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Entrevista a la presidenta de la Asociación de Meretrices Profesionales del Uruguay
Por lucir cartel de decente, tus hijos se mueren de hambre
Helvecia Pérez
Mil doscientas "trabajadoras sexuales" - como ellas prefieren denominarse - están nucleadas en la Asociación de Meretrices Profesionales del Uruguay (AMEPU). En los últimos quince años, han obtenido una serie de conquistas, fundamentando "a capa y espada" que el suyo es un trabajo. La actividad es reconocida legalmente: más de veinte meretrices han obtenido su jubilación, AMEPU integra la Central Nacional de Trabajadores (PIT-CNT) y recibe aportes estatales para portadores de VIH y enfermos de SIDA. LOLA dialogó con la presidenta de AMEPU, Susana Ribeiro, sobre logros y fundamentos, pero también acerca de límites y relaciones conflictivas de esta peculiar profesión, con clientes, pareja, travestis, hijos y la sociedad.
La Asociación de Meretrices sostiene que la prostitución es un trabajo. ¿Cómo fundamentan este concepto?
Para mí es un trabajo. El término prostitución ya no lo utilizamos más. Nos llamamos trabajadoras sexuales, porque trabajamos con nuestros genitales. Sabemos las posiciones diferentes que hay de los grupos feministas y conocemos el cuestionamiento acerca de si es un trabajo o no. Nosotras consideramos que lo es, tal vez la última opción laboral que pueda tener una mujer, pero es un trabajo. A muchas mujeres les ha costado más y a otras menos llegar a ejercerlo, pero la profesional lo toma y lo ejerce como tal. En el desempeño, no hay un intercambio de sentimientos, ni nada, es un trabajo, una profesión, nada más.
¿Es una profesión que debería existir en una sociedad ideal?
Si hay demanda, ¿por qué no? Para quien le guste ejercerlo y se sienta beneficiado, ¿por qué no? Si viviéramos en una realidad económica más favorable, en una sociedad ideal, sería más lucrativo. Si el obrero ganara más y hubiera un nivel económico más alto, las mujeres cobrarían más y vivirían muchísimo mejor. Siempre existió la demanda, desde épocas prehistóricas. El hombre, sabés cómo es, muy machista y a él le gusta y esas cosas hay que explotarlas.
¿Cómo reaccionarías si una hija tuya quisiera ejercer esta profesión?
En primer lugar, yo ejercí esta profesión para que mis hijos no fueran delincuentes ni trabajadores sexuales. Si lo hicieran, no voy a dejar de ser su madre. Yo, antes de ser trabajadora sexual soy mujer y después de ser mujer soy madre, antes de ser trabajadora sexual.
Evidentemente no es una profesión que te gustaría para un hijo/a.
No, porque se recorren muchas cosas, pasás muchas más cosas que las que puede pasar una mujer en una actividad "normal y decente", como dicen las mujeres, principalmente las mujeres, que son las más discriminadoras.
¿Cómo sienten las meretrices la valoración social?
La sociedad ha cambiado bastante con respecto a las trabajadoras sexuales. Nosotras, desde el principio, hemos estado abiertas hacia la sociedad. Teníamos una guardería que atendía las 24 horas del día. Al principio, era para los hijos de las trabajadoras sexuales y luego la teníamos llena de gurises del barrio. AMEPU sigue con las trabajadoras sexuales enfermas pero también tenemos una alta población de mujeres y hombres portadores de VIH, que son de la población en general y no ejercen la profesión. Yo he estado en programas de radio y la respuesta de la sociedad ha cambiado bastante.
Ustedes reúnen a meretrices independientes, pero otras viven una relación de dependencia. ¿Cómo es esta situación?
La pregunta hacémela clara. ¿Me querés preguntar si tienen proxenetas?
Sí, ¿cómo funciona el mercado?
En el mercado laboral, mayoritariamente, las mujeres son independientes. Hoy, la trabajadora sexual es más libre; no son tan "ojos cerrados". Muchas veces, cuando se inician, vienen acá y se informan acerca de qué es lo que tienen que hacer. Nosotras las mandamos a sacar la libreta y se las informa. La mejor forma de ejercer, es la independiente. Como en toda regla, hay excepciones, pueden existir proxenetas, pero los que hay en el Uruguay, me da la impresión, son de café con leche, mantenidos. Acá no hay un mercado económico para que se puedan hacer platales. Los proxenetas reales emigraron, no están acá, están en Europa. La mujer gana su respeto en la calle y aprende a defenderse sola. La calle enseña muchas cosas. Te enseña a ser más dura, a enfrentar un montón de situaciones que tal vez una mujer en otra actividad no las sepa enfrentar. Pero la que está en la calle todos los días sabe hacerlo. Aprende también a criar a sus hijos sola ...
¿Cómo es la relación con la pareja, en los casos en que la tengan?
La relación es normal porque, muchas veces, el hombre trabaja en una fábrica y la mujer ejerce esta profesión. Es una entrada económica más en el hogar y la relación es normal. No se puede comparar la relación de pareja con la del cliente. La mujer no es frígida, la mujer siente, lo mismo que cualquiera. Sólo que sus sentires y sus placeres se los da a la persona que realmente quiere. Es más fácil que la trabajadora sexual rompa una relación que no le interese tener, cuando no hay más sentimientos ni más nada, que una mujer de nuestra sociedad que no sea trabajadora sexual. Muchas veces, la mujer que ejerce una vida "normal" aguanta situaciones de violencia de un hombre, por el sueldo que le pueda traer. Esas cosas no se ve obligada a aguantar la trabajadora sexual, porque ella se mantiene sola.
El "fiolo", ese hombre que explota a una o más mujeres, ¿es un mito colectivo? ¿Es excepcional en Uruguay?
Hay algunas situaciones. Yo no las tengo identificadas. No te puedo decir "los fiolos paran en tal zona", no puedo porque no sé dónde están. La organización no trata con ellos. Sí, se ampara a la mujer que viene a AMEPU, si se peleó con el marido o se le escapó, acá hay un lugar y el hombre acá no puede entrar, no puede venir a hacer escándalo porque este lugar tiene personería jurídica, es un sitio de defensa, de refugio. Tampoco vamos a obligar a la mujer a mandarlo preso, o denunciarlo. Esa es una opción de ella.
¿Cuáles son las formas en que la mujer ingresa a ejercer la prostitución?
Generalmente, por falta de trabajo, carencias económicas. Se deciden a ejercer el trabajo sexual como última medida. ¿Vos sos periodista? Si en este periódico te pagan mil pesos y sabés que allá hay una actividad en la que vas a ganar un poco más y tenés cuatro o cinco chicos a tu cargo y con mil pesos sabés que no les vas a dar de comer. La opción es de la mujer. En definitiva, entre pagar la decencia, el cartel de decente y dejar morir a tus hijos de hambre o mandarlos a vender estampitas... Los niños que andan pidiendo en la calle no son hijos de trabajadores sexuales, generalmente no.
¿Qué ocurre con la prostitución infantil?
AMEPU está en contra, porque hablamos de ejercerlo libremente, una opción propia de la mujer, cuando es mayor de edad. Un niño, un menor, no tiene esa libertad. Detrás de esa niña o ese niño hay un responsable. Yo no encerraría al niño, encerraría a los padres.
¿Cómo vive la meretriz el ocultamiento de sus sentimientos, el propio sufrimiento?
Los valores personales van quedando en el camino. Todas venimos de una sociedad machista, donde el hombre predomina en el hogar, las nenas somos educadas para cuidar al hombre, el hogar y los hijos. Después, tenemos que salir a la lucha porque somos nosotras las jefas de hogar, porque él te dejó tirada con dos o tres gurises a cargo y vos te tenés que arreglar. La mujer empieza a endurecerse; se crea una máscara. Lleva una doble vida, la doble vida que le marca la sociedad. Yo ejerzo el trabajo sexual y lo digo en todos lados, pero no todas las mujeres lo hacen. Muchas veces, en sus casas no saben que ejerce la profesión y a los chiquitos les dicen: "voy a cuidar a unos viejos, voy a cuidar enfermos". No pueden decirlo, la sociedad las condena, a ellas y a sus hijos que van a la escuela. Se oculta el sufrimiento pero ¿por qué ocurre?, evidentemente porque la sociedad las señala. Vivimos en una sociedad que margina, estigmatiza a la gente, nos pasa a las trabajadoras sexuales, a los travestis y a los portadores de VIH. Si cada uno se ocupara de lo que hace ... Aquí hay señoras de su casa que le meten cuernos a su marido y ¿quién las estigmatiza? Ellas lo hacen gratis, por nada, no lo hacen porque tienen que llevar el sustento a su hogar, lo hacen porque les gusta. Y ¿quién las señala?
¿Cómo vive el placer la trabajadora sexual?
Lo siente cuándo y cómo quiere. Es más libre que otras mujeres en eso. Si mañana un cliente hace bien el amor con ella y ella desea hacerlo, lo hace. Y si tiene una pareja, donde no está el dinero de por medio, lo hace. La trabajadora sexual es más libre de hacerlo con quien quiera, es más independiente.
¿Dónde están los límites de la profesión?
Los límites los pone la mujer y eso es diferente en cada una. Vos hacés con el cliente lo que contrató y aceptás lo que quieras, no hay que hacer nada obligada.
Últimamente se habla de un desplazamiento o competencia entre las meretrices y los travestis ...
No hay competencia. Lo que ha aumentado son las debilidades sexuales de los hombres. Muchas veces, salen con travestis, pero no creas que van a funcionar como hombres, sino que "reciben" de los travestis. El sexo en los clientes ha cambiado. Ahora hay mucha más pornografía, los hombres necesitan ese tipo de cosas, quieren probar. Prueban tanto ...
¿Cómo son los clientes de hoy? ¿Tienen una demanda muy sofisticada?
No piden mucho porque, la verdad, tienen muy poco para pagar. A veces, lo que piden es un travesti, directamente.
¿Cómo es la relación con el dinero? ¿Hasta dónde la meretriz accede por más dinero a más cosas?
Eso no tiene un límite. Depende del acuerdo al que lleguen entre la mujer y el cliente.
¿Quién pone las condiciones?
Las condiciones las pone la mujer. Ella pone el precio y llega, por la plata que le puede sacar al tipo, hasta donde él pague. No le regala nada. El hombre tampoco le da nada, está contratando el servicio. Te pide rebaja y juega, especula con tu necesidad. La trabajadora sexual maneja mejor su sexualidad que otra mujer, y la tiene con quien quiere. La mujer común y corriente, muchas veces, tiene relaciones sexuales con su esposo y no quiere más y se abre de piernas y está ahí. Lo tiene que hacer obligada porque es el mandato matrimonial. La trabajadora sexual lo hace si quiere y si no quiere no lo hace, no está obligada. El hombre es un animal al que le gusta cambiar, le gusta variar, por más que esté enamorado de su mujer, le gusta lo otro también. Su mentalidad machista lo lleva a tener "la buena" en su casa y a la otra para sus placeres. En su mentalidad, los placeres que se da con la trabajadora sexual están bien, para su esposa, tal vez no. Que sigan teniendo esa mentalidad, porque a nosotras nos crece la demanda.
Helvecia Pérez es uruguaya, socióloga y periodista
free-lance.
Una historia de conquistas
La Asociación de Meretrices Profesionales del Uruguay -AMEPU- comenzó a trabajar hace quince años; se conformó legalmente como organización en 1986 y tiene hoy un total de mil doscientas asociadas. El respeto de los derechos de todos los trabajadores sexuales fue el emblema de lucha desde los inicios, cuando se reunían en la casa de una u otra integrante y era frecuente que las llevaran presas, por ejercer la prostitución en la calle.
En 1996, ingresaron a la Central Nacional de Trabajadores (PIT-CNT), poco después de que el directorio del Banco de Previsión Social las reconociera como empresas unipersonales. Hoy, más de veinte meretrices uruguayas reciben su jubilación; la profesión es reconocida a nivel público y es frecuente ver a las dirigentes de AMEPU defendiendo sus derechos en los diarios, o en la pantalla de televisión.
Desde 1991, AMEPU colaboró para la elaboración de un proyecto de ley que establece condiciones legales y zonas libres de trabajo; declara al trabajo sexual como una actividad lícita y estipula que se entregue el certificado de buena conducta, documento indispensable para ejercer la profesión. La propuesta marca obligaciones como aportes al Banco de Previsión Social (BPS) y controles médicos; prevé una reglamentación vinculada a la vestimenta, en determinados horarios. Incluye a travestis, taxiboys y a todas aquellas personas que ejercen el trabajo sexual. En este momento es analizado por la comisión parlamentaria de Derechos Humanos.
Tienen un servicio de consejería permanente para la contención psicoemocional de portadores/as de VIH-SIDA, que ejerzan la profesión o no y realiza derivaciones, según las necesidades que presenten: obtención de pase libre para el transporte, canasta de alimentos y tramitación de documentos varios. Las portadoras de VIH-SIDA de AMEPU son pocas. Dentro de las estadísticas del Programa Nacional de Sida, las trabajadoras sexuales afectadas de VIH alcanzan a un 4,6 por ciento y hace años que mantienen la misma proporción.