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Sarah Baartman – Recuperando el pasado

Sheila Meintjes

Durante 180 años los restos de Saartjie Baartman, una mujer khoi del Cabo Este de Sudáfrica, fueron conservados en el Musée de l’Homme (Museo de la Humanidad) de París, Francia. La historia de la vida de esta mujer es una larga historia de humillación y de brutalidad de la experiencia colonial. Refleja la fascinación grotesca de los científicos coloniales por las diferencias anatómicas entre tipos raciales, lo que hoy llamamos “racismo científico”.

Sarah Baartman fue traída a Europa hace más de doscientos años por sus empleadores. No se conoce mucho de ella, pero parece haber sido el equivalente de una esclava. En Europa fue exhibida como una especie humana exótica en el Jardin des Plantes, en París, junto con otros animales y plantas exóticas. Fue mostrada a científicos anatomistas y a artistas por Etienne Geoffrey Saint-Hilaire, miembro de la Académie des Sciences francesa.

Cuando murió, su cerebro y sus genitales fueron conservados en formol y de su cuerpo se hizo un molde de yeso para conservar su apariencia física. Todo ello fue expuesto en el Museo de Historia Natural. ¿El motivo de esta agitación científica y artística? El hecho de que tuviera una anatomía y un color insólitos comparada con las personas europeas. Por supuesto, tal interés era consecuencia del racismo científico europeo de los siglos dieciocho y diecinueve.

Hoy sólo podemos imaginarnos la humillación y el dolor que la exhibición pudo causarle a la joven mujer. Todo indica que fue desgraciada e infeliz y que murió en la pobreza en París. Tras su muerte, el renombrado anatomista y científico francés, Georges Cuvier, examinó su cuerpo en detalle.

En el año 2002, después de largas negociaciones entre los gobiernos de Sudáfrica y de Francia, se acordó por fin que los restos de Saartjie Baartman debían ser devueltos a su país natal para ser enterrados. Tal vez sorprendentemente, dado el tiempo transcurrido, el gobierno francés no permitió filmar otros restos suyos guardados en el museo. Los países europeos todavía son prácticamente incapaces de pedir perdón por la explotación de la experiencia colonial. La activista de género y académica, Gail Smith, acompañó a la delegación sudafricana a Francia para grabar el retorno. Así es como describió su experiencia:

“Siete años de investigación, discusión y fascinación con Baartman no me prepararon para el encuentro cara a cara con ella. O más bien con la colección de partes de su cuerpo desmembrado, consideradas decisivas para la investigación científica por los científicos felizmente encargados de su cuerpo apenas unas horas después de su muerte. Y que no perdieron el tiempo para llegar al fondo de la cuestión: hicieron un molde de yeso de su cuerpo, lo diseccionaron y conservaron su cerebro y sus genitales en formol.

El esqueleto de Baartman me llegaba hasta el plexo solar, así que no debía de medir más de 1,30 metros. El molde de yeso en posición vertical, pintado de un marrón extraño y con los brazos saliendo hacia fuera en un ángulo incómodo, tenía una apariencia macabra y ha atrapado su cara en una máscara de muerte perpetua. El frasco que contenía su cerebro tenía un aspecto corriente, al igual que el frasco con una sustancia gris que eran sus genitales …

Sentí pena por las avestruces y por los canguros saltando empapados de lluvia con temperaturas bajo cero. Mientras me acurrucaba dentro de mis tres capas de ropa, podía imaginar la desgracia de Baartman en un medio tan hostil, sin ropa de abrigo, rodeada de hombres tan obsesionados con su vagina que continuamente intentaban convencerla para que se quitara la ropa que le quedaba puesta.”

La descripción de Smith de sus propias reacciones da testimonio del poderoso simbolismo que entraña el retorno de los restos de Baartman. El legado de dolor y de vergüenza resonaba junto con el dolor y la vergüenza de la opresión colonial en todas partes, junto con el pasado colonial y con el reciente pasado de apartheid en Sudáfrica, un pasado que también ha explotado sexualmente a las mujeres negras de forma brutal y vergonzosa. Los comentarios finales de Smith expresan todo esto:

“Lloré por Baartman, lloré por cada mujer negra degradada y humillada por hombres obsesionados con los secretos que llevan entre sus piernas. Y lloré por cada persona negra de Sudáfrica reducida, degradada y humillada al ser llamada “Hotnot” y “AmaBoesman” (1). También lloré de alegría y de gratitud, pues había sido elegida como testigo de un instante victorioso en la historia.”

(1) Las expresiones “Hotnot” y “AmaBoesman” son términos despectivos que se refieren a personas de origen mixto, como el pueblo khoi en Sudáfrica.

Dr. Sheila Meintjes es comisaria de género en la Comisión para la Igualdad de Género y lectora de Estudios Políticos en la Universidad de Witwatersrand.

Traducido del inglés por Rosa Morillo Balado.

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