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Una experiencia límite
Hydra
Hydra es una asociación registrada que desde hace veinte
años brinda asesoramiento a prostitutas en Berlín, Alemania.
Como "lugar de encuentro" han recogido, en su larga experiencia, los claroscuros
del ejercicio de esta profesión. En esta oportunidad decidieron abordar
las facetas más positivas de la controvertida
ocupación.
Debe haber pocas ocupaciones tan abiertas a cualquier mujer interesada. Para encontrar trabajo como prostituta no hay que presentar calificaciones ni pasar por largas entrevistas de selección o trámites burocráticos. Alcanza con que la interesada compre un diario y revise las páginas especializadas, para después llamar e ir por el lugar, donde la ponen al tanto de los turnos, precios y descuentos. Casi siempre sale con un nuevo trabajo. Pasados los primeros tres días, a lo mejor ya no le gusta tanto ese lugar de trabajo, entonces sale a buscar otro. Todo esto es muy sencillo.
Dinero caliente
El dinero cobrado va directamente al bolsillo, a diferencia de un sueldo mensual. Supongamos que una mujer llega a su lugar de trabajo con cinco marcos en el bolsillo; es perfectamente posible, que al final de la jornada vuelva con doscientos, trescientos y hasta quinientos marcos. Después de ganarse los primeros cien marcos, ya no cuesta tanto pedir un plato de comida más caro. Y si gana aún más, puede comprarse algo lindo después del trabajo. El dinero levanta el ánimo y al mismo tiempo aumenta la disposición a hacer algo a cambio. El dinero es capaz de despertar sensaciones de felicidad que se pueden aprovechar en el campo sexual, o como se suele decir en el ramo: el dinero calienta.
A las prostitutas se les paga, porque son deseadas. En una sociedad consumista, el hecho de ser deseadas es visto como algo que vale la pena. Se trata de un oficio que afirma a las mujeres en su capacidad de hacer felices a los hombres, de satisfacerlos, lo cual levanta la autoestima de la mujer.
El orgasmo para el final
Quien expone su cuerpo como parte de su oficio tiene razones más que suficientes para cuidarlo intensamente. Vale para las modelos y bailarinas, pero también para las prostitutas. Estas mujeres cuidan su dieta, tratan su piel con aceites y cremas, van a la peluquería y a la cosmetóloga, concurren al gimnasio y al solario. Quien invierte mucho en su cuerpo se enorgullece de él y se muestra con ganas. Todo el mundo percibe estas ondas positivas.
Pero las prostitutas no sólo cuidan su cuerpo; también lo conocen mejor, ya que deben aprender a economizar su energía sexual. Si una prostituta quiere tener un orgasmo es recomendable que sea con el último cliente, lo cual no implica dejar de disfrutar antes también. Existe al respecto una cierta coincidencia con las reglas tántricas para alcanzar una sexualidad plena: el tantra recomienda postergar el orgasmo al máximo. Además, el hecho de poder vivir su placer en el prostíbulo libera a la mujer de la búsqueda en la discoteca para encontrar alguien para una noche.
El discreto encanto del anonimato
Al prostituirse, la mujer se convierte en objeto sexual. El cliente la hace partícipe de sus deseos y fantasías sexuales, esperando que ella los realice con él. Estos deseos y fantasías pueden coincidir con aquellos de la puta, permitiéndole vivir su feminidad y avidez plenamente, bajo el manto del anonimato. No tendrá que avergonzarse, ya que no es ella quien manifiesta esos deseos. Al mismo tiempo, el hombre tampoco tendrá que sentir vergüenza, mientras goza del anonimato del prostíbulo. Sobre esta base, dos personas no atadas por los límites de la moral y las buenas costumbres se encuentran para establecer una comunicación sincera de una calidad diferente, la cual puede servir como base para tener buen sexo.
Siempre la aventura
Por sus características intrínsecas, la prostitución como ocupación ofrece mayores niveles de aventura que otras profesiones. Hay mucho sexo con hombres extraños. Contínuamente se plantea la pregunta: ¿Qué hombre me elegirá, qué querrá, cómo será? Cuando una prostituta va al trabajo no sabe, si los clientes serán agradables o difíciles, o a lo mejor buen mozos, si se mostrarán generosos, y si el sexo será bueno y excitante. Quizás una peluquera deba enfrentar preguntas parecidas, ya que no sabe, si trabajará para clientes agradables, ni cuántos clientes tendrá que atender a lo largo de la jornada. Sin embargo, estas preguntas no son tan excitantes, ya que la actividad de cortar el pelo no tiene un impacto sicológico tan directo en la persona como los servicios sexuales. La aventura de la prostitución se puede comparar con la aventura de hacer dedo: en este caso tampoco se sabe con quién se va a encontrar, si el encuentro será rápido, agradable o no; dado el espacio tan reducido de un auto, la situación puede alcanzar la misma intensidad que el encuentro en el prostíbulo.
De noche y de día
La ocupación de la prostitución significa no estar sola. La mujer estará siempre en contacto con otras personas: las mujeres, con quienes comparte el trabajo y los hombres, con quienes gana el dinero. Es una ocupación que requiere sensibilidad y permite adquirir conocimientos de la naturaleza humana con una intensidad difícilmente comparable con otras profesiones. Está relacionada con la mayor honestidad de los hombres protegidos por el anonimato, con quienes las mujeres se encuentran en el prostíbulo, pero también con la intimidad que acompaña cualquier actividad sexual, independiente del tiempo que se conozcan.
La prostitución se puede ejercer de día, entre las 10 y las 18 horas, pero por supuesto también de noche. Quien trabaja durante la noche, disfruta el aire de la vida nocturna y suele estar en contacto con bebidas alcohólicas. Aunque esta droga tenga una serie de propiedades negativas, también ayuda a una percepción distentida. Los hombres bien vestidos y una leve chispa crean una atmósfera parecida a la de una discoteca: en ambas situaciones se trata de flirtear, ser admirada, ver y ser vista.
Del masaje a la lluvia dorada
La prostitución permite aprender mucho en torno a la sexualidad. En la práctica, no a nivel teórico. Con el tiempo, una mujer ocupada en la prostitución tendrá una noción más clara de los deseos de los hombres que aquella cuyas relaciones sexuales se limitan al ámbito privado. En el prostíbulo los hombres manifiestan sus deseos con mayor libertad, ya que la otra persona no conoce su identidad y dirección. De esta manera, se sienten menos inhibidos a expresar su erotismo verbal, intentar técnicas sexuales y de masaje exóticas y hasta probar una lluvia dorada.
En este artículo optamos conscientemente por ocuparnos solamente de las facetas positivas de la prostitución, sin mencionar el lado oscuro de la ocupación. No habrá que olvidar, que la actividad de la prostitución es una experiencia límite. En otras palabras, solamente aquellas que conocen sus límites y los respetan, podrán experimentar sus aspectos positivos. No todas las prostitutas tienen esta capacidad y se enteran rápidamente del lado oscuro de su oficio. Por esta razón, Hydra ofrece un asesoramiento inicial, que apunta a alertarlas sobre los peligros y explicarles todos los riesgos.
Hydra asociación registrada (Hydra e.V.) funciona como lugar
de encuentro y centro de asesoramiento a prostitutas en Berlín, Alemania.
Hace veinte años la asociación promueve la equiparación
jurídica de la prostitución con otros empleos.
http://www.lustgarten.de/hydra/
Traducido del alemán al castellano por Dieter Schonebohm