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Género,
Cultura y Trauma:
Mujeres mozambiqueñas y sus experiencias de guerra, desplazamientos y
sobrevivencia
Tina Sideris
Por más de una década, desde fines de los 70 hasta octubre de 1992, la guerra hizo estragos en Mozambique, resultando en lo que ha sido descrito como "uno de los genocidios más ter-ribles de la historia de Africa". Más de cuatro millones de personas fueron desplazadas durante la guerra. Estimaciones conservadoras ubican la cifra de personas que escaparon a Sudáfrica en 250.000.
Durante esta guerra, la esfera doméstica fue un espacio central del conflicto y las mujeres fueron una parte integral del campo de batalla. Este artículo está basado en investigaciones que examinaron la perspectiva de un grupo de mujeres refugiadas, que huyeron a Sudáfrica, sobre el trauma creado por la guerra, sus consecuencias sico-sociales y el desafio de hacer-le frente y sobrevivir.
Mujeres y guerra en Mozambique
Despues de ganar la independencia en 1975, el nuevo país liderado por el Frente de Libe-ración Mozambiqueño (Frelimo) fue precipitado a una guerra interna contra un grupo insur-gente de derecha llamado Movimiento de Resistencia Nacional Mozambiqueño (Renamo).Las fuerzas de seguridad de Rodesia crearon Renamo a fines de 1970 para contrarrestar el apoyo que Frelimo prestó a los movimientos de liberación de Zimbabue. El alto mando y las fuerzas militares de Renamo fueron también apoyados activamente por unidades especiales de las Fuer-zas Armadas de Sudáfrica una vez que Zimbabue obtuvo su independencia en 1980.
El objetivo de Renamo era desestabilizar el estado y destruír la economía mediante ataques a la infraestructura estatal y a las instituciones de la sociedad civil. Pero lo que lo hizo famoso fue la brutalidad que ejerció sobre la población. Actos de violencia terribles y gratuitos -mutilaciones, ejecuciones públicas, masacres y violencia sexual- sembraron el terror en la población civil.
Las mujeres fueron víctimas tanto de los ataques generales a la población como también de ataques específicamente diseñados contra ellas. La violencia sexual se transformó en un arma de terror. Las violaciones se cometieron generalmente en presencia de familiares y compa-triotas, muchos de los cuales fueron forzados a participar en la violación. Las mujeres fueron violadas en presencia de sus hijos y esposos. Los esposos fueron obligados a parti-cipar en la violación de sus esposas. Niños fueron obligados a atacar a sus madres. Un número incontable de mujeres y niñas fueron secuestradas por Renamo y mantenidas allí hasta por diez años, donde fueron usadas como esclavas sexuales y debieron parir los hijos de sus captores.
Género, Cultura y las Consecuencias Sico-Sociales de la Guerra
Las mozambiqueñas han descrito una constelación de consecuencias sico-sociales de la guerra. Además de los síntomas de stress y trastornos post-traumáticos, bien documentados a nivel clínico, las mujeres han descrito dolor subjetivo y angustia, que explican a partir de su propia cosmovisión. El trauma golpeó en el fondo de su ser. Dicen "vavisa e moya" que quiere decir "mi espíritu está dolorido" y expresa una herida a la fuerza vital.
Las consecuencias traumáticas más serias experimentadas por las refugiadas son la pérdida de pertenencia e identidad social, el "daño al espíritu" y problemas somáticos. Ellas rela-cionaron estos estados emocionales con la ruptura de las estructuras comunitarias, los lazos familiares y sociales y las normas culturales que, particularmente en sus culturas, son esenciales para el bienestar de los individuos.
Las mujeres rurales mozambiqueñas vienen de sociedades en las que el individuo es definido de acuerdo a su función social. Estos vínculos sociales le proporcionan al individuo un si-gnificado y un sentido de cohesión interna. El bienestar individual está íntegramente ligado al orden social, y a que exista un equilibrio entre el mundo de los vivos y el de sus fami-liares muertos. En esta cosmología, el orden social, el ser y el cuerpo están dialéctica-mente relacionados. El daño al espíritu va acompañado de un desorden en el cuerpo, producto de una violación deshumanizante y los problemas fisicos transmiten sufrimiento social. Los desplazamientos y rupturas en el mundo social crean conflictos en la identidad personal y causan daño al espíritu.
Las concepciones locales específicas influyeron sobre las consecuencias del trauma. Pero sí el género determina el color con que se ve la experiencia del ser, el mundo y la religión, entonces la particularidad de las consecuencias sico-sociales descritas por las mujeres deriva no sólo de su cosmología sino que esta condicionada por los encuentros de las mujeres con su ambiente socio-cultural.
En las filosofias religiosas africanas es central un orden social balanceado el que está organizado jerárquicamente. Edad, género y esfera espiritual estan entre los principios organizativos de esta jerarquía. Por ejemplo, el género define el lugar y el status de las mujeres en las relaciones sociales y estructura sus obligaciones religiosas. De este modo, las mujeres tendrán un sentido particular de "daño espiritual", malestares somáticos espe-cíficos y una experiencia particular de desplazamiento y pérdida de pertenencia social.
La identidad de las mujeres y la tierra
Muchas mujeres tipificaron la inseguridad material que experimentaron como consecuencia de la falta de acceso a la tierra y roles económicos tradicionales como uno de los peores aspectos del desplazamiento. Pero comunicaron un sentido de autovaloración, que implica mucho mas que confianza económica, cuando describieron sus lazos y su trabajo en la tierra en el Mozambique rural.
Para la mayoría de los mozambiqueños rurales la tierra es símbolo de linaje y sustento de los parentezcos. Pero fuerzas históricas le dieron a las mujeres rurales del sur de Mozam-bique una relación particular con la tierra. Durante la ocupación colonial, cuando el si-stema de mano de obra migrante se estableció fuertemente, las mujeres dedicadas a la agr-icultura de subsistencia jugaron un rol central en la reproducción de la economía doméstica. Las mujeres fueron la columna vertebral de la producción agrícola.
La producción de subsistencia - y por extensión la esfera doméstica - era un espacio en el que las mujeres desarrollaban sus capacidades, establecían cierta autonomía y se ganaban el respeto de la comunidad. Por lo tanto el desplazamiento y la pérdida de pertenencia social representaron una amenaza a la imagen positiva de ellas mismas, quiénes eran y una pérdida de identidad personal y social.
Víctimas y sobrevivientes
La guerra en Mozambique creó un trauma multidimensional. Las personas experimentaron sucesos múltiples y terribles, pero el trauma estaba compuesto por mucho más que encuentros perso-nales con la muerte, las heridas y la pérdida. Actos de violencia separados entre sí estaban básicamente relacionados con el proceso general de destrucción social y cultural. Es por eso que el trauma estaba constituido por la violación de lo individual y de lo social.
A pesar de la magnitud de la adversidad que debieron enfrentar, las mujeres no se rindieron y una combinación de vulnerabilidad y resistencia caracterizó su respuesta al trauma. Se movieron entre la experiencia de ser víctimas de severos trastornos y profundo sufrimiento, y la de ser agentes activos tratando de hacer frente al daño sico-social y a los desafíos planteados a consecuencia del trauma. Muchas mujeres hicieron esfuerzos extraordinarios para proteger a sus dependientes y recrear los lazos familiares y sociales. Bajo circunstancias socioeconómicas hostiles intentaron generar ingresos para asegurar la alimentación y el techo. Se afirmaron en su demanda por la vida e implementaron tácticas para enfrentar la situación que incluyeron: rituales tradicionales, apoyo social, re-estructuración cognitiva y la reafirmación de las relaciones familiares y comunitarias.
Las mujeres identificaron tres fuentes principales de su fuerza interior y capacidad para sobrevivir: Dios y la Iglesia, la maternidad y las relaciones sociales. Su percepción del rol maternal como fuente de poder es un claro ejemplo de como influyen experiencias parti-culares sobre los roles de género en las respuestas al trauma. Argumentaron que su rol histórico como responsables del bienestar familiar les otorgó una serie de capacidades de las cuales asirse, un sentido de integridad y responsabilidad y la fuerza para proteger a sus dependientes y reconstruir sus vidas. A pesar de que las mujeres sintieron este peso enorme, fue la responsabilidad que asumieron por los otros, según dijeron, lo que las hizo más resistentes. Para poder sobrevivir y enfrentar las consecuencias del trauma recurrieron a las capacidades que habían acumulado en sus roles de cuidadoras de la familia, de modo de enfrentar las nuevas demandas de la vida.
Conclusión
Datos resultantes de la investigación con mujeres refugiadas mozambiqueñas muestran que el género se entrecruzó con la cultura para estructurar la experiencia de violencia y las re-spuestas al trauma. Esto sugiere un enfoque para examinar la compleja relación entre trauma y sus consecuencias, que no aisle ní al trauma ní a sus víctimas de contextos socioeco-nómicos.
Comprender el contexto social de las sobrevivientes es un prerequisito para diseñar inter-venciones de salud mental. Este estudio sobre las mujeres mozambiqueñas sugiere que las intervenciones que tuvieron en cuenta las creencias sociales y culturales, y que forta-lecieron las fuentes de resistencia, promovieron la capacidad de hacer frente a la adversi-dad. Ello no quiere decir que los métodos convencionales de asistencia sicológica y tera-péutica sean superfluos ya que sanar es un fenómeno multifacético y los sobrevivientes recurrirán a una serie de recursos para poder hacerlo.
El principio de que el contexto social debe ser tenido en cuenta al intentar comprender las respuestas al trauma debe ser aplicado al trabajar con personas en todos los contextos cul-turales. Si el género es un principio rector de todas las situaciones sociales, entonces deber ser considerado seriamente cuando se trata de comprender las respuestas que las per-sonas dan a experiencias terribles.
Tina Sideris es Doctora en Sicologia de la Universidad Rand Afrikaans. Ella
ha investigado extensivamente el tema de mujeres y guerra y actualmente realiza
sicoterapia y supervision del trabajo comunitario desarrollado por la organizacion
"Rape Crisis Centres" (Centros de apoyo en situaciones de violacion)
en zonas rurales.
Traducción del inglés al español por Ana Agostino.