¿La
Nación del Arco Iris?
Prishani Naidoo Al abordar la herencia de la opresión racial en Sudáfrica se debe ubicar la discusión en la intersección de raza, clase y género. Este artículo examinará esta herencia de apartheid y de cómo se encuentra hoy, con referencia específica a la situación de la mayoría de las mujeres (mujeres pobres, Negras) y el papel del actual gobierno sudafricano en los esfuerzos que ha anunciado para abordar esta herencia. Analizará el papel desempeñado por el 'movimiento de mujeres' sudafricano en este proceso y también si la Conferencia Mundial contra el Racismo (WCAR) como parte del sistema de las Naciones Unidas ofrece esperanzas para la mayoría de las mujeres sudafricanas en sus luchas actuales. Al realizar esta tarea, también analizará el proceso Beijing+5 de las Naciones Unidas, un proceso dedicado a la erradicación de la injusticia entre géneros. Hoy en día, no obstante los compromisos legislativos y constitucionales en el sentido de promover la igualdad racial y de género y de revertir los males del apartheid, su herencia continua a través de la pobreza a gran escala, el desempleo, los problemas sociales de violencia contra la mujer, el alcoholismo, la drogadicción, el crimen, la falta de acceso a servicios básicos tales como agua, electricidad, vivienda, etc. que experimentan la mayoría de los sudafricanos. A pesar del compromiso de 'una mejor vida para todos' (1) el gobierno dirigido por ANC no ha podido asignar los recursos necesarios para corregir las desigualdades institucionalizadas del apartheid. Y la necesidad de enmendar es primordial, ya que el apartheid fue un sistema diseñado para que la comunidad Negra careciera de los recursos necesarios en términos de vivienda, educación, bienestar, salud, etc. Este fracaso del gobierno se debe en gran parte a la adopción del marco macro económico neo liberal en la forma de la Estrategia de Crecimiento, Empleo y Redistribución (GEAR), que ha priorizado la 'promoción' de una economía dirigida a la exportación, la liberalización del comercio, el pago de la deuda, cortes en el gasto social, cortes en el gasto del sector público, la privatización de servicios básicos y paraestatales, la flexibilización y casualización del trabajo y de las relaciones laborales, entre otros. Alejándose del compromiso de enmendar, GEAR ha abierto la puerta a una lógica macro económica, diseñada para explotar aún más a las comunidades pobres, la mayoría de éstas siendo Negras y de mujeres. En este contexto, cualquier discusión acerca de raza debe considerar el papel de GEAR en el fortalecimiento estructural de las desigualdades construidas por el apartheid (2). Mientras que la constitución y la ley de Sudáfrica reflejan cambios significativos en términos de compromisos hacia la igualdad y hacia la no-discriminación, el marco macro económico en que existen impiden su realización. De esta forma la mayoría Negra pobre continua siendo explotada, no sólo como una raza identificada y separada. De hecho, GEAR y la convocación por parte del gobierno ANC para empoderar económicamente a los Negros, aceptan la lógica que es solamente una pequeña elite Negra que tendrá acceso a la riqueza de Sudáfrica. Es en la separación de las discusiones sobre la política económica del proceso mayormente consultivo de redactar la constitución y formular leyes donde se ha hecho sentir a los sudafricanos que son parte del proceso de democratización, sin haber participado en la formulación de una política macro económica que impide la realización de algunos de los principios expuestos en estos marcos legales. Por lo contrario, se ha dado prioridad a las necesidades del capital internacional, representadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en las consultas previas y en la formulación de GEAR. El 'movimiento de mujeres' sudafricano (con la excepción del Nuevo Movimiento de la Mujer, con sede en el Cabo occidental) también ha sido víctima de esta separación de asuntos y de luchas. La 'maquinaria de género' sudafricana y la Coalición Nacional de la Mujer (WNC) han guardado silencio en los debates acerca de una política macro económica para Sudáfrica. En las recientes luchas de las comunidades afrontando desalojos y cortes en el suministro de agua y electricidad, también han permanecido en silencio. En su lugar, lamentan la falta de ejecución de políticas sobre género en los distintos niveles de su propia burocracia - por ejemplo que se asignan fondos insuficientes a las entidades estatutarias tales como la Comisión sobre Igualdad de Géneros, o insuficiente infraestructura y personal para proporcionar un sistema judicial sensible a las necesidades de las sobrevivientes de violaciones o violencia doméstica, o la falta de albergues para mujeres abusadas. Aunque estas preocupaciones son importantes, deben ser consideradas en un contexto más amplio, como resultado de la ejecución de una política económica que sólo puede priorizar de palabra la ejecución de políticas de género. De hecho, todas la quejas citadas anteriormente son atribuibles a una política fiscal neo liberal que concede prioridad a los cortes del gasto en estas áreas. Las respuestas del gobierno a las quejas de la maquinaria de género y al cabildeo y a los intentos de promoción por parte de otras ONGs de mujeres, han incluido consejos para que desafíen al sector privado para que éste ayude en la ejecución de políticas de género y que inicien la organización del sector de las ONGs de tal forma que comparta habilidades y recursos y que compre y venda servicios entre sí y al gobierno en un intento por ser auto sustentable. En realidad, son consejos para que se permita al mercado determinar la naturaleza y la velocidad de los cambios en términos de género, un mercado capitalista que históricamente ha prosperado con la explotación de la mujer en el hogar, como trabajo no remunerado, y que puede demostrar cómo cambia de enfoque hacia la cuestión de género, según cambian sus necesidades en términos de su capacidad de extraer beneficios. Esta separación de asuntos y la falta de comprometerse con los efectos de la política económica en la ejecución de la política sobre genero, también se ven reflejadas en los debates internacionales dentro del marco de las Naciones Unidas. La Reunión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) sobre Beijing + 5, realizada en junio de 2000, es un ejemplo de la forma en que esta separación de asuntos trabaja para atraer el 'movimiento de la mujer' hacia procesos que dan la impresión que los gobiernos, las empresas, las instituciones financieras internacionales, ONGs, etc. tienen un compromiso con la justicia de género, sin asegurarse que las causas a la raíz de las desigualdades de género y su perpetuación sean tratadas de frente. Si miramos más de cerca el 'Documento de Resultados' - por cierto muy controvertido - del proceso Beijing + 5, se destacan algunas de las contradicciones inherentes a un proceso que niega los efectos directos de la política macro económica en el logro de una justicia de género que reconoce la raza como un determinante adicional de la explotación. El reafirmar un compromiso internacional por lograr la igualdad de géneros, tal como lo afirma la Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción (PA), el Documento de Resultados de Beijing + 5, reconoce ciertos 'obstáculos' en la plena ejecución de la PA. La 'globalización', incluyendo referencias a manifestaciones específicas de políticas económicas neo liberales (tales como la liberalización del comercio), es citada como uno de estos 'desafíos actuales que afecta la plena ejecución de la Declaración de Beijing y de la Plataforma de Acción'.(3) El documento reconoce los distintos efectos que la reestructuración macroeconómica ha tenido sobre distintos grupos de mujeres en el marco de la globalización y los limitados fondos disponibles a nivel de nación-estado para efectuar políticas que favorezcan la mayoría de las mujeres. Sin embargo continua priorizando la nación-estado como protagonista para realizar la justicia de género. En su discurso final en la sesión sobre Beijing + 5, el Presidente de la Asamblea, Theo Ben-Gurirab (Namibia), afirmó que "si los gobiernos demostrasen la voluntad política necesaria y asignasen los recursos requeridos, las metas de igualdad de género, desarrollo y paz serían una realidad muy tempranamente en el siglo veintiuno" (4). Sin embargo es ampliamente reconocido que los programas de ajuste estructural, impuestos por la arquitectura financiera internacional niegan, de forma creciente, el poder de la nación-estado, a medida que las compañías transnacionales determinan su agenda y sus gastos. La única referencia a las instituciones financieras internacionales en todo el Documento de Resultados, es una exhortación, conjuntamente con el sistema de las Naciones Unidas, "otras entidades internacionales e intergubernamentales regionales, parlamentos, la sociedad civil, incluyendo el sector privado y las ONGs, sindicatos y otros actores" para que "desarrollen programas complementarias propias para lograr la plena y efectiva ejecución de la Plataforma de Acción" (5). Al no llamar la atención sobre los efectos directamente adversos del FMI, el Banco Mundial y la OIC, en la posición de la mayoría de la población del mundo, el Documento de Resultados aboga por la incorporación del asunto de género en los marcos macroeconómicos existentes y por trabajar en conjunto con las instituciones financieras internacionales, para aumentar las iniciativas de alivio de la deuda, tales como la iniciativa de Colonia para el alivio de la deuda y la ejecución de la Iniciativa sobre Países Pobres Fuertemente Endeudados (HIPC) (6). Además preconiza la creación de "fondos de desarrollo social" para "aliviar los efectos negativos en las mujeres relacionados con los programas de ajuste estructural y la liberalización del comercio y la carga desproporcionada, llevada por las mujeres que viven en la pobreza." (7) Las acciones a tomar también incluyen "medidas para desarrollar y ejecutar programas sensibles hacia el género, dirigidos a estimular las habilidades empresariales de la mujer y la iniciativa privada y para ayudar a las empresas pertenecientes a mujeres a que participen y se beneficien del comercio internacional, la innovación tecnológica y la inversión, entre otros". (8) No hay mención de la creación de formas alternativas de vivir y de estar fuera de los marcos capitalistas actuales, tales como formas colectivas o cooperativas de organización en la sociedad. Estos son sólo algunos de los ejemplos del enfoque a la política macroeconómica que contiene el documento, destacando un no compromiso a luchar contra el neoliberalismo y que al contrario se comprometen a tratar de hacer más "llevadero" para los pobres, los efectos del neoliberalismo. Al representar la globalización como "obstáculo" y no como causa de la creciente opresión a escala global, da la falsa impresión que la igualdad para todos es posible dentro de una economía capitalista. Sin embargo, este enfoque no es explícito sino que se refleja en varios puntos del documento con relación a los distintos "obstáculos" en el camino de lograr plenamente la PA. Esto tiene el efecto de crear un falso consenso que une a las personas alrededor de fines comunes sin cuestionar los efectos de los medios propuestos sobre el mismo resultado final. Por ejemplo, la meta de educación primaria gratuita para todos puede haber sido acordada en principio por las instituciones financieras internacionales, las Naciones Unidas, las naciones-estados y las ONGs presentes en Beijing + 5. Sin embargo los mismos términos con que las naciones-estados puedan aceptar préstamos del Banco Mundial pueden exigir cortes en los gastos en educación, impidiendo el acceso a la educación para todas las niñas. En el marco del Documento de Resultados, esto es considerado como un fracaso de la nación-estado en la ejecución de la Plataforma de Acción y el Banco Mundial es exonerado de culpa. Se podría citar varios otros ejemplos. El 'movimiento de mujeres' sudafricano se ha insertado exitosamente en estos procesos separados dentro del marco de las Naciones Unidas, a través de su propia burocratización, su propia aceptación de la 'incorporación' como modelo de cambio, a través de la erosión de cualquier participación de la mujer a nivel comunitario en sus discusiones, debates y formulación de decisiones. En nombre de todas las mujeres, ha dado acceso a recursos, debates sobre políticas y empleos bien remunerados en el sector formal a unas pocas mujeres (Negras y Blancas), quienes no se han pronunciado en nombre de la mayoría. Sin embargo, sigue gozando del estado de un movimiento de resistencia, hablando en nombre de las personas más marginadas de la sociedad. Esto lo ha logrado mayormente debido al respeto ganado por la lucha durante años contra el apartheid y porque continua hablando el lenguaje de la lucha contra la pobreza y la explotación, a pesar de su descuido de los efectos de la política económica en las mujeres. También lo ha logrado por los tipos de luchas y cambios valorizados por el 'movimiento de las mujeres' global. Al enmarcar sus programas y estrategias de cambio dentro de un discurso de derechos humanos, determinado a través de la interacción con procesos de las Naciones Unidas, la regla de la ley y el cambio constitucional, el 'movimiento de mujeres' global ha encerrado internacionalmente a activistas en procesos eternos de formulación de políticas y de negociaciones. Estos corren en paralelo con los procesos de reestructuración económica, que determinan indirectamente el éxito o el fracaso en la vida real de los compromisos en el papel. Los documentos de resultados, plataformas de acción y convenciones se vuelven sin sentido en el contexto de una reestructuración capitalista que impide cualquier papel social por parte de una nación-estado salvo el de facilitar la extensión del alcance y poder del mercado. Un proyecto feminista global, que habla en nombre de todas las mujeres a través de procesos y estructuras que no modifican la relación básica de explotación en que se basa la opresión global de la mayoría de las mujeres, sólo puede diluir el poder de la lucha colectiva en contra de las distintas manifestaciones locales e inmediatas de esta relación. Además presta legitimidad a los compromisos sobre papel acerca de género e igualdad racial por parte de los gobiernos y de las instituciones internacionales, que no cuestionan el impacto negativo del capital global en las vidas de la mayoría de las mujeres y los hombres del mundo. La próxima Conferencia Mundial contra el Racismo es una oportunidad para exponer estas contradicciones dentro de los marcos jurídicos supranacionales vigentes y para que el potencial subversivo de mujeres y hombres, luchando por una mejor vida para todos fuera de los circuitos de capital y su aparato jurídico de apoyo, pueda salir al frente.
Prishani Naidoo está graduada en Literatura Comparativa. Actualmente está activa en el Foro Contra la Privatización (Anti-Privatisation Forum), en el Instituto de la Libertad de Expresión (Freedom of Expression Institute) y en el Colegio Khanya (Khanya College), todos baseados en Johannesburg. |