los movimientos de mujeres y de los movimientos
feministas. La globalización de la economía capitalista ha
agudizado los conflictos de clase y de género por todo el mundo,
especialmente en los países en desarrollo. La violencia contra las
mujeres está extendiéndose por todo el mundo islámico."Y
tú, ¿de qué lado estás?" Esa es la pregunta que
tienen que responder todas las feministas y las teorías feministas. (1) Empleo con reticencia los términos "sociedad islámica", "país islámico" o "mujer musulmana". No sería apropiado caracterizar a las personas, a las sociedades, a las culturas o a los países según su religión o, mejor dicho, según la religión que se practica de forma predominante.
Este artículo es
una versión reducida de un artículo publicado en la revista
Feminist Revue, nº 69, winter 2001. Traducido del inglés por Rosa Morillo Balado |