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¿Quo
vadis, Israel?
La nueva intifada de los palestinos
Felicia Langer
El bloqueo de los territorios ocupados y sus consecuencias
A lo largo de los años de ocupación previos al acuerdo de Oslo presencié todas las formas imaginables de violaciones a los derechos humanos de la población palestina: torturas, deportaciones, penas colectivas, largos toques de queda, detención administrativa sin juicio, expropiaciones, la construcción de asentamientos en tierras robadas a sus dueños palestinos, homicidios premeditados, malos tratos, humillaciones. Quienes sufrieron estas agresiones tienen nombre y apellido, tienen cara, y todos ellos vivirán para siempre en mis libros y mi memoria.
Estaba convencida que se habían utilizado ya todas las formas de represión posibles. Me equivoqué. Las medidas tomadas en el marco del intento de sofocar esta nueva intifada fueron una muestra de nuestro gran ingenio: impusimos el estado de sitio a más de un millón de personas, hemos creado una enorme prisión común, que se subdivide en varias cárceles pequeñas, y seguimos haciéndolo porque el mundo mantiene el silencio sobre esto.
En enero del 2001 B'Tselem publicó un informe titulado "Sitio a la población civil". En él leemos:
"Desde que se inició el último levantamiento, el 29 de setiembre del 2000, Israel ha puesto en práctica una serie de restricciones de carácter general contra la libertad de movimiento de la población palestina en la Ribera Occidental y la franja de Gaza. Estas restricciones constituyen violaciones extremas de la libertad de trabajo y del derecho de ganarse la vida; violan el derecho a una atención médica adecuada y el derecho a la educación y atentan contra la familia. Las restricciones israelíes a la libertad de movimiento interfieren en todos los aspectos de la vida cotidiana de millones de personas. A esta política se deben, sobre todo, los altos niveles de pobreza y la desesperación reinante en los territorios ocupados, una política que ha vuelto insoportable la vida de la población. El modo y la hora en que se introducen las restricciones israelíes a la libertad de movimiento contradicen la afirmación de que las mismas estarían dictadas exclusivamente por consideraciones de seguridad: los bloqueos, toques de queda y declaraciones de estado de sitio impuestos por Israel afectan siempre a más de un millón de personas y no se dirigen contra individuos específicos que podrían constituir una amenaza para la seguridad. En repetidas ocasiones Israel ha aplicado restricciones 'en respuesta' a ataques palestinos contra civiles o soldados israelíes, sin que existiera una relación entre el tipo de restricciones impuestas y su eficacia para prevenir ataques parecidos en el futuro. La posterior decisión de flexibilizar las restricciones se suele interpretar como un 'gesto' en el contexto de los acontecimientos políticos, aunque muchas veces no existe relación alguna con la amenaza a la seguridad que supuestamente justificaba dichas restricciones."
El 13 de marzo del 2000, el Dr. Mustafa Bargouti informó que la Ribera Occidental se había dividido en 60 secciones aisladas entre sí. A lo largo de los 34 años de ocupación la situación económica nunca ha sido peor. En la actualidad los palestinos no sólo no pueden ingresar a Israel, sino que se bloquearon también las comunicaciones entre las ciudades y los pueblos. Y la pobreza crece.
"Será en el plano social donde el empobrecimiento alcanzará una nueva calidad", opina Joseph Saba, director del Banco Mundial para los territorios palestinos. "Es tan sólo una cuestión de tiempo para que el analfabetismo aumente, especialmente entre las mujeres, dado que ya no se envían las niñas al colegio para que ayuden en la casa." (Diario tageszeitung, 13 de febrero del 2001)
Y en la edición del 27 de marzo de 2001 del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, Jörg Bremer informa sobre las pérdidas en la franja de Gaza:
"Muchos árabes de la franja de Gaza no sólo perdieron sus plantaciones de limón y palmas datileras sobre la frontera. No sólo cayeron los viejos eucaliptos. No sólo se aplanó el terreno en los costados de la ruta y cerca de los cruces de carretera más importantes para crear un campo de tiros sin obstáculos para la 'seguridad de los colonos'. Una mañana el empresario Bajan Samna de Deir el-Balah llegó a su fábrica de chapas de metal, pero ésta había sido desarmada durante la noche. Dos galpones con un total de 3.000 metros cuadrados, dos laminadores y 300 toneladas de acero en rollos ya no estaban. Cuenta Bajan Samna que perdió un millón de marcos [aprox. 450 mil dólares - nota del traductor], de los cuales el cincuenta por ciento correspondia a un préstamo."
Todo esto demestra que Israel lleva adelante una implacable guerra económica contra una población civil que ya ha sufrido la ocupación y expropiación israelí por décadas. De vez en cuando se nos informa que Israel flexibiliza los bloqueos, pero los palestinos del lugar aclaran que se trata solamente de "retoques cosméticos", sin que se produzcan cambios verdaderos. Como ya dijimos, los bloqueos pueden llegar a ser mortales. Así fue en el caso de Ella de diez años, oriunda de El Sawiya, cerca de Nablus. Su caso es solamente uno más entre una docena de características similares. La niña tenía dolores de barriga y su padre intentó, sin éxito, llevarla a Nablus. Gideon Levy describió el último viaje de Ella en la edición del 7 de enero de 2001 del diario Ha'aretz:
"Sucedió durante los primeros días del sitio, cuando todavía no estaban tan duros como hoy: en aquel entonces todavía existián las barreras de control con soldados en las rutas, a quienes se les podía pedir que dejasen pasar a la niña enferma. Según las declaraciones del padre, los militares los detuvieron y los obligaron a volver, a pesar de sus súplicas. Hay que recordar que solamente querían llegar hasta Nablus, no a Israel. Lo intentaron de nuevo por una ruta diferente, donde soldados los pararon otra vez. Tuvieron que volver a casa. Un médico de una aldea cercana dispuso la internación urgente de Ella en un hospital. A la mañana siguiente lo volvieron a intentar, y una vez más los militares les prohibieron seguir. Algunas horas más tarde Ella murió. El Dr Riad el-Halu estableció como causa de muerte una apendicitis perforada."
Los soldados solamente cumplieron las órdenes de sus superiores. Esto me lleva a recordar sucesos de nuestra historia. Pero aunque dijeramos que es mejor no comparar, esto ya no puede ayudar a Ella. La historia de Amina Balout, de la región de Ramallah, tiene un final feliz porque nadie muere. Quizás algún día alguien se sienta inspirado para llevarla al cine ya que esta historia está llena de acción y es además muy aleccionadora, porque muestra cómo los seres humanos pueden olvidar su humanidad. Doy la palabra a Amina:
"Mi nombre es Amina Balout. Vivo en el pueblo de Rantis, al norte de Bir Zeit.
Un día hace dos semanas comenzaron las contracciones. Como sabía que nos llevaría mucho tiempo llegar al hospital de Ramallah, se lo dije a mi marido en seguida. Normalmente se trata de un viaje de unos 40 minutos. Pero no estamos viviendo en tiempos normales. Hace aproximadamente tres meses instalaron una serie de barreras de control sobre la ruta entre Rantis y Bir Zeit. Ahora el único acceso a la aldea está completamente cerrado y la otra forma de salir es por un camino vecinal lleno de barro en esta época del año.
Mi marido, mi madre y mi hermana me acompañaron en el taxi. Al poco tiempo
llegaron un jeep militar israelí y otro del servicio secreto, pararon
el taxi y no nos quisieron dejar seguir. Nos peleamos con ellos e insistimos
en que nos dejasen pasar.
Media hora más tarde las contracciones se habían hecho tan fuertes que era completamente imposible volver a Rantis. Finalmente los soldados nos dejaron pasar. Seguimos sobre la ruta hasta llegar al próximo puesto de control, cerca del asentamiento judío de Halamish. Los soldados apuntaron sus armas contra el taxi y nos ordenaron parar. Mi marido y el chofer se bajaron del coche. Mientras discutían otros 30 minutos con los soldados, las contracciones fueron cada vez más fuertes. Gritaba de dolor.
Cuando finalmente nos dejaron pasar no llegamos muy lejos, ya que en la entrada a la aldea de Um Safa nos encontramos con un gran embotellamiento de vehículos. El taxista pasó toda la fila de coches hasta llegar a un jeep militar. Los soldados apuntaron sus armas al coche y nos ordenaron bajar. Les gritamos que había una mujer a punto de dar a luz, pero el soldado nos contestó que para poder dejarnos pasar tenía que buscar el permiso de su superior.
Mientras se alejaba, sentí cómo el bebé comenzó a nacer. Grité: '¡Nace el bebé, nace el bebé!': Y antes de que volviera el soldado di a luz en el taxi. Mi madre y mi hermana lo abrigaron con una manta y me lo dieron, para que lo pudiera calentar sobre mi cuerpo.
Por fin llegó un oficial quien nos dejó pasar, cuando vio al bebé.
Uno de los soldados pasó al otro lado del taxi y abrió la puerta. Cuando me vio, empezó a reírse. Nos ordenaron bajar del coche. Mi madre se puso furiosa y cerró la puerta con un portazo. Intentaron abrirla de nuevo, pero mi madre gritaba e insistía en que nos dejaran pasar. No había caso, teníamos que bajar todos del taxi. ¿Qué podíamos hacer? Teníamos que bajar.
Tenía mi bebé en los brazos, todavía nos unía el cordón umbilical. Después me desmayé y me caí al suelo, ya no tenía fuerzas.
Más tarde mi marido me contó que los soldados se habían quedado parados y habían empezado a reírse de nuevo. Finalmente llegó otro soldado; les gritó que dejaran de reírse y nos permitió seguir. Nadie se dio cuenta que había perdido una zapatilla. Quedó en el suelo delante de la barrera de control.
Llegamos al hospital de Ramallah alrededor de las 8.30 horas. Habíamos salido de Rantis aproximadamente a las 5. Al bebé lo llamamos Sabreen, un nombre derivado de la palabra 'paciencia'."
La familia de Sabreen vive en Rantis. El 23 de marzo del 2001 varios centenares de activistas pacifistas de todas partes de Israel se congregaron cerca de las zanjas y muros puestos por los israelíes para bloquear la única ruta de acceso a esta aldea palestina, con el fin de llevar a cabo una acción de protesta. "Comenzaron a destruir la valla con palas y picos y a llenar la zanja con piedras y tierra para acabar el bloqueo contra esta aldea de 3.000 habitantes. Esta acción, la primera de su tipo, fue iniciada por cuatro movimientos por la paz - el bloque pacifista Gush Shalom, los Rabinos por los Derechos Humanos, la Coalición de Movimientos de Mujeres por la Paz y el Comité contra las Demoliciones. Catorce grupos pacifistas de las más diversas orientaciones habían llamado a la acción. Participaron también activistas del Christliches Friedensteam (Grupo Cristiano por la Paz) estacionados en Hebrón, entre ellos norteamericanos y alemanes."
Policías y oficiales del cuerpo de protección de fronteras incautaron las palas y otras herramientas, pero los activistas siguieron con las manos. Abrieron el camino a Rantis, aunque por poco tiempo. Esa misma tarde los bulldozer de las fuerzas armadas rompieron la calle de nuevo, reabrieron las dos zanjas e instalaron las vallas otra vez. Los activistas por la paz prometieron volver, no solamente a Rantis, porque "se debe poner fin a los bloqueos y ghettos inhumanos".
Solos no lo lograrán, no son muchos. Por esta razón todos estamos llamados a apoyarlos, en el lugar que sea.
Felicia Langer versión abreviada del capítulo "Die
Blockade der besetzten Gebiete und ihre Folgen" (El bloqueo de los territorios
ocupados y sus consecuencias) del libro "Quo vadis Israel. Die neue Intifada
der Palästinenser" (Quo vadis, Israel. La nueva intifada de los palestinos).
© Copyright Editorial Lamuv Verlag GmbH, Göttingen 2001. Todos los
derechos reservados.
Bibliografía:
With My Own Eyes (1975), Those Are My Brothers, Where Hate Knows No Boundaries,
Bridge of Dreams, The Epoch of Stones y Rage and Hope, 'Lasst uns wie Menschen
leben.' Schein und Wirklichkeit in Palästina ('Dejennos VIVIR como seres
humanos'. Imagen y realidad en Palestina) (1999), Miecius später Bericht.
Eine Jugend zwischen Getto und Theresienstadt (El informe tardío de Miecius.
Una juventud entre el ghetto y Terezin) (1999).