Being elsewhere - Vivir en otra parte
Adelheid Scholten "En realidad, la
política no es mi tema." Heddy Honigmann responde a preguntas
del público que se refieren a la dimensión política
de su filme. Incluso cuando éstas se repiten, dirige pacientemente
la atención de los espectadores hacia aquellos aspectos que considera
más importantes. "No hago películas sobre temas, sino
sobre individuos", declara una y otra vez. Esto sucede con independencia
de la Todo indica que la perspectiva global de Honigmann, que caracteriza toda su obra hasta la fecha, se puede explicar orgánicamente a partir de su biografía. Nació en 1951 en Perú como hija de inmigrantes procedentes de Austria y Polonia. Sintió una gran fascinación por el cine desde su juventud, cuando iba a ver a todos los filmes exhibidos en el instituto francés de cultura, en Lima. Incursionó en el mundo de la palabra (poemas), pero las imágenes le permitían expresarse mejor. Cuando se decidió a estudiar cine tuvo que abandonar Perú, ya que no existía una escuela cinematográfica en el país. Realizó sus estudios en Roma, y a finales de la década de 1970 se dejó llevar por el amor para radicarse en Amsterdam, ciudad que sigue siendo el centro de su vida y donde hoy en día los contactos con las emisoras de televisión le permiten trabajar en varios proyectos al mismo tiempo. Pero siempre parte de nuevo para reencontrarse con su tema central. Casi no hay barrera idiomática que le parezca insuperable. Su idioma materno es el español, pero se maneja con la misma facilidad con el holandés. Habla inglés y francés, y entiende bien el alemán: los idiomas son uno de los instrumentos esenciales de su trabajo cinematográfico; su mirada y oído son los otros. En el filme "The Underground Orchestra" (1997) se perfilan con especial nitidez algunos elementos importantes de su método de trabajo. "Leo muchas veces, en los programas, que esta película trata de los músicos en el metro de París", dice al iniciar su charla, "pero el tema no es sólo este." La película trata de músicos, que ganan su sustento tocando sus instrumentos en los pasillos del metro de la capital francesa. La directora acompaña a los músicos de todo el mundo a sus mundos: el arpista de Venezuela, el violinista de Sarajevo, el pianista de Argentina, el citarista de Rumania, la cantante de Malí. Los vemos en la calle, en los pasillos subterráneos pero también en sus modestas viviendas parisinas, donde hablan sobre música, sus familias, sus esperanzas y miedos. "A través de las historias personales avanzas hacia los temas de fondo, la belleza, el poder", explica Honigmann. "Si fuera al revés, el filme sería demasiado pesado, sería insoportable". Por supuesto "Underground Orchestra" contiene referencias a masacres y guerras, a la pobreza, la persecución y la discriminación, que obligaron a estas personas a abandonar su país de origen, pero no las nombra explícitamente. Su eco se percibe en el presente del exilio, en el rostro de los refugiados, en el deseo de volver a su tierra. Aun así, no son historias de víctimas. "Estos músicos no son víctimas", insiste Honigmann. "Por supuesto ellos sufren mucho, deben aguantar mucho, pero están vivos y luchan, disfrutan y se divierten". Ni que hablar de la dignidad y la belleza de la música: "A veces, lo que más me interesa es la belleza. Observé y grabé una escena en un circo y sabía instantáneamente que la incluiría en la película, sólo por su belleza. En un filme tu puedes llegar hasta ciertos límites". La belleza de esta escena se expresa en términos estrictamente estéticos: sobre un trapecio una acróbata vestida enteramente de negro hace equilibrio, mientras un gato blanco como la nieve, no menos acróbata, camina sobre ella. Abajo, en la pista del circo, un músico toca el acordeón. El contraste entre la música y el silencio, los colores, la melancolía que se expresa en esta escena logran su efecto sin una sola palabra. Y la belleza está presente también en otras escenas, en las que la realidad social se refleja con más claridad, para prevalecer sobre la fealdad de la situación social y política. Ahí está parado el músico callejero de Africa en su apartamento minúsculo, que en realidad no es más que un apartado en el desván de un edificio, y dice: "No, este no es mi apartamento, es mi celda." Vive en esta celda sobre los techos de París y sus palabras, expresadas con tanta dignidad y fuerza, dan testimonio de que incluso esta celda no puede privarlo de su dignidad como ser humano y músico. La película "Metal and Melancholy", de 1993, se sirve también de la técnica del collage: en este caso, se entrelazan con gran habilidad las historias de varios individuos en un road-movie documental, en un movimiento que pasa de taxi en taxi a lo largo y ancho de Lima, la capital de Perú. Los conductores y las conductoras de los taxis son profesores, artistas, amas de casa, policías; sus coches son viejos, están en mal estado, en muchos casos a punto de ser chatarra. Todas las personas pertenecen a la clase media empobrecida; manejar taxi es la segunda actividad que les permite sobrevivir. Honigmann nos presenta varios taxistas. Uno de ellos cuenta su historia de amor con una joven italiana, muchos años atrás, a quien no siguió a Italia a pesar de su invitación. Nunca más supo de ella, pero este amor posible y soñado sigue vivo - en una pieza de música que el hombre guarda para seguir oyéndola, y que la directora debe escuchar. "¿No es increíble lo que una llega a descubrir?", se sorprende Honigmann, cuando recuerda el encuentro, "que alguien puede sobrevivir con una pieza de música que le trae aquel amor a la memoria". Honigmann se convierte en una embajadora de la esperanza. Quizás, le confía el taxista, la mujer llegue a mirar este filme algún día y reconozca la música del corazón. La música cumple un papel muy importante en sus películas, pero también en su vida personal. No se puede imaginar una vida sin música. En el caso del taxista de Lima se encontró con la música por casualidad. En otros trabajos la eligió como punto de partida, como camino para llegar a lo más íntimo de sus interlocutores. "Crazy" (Países Bajos 1999) es un filme sobre los recuerdos de varios soldados holandeses participantes de misiones de las Naciones Unidas, quienes estuvieron estacionados en diferentes escenarios de guerra (Corea, Líbano, Camboya, Ruanda y Bosnia). Pide a los soldados que le indiquen una pieza musical relacionada con su estadía. La música habilita una vía de acceso a los sentimientos vinculados, en más de una ocasión, a experiencias traumáticas. El título de la película viene de la canción pop "Crazy", de Seal. En esta canción se concentran los recuerdos de uno de los militares entrevistados. La música no es más que un método para el acercamiento; para que los soldados se abran después, es decisivo el carisma personal de la directora. Honigmann no se presenta ante los soldados como simple entrevistadora, sino como interlocutora. Aguanta las pausas y los silencios, y también la exploración lenta de la coraza afectiva de algunos militares, generándose una sensación de angustia cuando se palpan las emociones, la tristeza, el miedo y la sensación de lo inútil de la misión. Debido a esta densidad "Crazy" resulta difícil de soportar. En consecuencia, la discusión con la directora se centra primero en el cómo y por qué. ¿Cómo logra Honigmann, una extranjera, el acceso a los sentimientos y miedos más profundos? "Hay un secreto mágico", contesta esquiva, con una sonrisa. Después el secreto parece revelarse, por lo menos en parte. Se explica a partir de su apertura hacia las cuestiones de la existencia humana, el desarraigo, el exilio y la búsqueda de un lugar, que se pueden buscar en su propia biografía. "Crecí en una familia de supervivientes del Holocausto. Siempre se contaban historias de personas perdidas. No se trataba solamente de la pérdida de la vida; con cada persona se perdía un universo de cuentos, lugares, canciones y esperanzas". Ayudó también a agudizar la mirada de Honigmann su apertura hacia las cuestiones de la supervivencia después de la catástrofe y la guerra: "En Perú aprendí a sobrevivir por pura necesidad". Durante su travesía por la vida a través de los continentes se encuentra con otros viajeros, a los que entiende aunque no le expliquen todo. En la actualidad, la obra de Heddy Honigmann, cada vez más extensa, también ataviesa los continentes. Mientras la directora sigue trabajando con entusiasmo en nuevos proyectos, se ha iniciado un período de retrospectivas: durante el año 2000, en Utrecht (Países Bajos), París, Londres y Gante (Bélgica). En 2001, están en la agenda, Berlín (mayo), Nueva York (junio), y Sarajevo (agosto). Y durante 2002, los migrantes, músicos, y cascos azules, pero también el personaje principal, afectado de la enfermedad de Alzheimer, de "Hersemschimmen/Mind Shadow" (1988, sobre texto de Jan Bernlef), encontrarán su audiencia en Barcelona, Valencia y Madrid.
Traducido del alemán al castellano por Dieter Schonebom |