las palabras y la muerte
Poetas suicidas

 

Elena Fonseca

Son mujeres, son poetas, pertenecen al siglo XX, (aunque una de ellas haya nacido en 1892) y pusieron voluntariamente fin a sus vidas. La idea de la muerte está presente en sus obras, a veces como exorcismo, para de tanto nombrarla mantenerla ajena, otras con todo su peso macabro, otras como señal, como "profecía", pero acompañándolas cual perro guardián.

La elección de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Ana Cristina César y Sylvia Plath, es una entre las tantas que podíamos haber hecho. Podríamos incluir a Sor Juana Inés de la Cruz, su "suicida" entrada al convento y su muerte provocada. O a Virginia Woolf, cargados sus bolsillos de piedras para no volver a salir del río. O a Camille Claudel y su largo destierro/ entierro. O a Delmira Agustini y su muerte trágica. O a Anne Sexton y su suicidio. Todas con la carga de haber roto el silencio y de asumir tanta verdad. Tanta como ellas exigían de sus palabras. Es que la segunda mitad del siglo XX, combativo y feminista, trajo consigo la lucha descomunal con lo dicho y lo no dicho, con el poder en resumidas cuentas.

En todo poeta, hombre o mujer, planea esa búsqueda de la palabra perfecta, pero para las mujeres esto se agrava porque ellas deben acuñar palabras, deben sentar precedente hablando de sus subjetividades, de sus cotidianos. Y entre desafío y desafío, mueren o se matan.

Existe una fragmentación en la escritura de estas creadoras del siglo XX que nos habla directamente a las mujeres y que nos muestra que ya no es tal aquella identidad maciza, global, masculina que nos presentaba la literatura hasta ahora. El imaginario femenino incursiona en la estructura de la realidad literaria para quedarse. Y ellas, las poetas suicidas, son la punta del iceberg de nuestra identidad fragmentada. En eso les fue la vida.

Dejaron sus vidas, pero nos dejaron también sus portentosas palabras. El acceso a la libertad tiene sus costos. Al escribir, al colocar la palabra exacta, al dejar el silencio imprescindible, están construyendo el nuevo lenguaje, un lenguaje que parte de infinitas experiencias antes nunca contadas.


Alfonsina Storni (Argentina, 1892 - 1938)

"Te vas Alfonsina con tu soledad...
dormida Alfonsina vestida de mar", Félix Luna.

A los 12 años escribe su primer poema, triste y centrado en la muerte; se lo deja a su madre bajo la almohada para que lo lea. A la mañana siguiente lo que recibe es una paliza.

Era chiquita, menuda, con prematuro pelo blanco, de ojos verdes muy risueños, alegre, mal hablada y muy irónica, "era un veneno de simpatía". Aunque pasaba de la risa a la tristeza, con mucha facilidad; "daba luces y sombras".

Nacida en Suiza por casualidad de un viaje familiar, creció en San Juan, Argentina, junto a tres hermanos, un padre alcohólico y problemas económicos agudos. Se recibe de maestra y pronto se radica en Buenos Aires donde la vanguardia literaria porteña aprecia su obra, la integra a su grupo, la mima. Un poco antes, se había enamorado de un hombre casado (en ninguna biografía aparece su nombre), con quien a los 20 años tiene un hijo, Alejandro.

"Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley
que yo no pude ser como las otras..."

Y también:

"Yo soy como la loba
quebré con el rebaño
y me fui a la montaña
fatigada del llano".

Viaja a menudo a Uruguay donde tiene muchos amigos y en 1938 dará una conferencia famosa junto a la chilena Gabriela Mistral y la uruguaya Juana de Ibarbourou. Su fama va en aumento, pero su neurosis también, "tengo los nervios a flor de piel" le confiesa a un amigo.

En 1935 encontró que tenía un bulto en el pecho, era cáncer, se lo extraen con éxito, pero rehúsa la terapia con rayos; se retrae, apenas sale a la calle. Pocos meses antes, su amigo, el uruguayo Horacio Quiroga, se había suicidado: "Morir como tu Horacio en tus cabales, y así como en tus cuentos no está mal, un rayo a tiempo y se acabó la feria...". Su congoja, aunque la disimulaba, iba en aumento.

Un martes 25 de octubre fue vista caminando a la 1 de la mañana por la playa La Perla, en Mar del Plata. Su cuerpo fue encontrado flotando dos horas más tarde. Unos días antes había mandado al diario La Nación de Buenos Aires un poema: "Voy a dormir"

(...) Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera (...)

Para que olvides...Gracias. Ah, un encargo:
Si él llama nuevamente por teléfono
Le dices que no insista, que he salido."


Bien pudiera ser

Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
No fuera más que aquello que nunca pudo ser,
No fuera más que algo vedado y reprimido
De familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido
Estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
De mi casa materna...Ah, bien pudiera ser.

A veces en mi madre apuntaron antojos
De liberarse, pero, se le subió a los ojos
Una honda amargura, y en la sombra lloró.

Y todo eso mordiente, vencido, mutilado
Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,
Pienso que sin quererlo lo he libertado yo.


Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936 - 1972)

"Pequeña centinela, caes una vez más por la ranura
de la noche", Olga Orozco en
"Pavana para una Infanta Difunta".

Sus padres eran inmigrantes rusos en Buenos Aires. Estudió filosofía y a los 24 años se radicó en París donde se vinculó con los poetas surrealistas y donde escribe para revistas literarias.

De su infancia se conoce poco a no ser que la leamos:

"Oscura y triste la infancia se ha ido...
me rememoro el sol de la infancia, infusa de muerte"

Y también:
"Recuerdo de mi niñez cuando yo era una anciana
...las flores morían en mis manos..."

No era gorda, sino "gordita" y ese aspecto no le gustaba, buscaba otro cuerpo que fuera afín a su poesía. Andaba con ropa tres talles más grandes y vivía de pastillas para adelgazar, sus amigos la llamaban La Farmacia. Hubiera querido construir un poema con su cuerpo, no pudo, aunque lo construyó con su persona, una apuesta bastante más alta. "No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa".

Cuando su escritura ya no la sostuvo más concretó su muerte. La muerte de la que tanto había escrito. "Mi búsqueda de un lenguaje puro es la prueba de mi impotencia." "...Escribo contra el miedo, contra el viento con garras, escribo contra el frío y el miedo. En vano escribo."

El 25 de setiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica siquiátrica en la que estaba internada, murió de una sobredosis intencional de Seconal, a los 36 años.

Julio Cortázar, su amigo, titula "Aquí Alejandra" el poema que le dedica: "Bicho aquí, aquí contra esto, pegada a las palabras, pegada te reclamo".


Ana Cristina César (Brasil, 1951 - 1983)

"La Sangre de una Poeta" se llama la biografía que le dedica Italo Morriconi.

Dictaba sus poesías a su madre cuando aún no sabía escribir y a los 8 años publicaba en el Suplemento Literario de un diario de Rio de Janeiro.

Estudió letras, comunicación, viajó a Inglaterra, tradujo a Sylvia Plath, hizo cine.

Su poesía es "una mezcla de cristales, heavy metal y tafetas" dice Armando Freitas Filho. Con un lenguaje -construido y cuidadosamente estructurado- buscaba llegar a los límites de la palabra a través de lo cotidiano. Para alcanzarlo "necesitaba respirar al ritmo de una pulsación desafiante". Y así vivió radicalmente el arte y la vida.

Italo Morriconi, que fue su compañero durante tres años, escribió su biografía "La Sangre de una poeta", en la que cuenta algunas facetas de su vida, con mucho pudor por detalles que considera innecesarios, pero en la que recorre las vivencias de lucha de Ana Cristina César contra la dictadura militar brasilera en los 70, y también los conflictos con la estructura masculina de liderazgo intelectual. Describe también la intensidad que marcó su vida.

Vida a la que puso fin suicidándose a los 32 años.

"No soy idéntica a mi misma
soy y no soy al mismo tiempo en
el mismo lugar y sobre el mismo
punto de vista
No soy divina, no tengo causa
No tengo razón de ser
una finalidad propia:
Soy la propia lógica circundante."


Sylvia Plath (Estados Unidos, 1932 - 1963)

"Rojo era tu color..." Ted Hughes en "Cartas de Cumpleaños."

A los 8 años publicaron un poema suyo en el Boston Herald. Fue la mayor de dos hermanos y su infancia estuvo marcada por un padre constantemente presente en su obra, a pesar que murió cuando ella tenía 8 años. Uno de sus poemas más conocido y tal vez el más amargo "Daddy", lo describe con odio: "Papá, hubiera debido matarte, pero moriste antes de que tuviera tiempo...". Durante su Secundaria es descrita como alegre, vital, entusiasta. También cuentan que era perfeccionista en todo lo que emprendía, y que cuando no podía lograr la perfección se deprimía.

Con mucho esfuerzo económico, consiguió entrar en una Universidad donde tuvo varias relaciones sentimentales con compañeros a quienes describe en su "Diario". El "Diario" es un espejo de su lucha por su libertad como mujer "quiero poder dormir al aire libre, viajar al Oeste, caminar libremente por la noche". Las relaciones sexuales de igual a igual a las cuales se siente con derecho, son fuente de cóleras y también sarcasmos.

Luego empiezan las depresiones, los tratamientos siquiátricos, internaciones, electroshocks, hasta el punto de perder la memoria pasajeramente. En "La Campana de Cristal", su obra en prosa más famosa y autobiográfica, traduce sus estados de ánimo con gran precisión.

Cuando conoce al ya famoso poeta inglés Ted Hughes lo describe como un "Adán violento", por su voz, dice, y por su erotismo. Se casan y tienen dos hijos. La relación es tormentosa y pronto se separan. Sylvia Plath no se sintió reconocida como poeta ni como escritora a su lado, al punto que hubo gente que ni siquiera sabía que escribía.

Se suicidó con gas a los 31 años.

Veinticinco años más tarde, Ted Hughes publicó "Cartas de Cumpleaños", un libro de poesías en el que revive con precisión de enamorado, los gustos, los colores, los amores, los temores de su mujer.

"Rojo era tu color
Si no rojo, blanco
Pero rojo, con que te envolvías
Rojo sangre. ¿Era sangre?
¿Era rojo ocre, para calentar la muerte?


Notas bibliográficas

Melba Guariglia, "Cuando las palabras no alcanzan", Uruguay.
Luiza Lobo, "El Nuevo Milenio y la reconstrucción del Canon en la Literatura Latinoamericana de Mujeres, 1997, Brasil.
Graciela Ravetti, Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik, los bordes del sistema. U. F de Minas Gerais,1998, Brasil.
María Moreno, Radar, Página/12, 2000, Argentina.
R. Bula Piriz, Alfonsina en mi recuerdo, Ed. El Galeón, 1997, Uruguay.


Elena Fonseca es feminista uruguaya integrante del colectivo Cotidiano Mujer.

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