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Mujeres creando a otras mujeres. La trayectoria histórica de la circuncisión femenina en Africa
Natasha M. Gordon
Circuncisión
femenina (1)... FGM... violación de los derechos humanos... abuso de
niños... una tradición africana.
En todas esas etiquetas se pueden encontrar aspectos verdaderos y otros no tanto.
Pero ¿cómo distinguir la delgada línea que separa estas
realidades, para poder comprender más claramente un fenómeno mundial
con 2500 años de antigüedad? ¿Cómo interpretar ese
complejo sistema de poder entre mujeres - la mujer que realiza el procedimiento
y la circuncidada, para poder comprender el razonamiento mediante el cual algunas
mujeres siguen lacerando los cuerpos de otras mujeres y niñas?
Una respuesta inmediata sería echarle la culpa a un poder mayor, omnipotente y patriarcal que desea mantener y manipular la sexualidad femenina. Sin embargo, espero profundizar la discusión sobre el tema introduciendo el concepto de 'mujeres que crean otras mujeres' alterando su ser físico y sexual mediante la circuncisión (la extirpación de una parte o la totalidad de los órganos genitales femeninos). La realidad es que para muchas mujeres la circuncisión es una forma de identificación de género, que se vuelve evidente al observar las estructuras socioculturales que mantienen viva esa práctica.
La circuncisión femenina se practica en 26 países africanos, Malaysia, Indonesia, el sur de la Península Arábiga, Pakistán, Rusia, Perú, Brasil, el este de México, Australia, Francia, el Reino Unido, Suecia, Alemania y los Estados Unidos de América (2). En este artículo me referiré a su práctica en Africa. Hay tres tipos de extirpación genital, a saber:
* Circuncisión
- el corte del prepucio o del capuchón del clítoris. Esta es la
forma menos agresiva y la menos practicada en las mujeres;
* Escisión - el corte del clítoris y la totalidad o una parte
de los labios menores; y
* Infibulación o circuncisión faraónica - la forma más
practicada, que consiste en el corte del clítoris y de los labios menores
y mayores. Posteriormente los bordes de la vulva en carne viva son unidos o
cosidos con seda o suturas catgut, o se mantienen unidos con espinas de árbol
de acacia. Se cierra todo el área, dejando un pasaje estrecho para la
orina y el flujo menstrual. Entonces se atan las piernas de la niña y
se la deja inmovilizada durante un período entre quince hasta cuarenta
días mientras cicatriza la herida (3).
En la mayoría de los casos la operación la realiza una partera, aunque en el norte de Zaire el cirujano tradicional es un jefe religioso. Con mucha frecuencia las mujeres ancianas son las guardianas de la operación y el trabajo se realiza por línea femenina. Fran Hosken, que ha realizado la investigación de campo más extensa sobre circuncisión femenina en Africa, estima que casi 126 millones de mujeres han pasado por alguna de las formas de circuncisión solamente en Africa. Se calcula que en 1996 seis millones de niñas fueron circuncidadas (4).
Todavía se discute el origen de esta práctica. Marie Assad propone un origen faraónico, pero la evidencia solo confirma que la circuncisión era parte de la preparación funeraria postmortem de las momias (5). Practicada por judíos, musulmanes, cristianos, ateos y animistas por igual, Alison Slack deja en claro que ninguna religión prescribe la operación. Muy probablemente, la circuncisión femenina surge como rito secundario de la circuncisión masculina.
Existen numerosas razones tradicionales para esta práctica. Entre los somalíes, como entre los Hofrayti en Sudán, el niño se considera un ser andrógino y la circuncisión es un vehículo mediante el cual la comunidad crea personas con género. El clítoris se transforma en el significante de la afirmación definitiva de la sexualidad, representa la 'masculinidad'; entonces para obtener femineidad, es necesario extirparlo. Otra justificación para la continuación de esta práctica es que el clítoris se considera sucio, haciendo que la niña o la mujer sean seres sucios hasta el momento de la escisión. Awa Thiam destaca notar que los Bambara "extirpan el clítoris con la excusa de que su punta puede lastimar al hombre y hasta causarle la muerte. Los Nandi observaron que las niñas a las que no se les haya extirpado ese órgano dañino, se consumen y mueren en la pubertad"(6). Muchas mujeres creen que los hombres básicamente obtendrán más placer sexual a través de circuncisiones apretadas. Sin embargo, el 90% de las mujeres con infibulación no experimentan ningún tipo de placer sexual durante las relaciones, según las estadísticas de Efua Dorkenoo (7).
Aunque no existen documentos religiosos que prescriban la circuncisión femenina, el Islam es la religión que adopta la práctica con más fuerza, porque "la virginidad todavía se considera la posesión más valiosa de la mujer soltera"(8). En el fondo la circuncisión femenina en el Islam mantiene la castidad y la virginidad para preservar los derechos por línea paterna, "de esta manera las cirugías genitales pueden servir como medio de proteger la pureza del linaje"(9). En el Islam, los derechos por línea paterna están establecidos en el Corán. Si una madre se divorcia, los niños pertenecen al padre después del período de lactancia. Entonces, el hombre se asegura de que sus hijos serán realmente suyos casándose con una virgen infibulada.
Las parteras mantienen una relación con las mujeres circuncidadas durante el resto de sus vidas. Están presentes no solo en la circuncisión sino también en la noche de bodas y son incontables los casos en que las parteras son llamadas secretamente a la cámara nupcial (para no disminuir el sentimiento de virilidad del hombre), para desinfibular o cortar a la joven novia para permitir la penetración. Alison Slacks destaca "que la consumación de un matrimonio puede durar varias semanas... sin excepción, las mujeres experimentan grandes dolores durante el proceso de penetración gradual que puede durar hasta dos o tres meses. El orificio es apenas lo suficientemente grande para permitir la penetración, que debe tener lugar frecuentemente durante los primeros días y semanas del matrimonio para evitar que la herida abierta se cierre"(10).
Al considerar los riesgos de salud causados por la circuncisión femenina, Slack explica que el período promedio que una virgen con circuncisión faraónica necesita para orinar es entre 10 y 15 minutos (11). El riesgo más inmediato es la muerte. No hay estadísticas actuales que indiquen cuantas niñas se desangran hasta morir por circuncisiones mal realizadas, porque muchos padres eligen dejar morir a sus hijas, antes que enfrentar la humillación pública en los hospitales o clínicas. Rose Oldfield afirma que algunas familias sudanesas razonan que una circuncisión fallida es una indicación de que su hija no era virgen o que no contaba con la aprobación de los espíritus, y así la muerte se vuelve una solución lógica (12).
Para conceptualizar en forma completa la práctica de la circuncisón femenina, se debe considerar el contexto sociocultural donde esta práctica se realiza. La cicatrización de la circuncisión y en especial la infibulación, constituye un mapa/dibujo inmediato y real en el cuerpo de la mujer, que asegura su compromiso con las responsabilidades (definidas de varias maneras a través de su sexo) y se manifiesta en sus relaciones socioculturales una vez que entra en la edad adulta. Hay un nuevo registro del cuerpo al ser circuncidado, como un nuevo nacimiento a nivel cultural. La carne se manifesta en un símbolo de la sociedad; se crea un lenguaje entre la mujer que ejerce la circuncisión y la mujer circuncidada. La relevancia social de la operación no radica totalmente en asegurar la virginidad, sino en la 'creación' o 'construcción' social real de la mujer a través de la cirugía, por otras manos FEMENINAS, lo que tiene que ver con el desarrollo de los roles de género en la comunidad.
El cierre de la vagina es una operación humana y otorga instantáneamente a la persona que realiza el procedimiento virtudes divinas y poderosas, como su acción crea o da nacimiento a una nueva mujer en la comunidad. Una vez circuncidada, la mujer se convierte en un hilo del tejido de su sociedad; de esa forma su cuerpo se integra al lenguaje de las mujeres, que es silenciado de inmediato, porque se produce la separación instantánea de su sexualidad de su función femenina, la reproducción. No obstante este lenguaje ayuda a desarrollar la dinámica con la cual las mujeres crean su identidad comunitaria. Circuncisión mantiene las normas culturales y los ciclos de la vida, por lo cual se convierte en un fundamento comunal indiscutible. Para muchas comunidades, por ejemplo del norte de Africa, la circuncisión se transforma en el factor determinante en virtud del cual la mujer se torna decente y elegible para el matrimonio. Por esa razón las mujeres deciden infibular a sus hijas para facilitar sus opciones de vida. El sentido de pertenencia a una comunidad pesa tanto que muchas mujeres no ven la circuncisión como un sacrificio de su salud y su placer sexual para toda la vida.
Existen varias escritoras y activistas africanas que pelean por la abolición de la circuncisión femenina. Desgraciadamente ha habido recientemente una repercusión negativa en los debates entre las feministas del Tercer Mundo y las del Occidente, porque las mujeres del Tercer Mundo/africanas luchan por la circuncisión por miedo al imperialismo feminista occidental y que las hayan callar. El problema aquí es que una vez más las discusiones no tocan al problema central, la circuncisión. También existe el peligro que Africa se adueñe de la circuncisión y silencie a otras mujeres en el mundo que han experienciado lo mismo. Autoras como Alifa Rifaa, Nawal el Saadawi, Charity Waciuma, Awa Thiam, Asma El Dareer, Marie Assad, Saida Herzi, Chandra Mohanty y otras más han motivado una auto-apoderación en y entre africanas sin desterrar a los hombres en las comunidades.
¿Cómo permanece viva esta tradición en 1997, entre comunidades de mujeres, en un mundo donde los traumas físicos, emocionales y mentales que derivan de ella son tan llamativos? ¿Es posible para quienes no pertenecen a esas comunidades acceder en forma justa a la información sobre esta práctica y conceptualizarla sin etiquetas imperialistas occidentales? Queda planteado el desafío para crear espacios donde la circuncisión femenina tenga una articulación propia adecuada, sin ser silenciada por otras comunidades 'bienintencionadas'. Más que clasificarla con prolijidad dentro de paradigmas antipatriarcales o reconocerla exclusivamente como situación africana, se debería intentar conceptualizar cómo las mujeres interactúan y mantienen relaciones de poder entre ellas y sus cuerpos. Hasta que el mundo no acepte el hecho de que las mujeres son tan responsables por esta práctica como sus homólogos masculinos, la práctica seguirá siendo un tabú y un problema oculto.
(1) Para este
artículo en especial, utilizaré el término genérico
"circuncisión femenina".
(2) Slack, Alison. "Female Circumcision: A Critical Appraisal." Human
Rights Quarterly. p. 489.
(3) Dorkenoo, Efua; Elworthy, Scilla. Female Genital Mutilation: Proposals for
Change. p. 6
(4) Hosken, Fran P. The Hosken Report: Genital and Sexual Mutilation of Females.
p. 45
(5) Assad, Marie Bassili. "Female Circumcision in Egypt: Social Implications,
Current Research and Prospects for Change." Studies in Family Planning.
p. 4.
(6) Thiam, Awa. Black Sisters Speak Out: Feminism and Oppression in Black Africa.
p. 74.
(7) Dorkenoo, Efua. p. 9
(8) Slack, Alison. "Female Circumcision: A Critical Appraisal." p.
447.
(9) Gordon, Daniel. "Female Circumcision and Genital Operations in Egypt
and the Sudan: A Dilemma for Medical Anthropology." Medical Anthropology
Quarterly. p. 10.
(10) Slack. p. 453.
(11) Slack. p. 452.
(12) Hayes, Rose, Oldfield. "Female Genital Mutilation, Fertility Control,
Women's Roles and the Patrilineage in Modern Sudan: A Functional Analysis."
American Ethnologist. p. 620.
Nacida en los Estados Unidos, sus padres son de Costa Rica y Panamá, Natasha M. Gordon enseña en el departamento de Literatura Africana de la Universidad de Witwatersrand, Sud Africa. La tésis de su doctorado lleva el título: "Habla el curpo: re-cordando circuncisión femenina en escrituras de autoras africanas".
Traducción del inglés al español por Soledad Domínguez.