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En busca
de la ciudadanía global:
Con Boaventura de Souza Santos
El sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos se ha dedicado a una intensa militancia intelectual con innumerables trabajos, estudios y reflexiones acerca de la globalización y los excluídos, demostrando que la ciencia y el saber académico pueden ser compañeros de la lucha social. Participante del Foro Mundial Social de Porto Alegre, Boaventura apuesta a la creación de una sociedad civil global, en la cual "las víctimas de la globalización dominante se transformen en protagonistas de su propia liberación". Las siguientes son citas de su artículo "Tensiones de la Modernidad".
"(...) Aquello que habitualmente designamos por globalización es, en efecto, conjuntos diferenciados de relaciones sociales, que dan origen a diferentes fenómenos de globalización. En estos términos, no existe estrictamente una entidad única llamada globalización; existen globalizaciones (...) Por otro lado, en los ejes de relaciones sociales, las globalizaciones envuelven conflictos y, por eso, vencedores y vencidos. Frecuentemente, el discurso sobre globalización es la historia de los vencedores contada por ellos mismos. (...)
Propongo, entonces, la siguiente definición: la globalización es el proceso por el cual determinada condición o entidad local extiende su influencia a todo el globo y, al hacerlo, desarrolla la capacidad de designar como local otra condición social o entidad rival.
Las implicaciones más importantes de esta definición son las siguientes: en primer lugar, en presencia de las condiciones del sistema-mundo occidental no existe globalización genuina; aquello que llamamos globalización es siempre la globalización sucedida de determinado localismo. (...) La segunda implicación es que la globalización presupone la localización. En efecto, vivimos tanto en un mundo de localización como en un mundo de globalización. (...)"
"(...)Una de las transformaciones más frecuentemente asociadas a la globalización es la compresión tiempo-espacio, o sea, el proceso social por el cual los fenómenos se aceleran y se difunden por el globo. Aunque todavía aparentemente monolítico, este proceso combina situaciones y condiciones altamente diferenciadas y, por ese motivo, no puede ser analizado independientemente de las relaciones de poder que responden a diferentes formas de movilidad temporal y espacial. Por un lado, existe la clase capitalista transnacional, aquella que realmente controla la compresión tiempo-espacio, y que es capaz de transformarla a su favor. Existe, por otro lado, las clases y grupos subordinados, como los trabajadores migrantes y los refugiados, que en las dos últimas décadas han efectuado bastantes movimientos transfronteras, pero que no controlan, de modo alguno, la compresión tiempo-espacio. (...)"
"En este contexto es útil distinguir entre globalización de-arriba-para-bajo y globalización de-abajo-para-arriba, o entre globalización hegemónica y globalización contra-hegemónica. Lo que denomino localismo globalizado y globalismo localizado son globalizaciones de-arriba-para-abajo; cosmopolitismo y patrimonio común de la humanidad son globalizaciones de-abajo-para-arriba."
En una entrevista otorgada a Inmaculada López, de la redacción de "Sem Fronteras", Boaventura habló de alternativas al proceso de globalización:
En este momento de nuestra historia, ¿cómo evalúa usted la participación de la sociedad civil en la construcción de un nuevo mundo?
En primer lugar, vale la pena aclarar lo que llamamos "sociedad civil". En la tradición occidental, ese concepto ayudó a definir los espacios democráticos de acción de los ciudadanos, pero también los espacios de exclusión de aquellos que no eran considerados ciudadanos, como las mujeres, los trabajadores, los negros, los indígenas... Por lo tanto, de acuerdo con ese concepto original, mucha gente quedó fuera de la ciudadanía.
¿Y cuál es el concepto hoy?
En los años 80, emergió la propuesta "neoliberal" de desarrollo, que nos condujo al actual modelo de globalización. Tenemos que tener en mente que ese modelo apoyó mucho la idea de sociedad civil, devolviéndole competencias que estarían indebidamente en las manos del Estado. Se condenó el control estatal de empresas públicas y del sistema de previsión social, salud, educación... De esa forma, se fortaleció un concepto de sociedad civil que tiene mucho que ver con mercado y privatizaciones.
Pero, ¿no es también esa sociedad civil en la que usted cree?
Ciertamente no. Cuando nosotros hablamos de sociedad civil, estamos hablando de otra cosa. Hablamos de la unión de ciudadanos trabajando en acciones voluntarias, para conversar, discutir, crear soluciones... sin tener en cuenta el lucro. Es esa concepción de sociedad civil, basada en la solidaridad, voluntariado y reciprocidad, que nos interesa hoy. (...) estamos intentando construir una sociedad civil global de los excluídos (...)
¿Cómo se fortalecerá esta nueva sociedad civil?
Esperamos que, a través de luchas como el Foro Social Mundial (ocurrido en Porto Alegre en enero), esas personas recuperen la pretensión de ser ciudadanas. Nuestra lucha es justamente para que las víctimas de la globalización dominante se transformen en protagonistas de su propia liberación y resistencia.(...)
¿Podría explicar mejor la cuestión de la diversidad?
Vivimos en un mundo donde queremos ser simultáneamente iguales y diferentes. (...) No queremos un falso universalismo que destruya todas las diferencias y que imponga una cultura blanca, masculina y occidental como un padrón universal.
¿Qué universalismo defiende usted?
El universalismo
que queremos hoy es aquel que tenga como punto común la dignidad humana.
A partir de allí, surgen muchas diferencias que deben ser respetadas.
Tenemos el derecho de ser iguales cuando la diferencia nos inferioriza, y
el derecho de ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza.
El principio de igualdad nos obliga a políticas de redistribución de riquezas. Pero, al mismo tiempo, el principio de la diferencia nos obliga a tener políticas de reconocimiento y aceptación del otro. Es complicado, porque tiene que ser un proceso paralelo. No podemos reconocer la identidad de los indígenas y, al mismo tiempo, destruir sus tierras y riquezas naturales. Por lo tanto, la sociedad civil transnacional todavía es un gran proyecto en construcción.
¿Es posible constituirnos como un gran movimiento transnacional?
Podemos tener un movimiento abarcando los grandes embates entre Norte y Sur, ricos y pobres, pero que al mismo tiempo mantenga la flexibilidad y horizontalidad en su organización. No puede haber dogmatismos, intolerancias o aprovechamientos políticos excluyentes. No podemos olvidar que quien participa de esas movilizaciones todavía es una minoría que representa a la mayoría de la población mundial, que muchas veces aún es analfabeta, está con hambre y no tiene fuerzas para organizarse.
¿Cómo está ganando cuerpo el movimiento?
Los encuentros mundiales que están ocurriendo son muy importantes. Al contrario de lo que imaginan los mas distraídos, eventos como el Foro Social Mundial, de Porto Alegre, o las manifestaciones de Génova, no son pasajeros, hechos de un momento para otro. Las personas y entidades involucradas se mantienen en permanente contacto, especialmente por internet. Todos se articulan. Hay un gran trabajo de interacción. Hay también discusiones en las organizaciones internacionales, como la ONU. Una importante lucha de futuro, inclusive, será democratizar esas instituciones.
¿La nueva sociedad civil podrá enfrentar los cambios por sí sola o deberá articularse con el gobierno?
No tenemos condiciones de desperdiciar ningún tipo de articulación. La lucha junto al Estado es muy importante, pero hecha con independencia. En algunos países, la sociedad civil puede trabajar en conjunto, en otros, tiene que confrontarlo. Todavía más, creo que sería un gran error minimizar y negligenciar el Estado, creer que dejó de ser importante. Infelizmente, es exactamente esa trampa la que la globalización nos quiere imponer. Nosotros que estamos atentos sabemos que el Estado no está hoy más débil que antes. La única diferencia es que no está usando mas su fuerza para proteger a los ciudadanos, como sí a las empresas.(...)
¿Cuáles son los principales desafíos para la conquista de una ciudadanía plena para todos los pueblos?
Una de las principales áreas en que vamos a tener que luchar mucho para imponer una alternativa es la democracia. Luego del fin de las diferencias ideológicas, la democracia se tornó un mercado. Y con ello entró la corrupción. (...) En otras palabras, la democracia actual es de bajísima intensidad. En rigor, si consideráramos a los primeros pensadores de la democracia, no tenemos ninguna sociedad verdaderamente democrática. El propio Rousseau decía: "Una sociedad sólo es democrática cuando nadie es tan pobre para tener que venderse y nadie tan rico para poder comprar a alguien". Algo muy diferente de lo que ocurre hoy en día...
¿Algo más debe ser hecho en el área de los Derechos Humanos?
También precisamos ampliar la noción de los derechos humanos en el sentido de los derechos colectivos, como los de las mujeres e indígenas. Creo que la cuestión indígena es una de las luchas mas emancipatorias del continente americano, que nos va a convocar a pensar la autodeterminación de una nueva manera.
¿Estamos consiguiendo un avance en la movilización para la conquista de estas alternativas?
Ya pasamos el momento preliminar de movilización, que se consolidó a partir de 1999 con el movimiento de Seattle, seguido por Bangkok, Praga, Montreal, Washington, Davos, Génova... Todas esas movilizaciones fueron en países del Norte, contra reuniones de organizaciones internacionales y muy dominadas por agendas de las mismas. En ese sentido, el Foro Social Mundial, de Porto Alegre, representó un marco: fue el primero del Hemisferio Sur, en un país "en desarrollo", organizado no contra algo, sino a favor de una alternativa."
Traduzido del portugués al español por Rosario Lázaro