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Patricia McFadden
Quisiera demostrar que aunque en teoría la democracia brinda identidad, seguridad y legitimidad para todos, ha sido histórica y tradicionalmente excluyente. Como concepto y como experiencia. En primer lugar a través de la exclusión de las mujeres, exclusión de género. En las sociedades africanas tradicionales y en las sociedades europeas, las mujeres fueron excluidas, excepto cuando mediaban problemas de clase. De ahí vienen todas las historias de grandes reinas y mujeres, a las que se les permitió el ejercicio y la práctica de la democracia, porque la clase las desfeminizaba y les permitía acceder a espacios de poder masculinos. Tenemos ejemplos de mujeres africanas que se vestían de hombres. Tenemos ejemplos de reinas egipcias, angoleñas que lucharon contra la primera colonización portuguesa vestidas de hombres: Udzinga, es una de las reinas que me ponen siempre delante como argumento cuando digo: Las mujeres africanas no son vistas como líderes potenciales. "¿Tradicionalmente, no tuvimos a Udzinga?" Pueden Uds. imaginarse ¿que en este continente enorme con cientos de millones de africanos, hace 300 años, una mujer fuese considerada como líder? El carácter excluyente de la democracia se vuelve evidente cuando comenzamos a aplicarlo en la realidad a la vida de las mujeres.
Otro tema muy importante es la construcción del espacio público y el espacio privado, porque en la vida de las mujeres africana estos conceptos adquieren dimensiones muy reales. La mayoría de las mujeres están excluidas de la práctica democrática y de la experiencia y ejercicio de la ciudadanía, porque están ubicadas en lo que podríamos llamar el espacio privado. Esto coincide con estructuras y nociones muy atrasadas y represoras de la tradición y de la custodia que se espera que preservemos. Un ejemplo son las leyes sobre el estatus social, que definen a las mujeres como individuos privatizados. En muchas de nuestras sociedades del sur estas leyes excluyen a las mujeres del ejercicio y la práctica pública de la democracia. Cuando una mujer se casa, es eliminada de la vida pública, la propia condición de esposa impide a la mujer la práctica de actividades públicas. A muchas mujeres se les niega el derecho a trabajar por el hecho de estar casadas. No creo que éste sea un fenómeno puramente africano. Pero en lo s lugares donde la colonización ha exagerado la necesidad de autenticidad, la exclusión de las mujeres de los espacios públicos se vuelve casi una condición necesaria para la supervivencia y la identidad del pueblo. Podemos ver esto en el contexto de la lucha entre Occidente y las ideologías fundamentalistas en el Medio Oriente; lo podemos ver en el sur, y especialmente en Africa. En mi opinión, ciudadanía no significa simplemente tener un pasaporte. Inventé mi propia definición de ciudadanía, porque todas las que se encuentran en los libros son aburridas, y sugieren que las connotaciones de género no existen. Para mí un ciudadano es alguien que tiene derechos y atribuciones legales, sociales y culturales por medio del reconocimiento formal de su persona, en el marco de un espacio geopolítico específico denominado país. La parte física de un individuo, por lo tanto, debería ser el aspecto menos importante en cuanto al acceso y al ejercicio de esos derechos y atribuciones. Mi aspecto, mi forma física y mi color deberían ser meros factores secundarios. Pero no es el caso, porque los derechos y atribuciones tienen connotaciones de género, son espacios de discusión, y la ciudadanía funciona físicamente a partir de dos grandes factores: género y raza.
Partiendo de las experiencias africanas, quisiera expresar mi opinión sobre cómo se ubica el tema de la ciudadanía en relación a dos elementos: la autenticidad y el concepto de persona.
La autenticidad es un tema muy candente para los africanos. En realidad los africanos podrían ofenderse mucho de que yo critique a Africa desde Europa. Porque Africa, a través de la experiencia de la colonización se ha convertido en una vaca sagrada, algo intocable, especialmente fuera del continente. Y mi postura feminista de intentar reconstruir Africa, de reinventar el pasado de forma que las mujeres africanas tengamos una participación válida en ese pasado, es una lucha continua y muy difícil. Un "africano" es un hombre africano. Los hombres africanos son "africanos". A menudo se nombra a Africa como "Madre Africa". Es una madre que da nacimiento a sus hijos varones que la representan en forma auténtica, pero ella nunca puede representarse a sí misma. La feminización del continente es un mecanismo excluyente, en tanto se transfiere a las identidades de las mujeres africanas. Y nosotras, como mujeres, necesitamos a los hombres como parte de nuestras vidas para tener una identidad africana auténtica. Aunque parimos hombres, nunca los poseemos. No son nuestros hijos, y los sistemas patriarcales y de línea paterna que definen la autenticidad africana utilizan a las mujeres como medio a través del cual nacen los auténticos africanos; pero nunca podemos ser realmente parte de esa autenticidad, simplemente la hacemos posible. El concepto de ser madre sin derecho a definición y propiedad de esa identidad se refleja en el estatus de las mujeres como esposas. El ser africana se asume como contenido en la masculinidad negra. Esto se ve reflejado en los sistemas de linaje, la denominación de Africa es muy masculinista, la propia noción de masculinidad y heterosexualidad como ideología africana y racista reproduce estos estereotipos sobre el varón africano y su masculinidad en la sexualización y erotización de la masculinidad en particular. Y en la definición de la sexualidad masculina negra, la heterosexualidad se convierte en la identidad auténtica. Lo pudimos comprobar el año pasado, cuando el presidente Mugabe inició una campaña contra los derechos homosexuales y definió la homosexualidad como una perversión occidental. Y esta internalización profunda de la heterosexualidad es una parte esencial de nuestra identidad como africanos, especialmente en los hombres. La utilización de la heterosexualidad como mecanismo de poder y control sobre las mujeres y sobre algunos hombres, no es solamente típico de las sociedades patriarcales, es también una reflexión sobre los traumas sexuales asociados con la esclavitud, porque sabemos que los esclavistas castigaron sexualmente en forma brutal a los africanos como parte de la erosión de su identidad. No fue solamente dando a los africanos nombres blancos, sino también a través de castigos físicos brutales, creando la falta de autoestima, y llenando el vacío existente con una nueva identidad de esclavos. El proclamar esa identidad heterosexual africana como la forma sexual hegemónica fue algo muy efectivo y muy crítico. Es así que SU historia (la de ellos), la historia de Africa, es una historia masculina. Por lo tanto las mujeres africanas solamente pueden volverse africanas por asociación con los hombres, como hijas, esposas, madres y hermanas. Otro tema es el concepto de persona africana. Les voy a explicar un término denominado "ubuntu". En el sur de Africa, hasta Africa Oriental y Central, en todos los idiomas, "ubuntu" es una persona en relación a los blancos. Si un blanco llega a un pueblo o una hacienda, los niños le contarán luego a sus padres: "Kufige umlungu" o "toubab". Pero si era una persona negra, les contarán: "Kufige ubuntu". O sea que existe una palabra para decir persona, y existen otras palabras para designar a gente que no se a justa a la definición de persona. En otras lenguas se denomina extranjero. "Ubuntu" es la esencia de ser lo que está social, cultural, lingüística y étnicamente reconocido y validado por los derechos y las leyes. "Ubuntu", el concepto de persona, el derecho a tener una existencia autónoma es masculino. Las mujeres no pueden tener "ubuntu" excepto a través de determinados rituales y ciertas relaciones. Las mujeres africanas no se poseen como mujeres, como seres construidos socialmente. Y creo que este era el caso en la mayoría de las sociedades patriarcales. La integridad de su ser solamente se puede establecer a través de la relación con un hombre, como padre y como marido. Sus nombres son de hombre, su sexualidad es aceptable solamente si sus cuerpos fueron sometidos a ritual y son seguros. La mutilación de los órganos genitales de la mujer es parte del ritual a través del cual la mujer accede a ser persona. El casamiento y la mutilación son los dos rituales críticos en las vidas de las mujeres africanas. Y los rituales juegan un papel crítico en la exclusión de las mujeres de ciertos espacios y procesos de poder y en la reinvención de su identidad con el fin de ejercer control sobre ellas.
Como mujeres africanas tuvimos que seguir luchando contra esa erosión e invisibilidad, aún la participación en la lucha anticolonialista y antiracista no llevó a la transformación de estas relaciones desiguales. Por lo tanto, la ciudadanía es un terreno polémico en cuanto a los derechos y atribuciones, especialmente en lo relativo a los hijos, la propiedad, la seguridad y la integridad personal. El rechazo de las mujeres a ser heredadas es una expresión de esta respuesta, no permitiremos que esta práctica llamada tradicional niegue nuestra persona e integridad física. Ser heredada significa que somos un objeto de propiedad, pertenecemos a la familia del hombre. Los hombres dirán: "Yo compré ese útero" - no su útero-, "por eso no voy a usar preservativo. No quiero anticonceptivos". Esto no es un invento mío. Pregunten a cualquiera que trabaje en la asociación de planificación familiar y se los dirá. Y la privatización no sólo de los cuerpos de las mujeres, sino de partes específicas de los cuerpos de las mujeres, no es solamente un fenómeno de Africa. Podemos ver la venta de los cuerpos de las mujeres en todo el mundo. Hace poco aquí en Alemania pasé por una farmacia y vi una fotografía increíble del perfil de un cuerpo de mujer; parte de su espalda, sus nalgas y la mitad de sus muslos estaban completamente desnudos. No podría decir qué estaban publicando, pero me pregunté: ¿Por qué? ¿Cómo pueden las mujeres pasar por esa farmacia todos los días y verse así mismas así? Allí mismo está tu cola, exhibida en público. La mitad de la pierna y la mitad de la espalda de todas las mujeres de esta sociedad. Era una mujer blanca, entonces me dije, bueno, voy a usar el factor raza para disociarme de esa imagen en particular, pero me puse furiosa. ¿Cómo podemos?
¿Cómo? Una vez entré en la oficina de una mujer muy importante, una canadiense experta en desarrollo, una persona maravillosa. Miré a mi izquierda, y sobre una mesita había una estatua semi-desnuda de una mujer africana con pechos que le llegaban hasta la cintura. Estamos de acuerdo en que es una exageración, pero es una afirmación sobre el cuerpo de las mujeres africanas. Nunca vi una caricatura semi-desnuda del cuerpo de una mujer blanca en la oficina de una mujer negra. Entonces, ¿por qué esta militante del desarrollo, que es tan progresista, no se da cuenta de que me está ofendiendo? Estas son las aristas que tenemos que comenzar a limar antes de poder tener una plataforma general sobre los derechos de la mujer.
Las mujeres africanas están contestando a estas desigualdades, están peleando por eliminarlas a través de reformas legales, campañas políticas, sistemas de información que vinculen a mujeres de clases diferentes en lugares diferentes de un país como Zimbabwe por ejemplo, y estamos creando plataformas para poder expresar nuestra solidaridad entre nosotras mismas. A mucha gente las gusta esa mentira de que la mujer africana real es esa pobre mujer analfabeta con la espalda doblada y diez hijos. Mucha gente cree en esas imágenes de las mujeres africanas. No les gustan las Pat McFadden que son africanas. Quieres que las mujeres africanas sean mudas, invisibles y así entonces pueden ir a Africa y encontrar a esas pobres mujeres hambrientas de espalda doblada y hacer un buen trabajo. Es muy problemático. Es como si yo viniera aquí a Alemania, fuera a los ghettos, encontrara a las mujeres pobres de espalda doblada, y después, cuando hablara con ustedes les dijera: "No, ustedes no representan a las verdaderas mujeres alemanas, la mujer alemana real es la mujer del ghetto, la de la espalda doblada. Ese es el tipo de argumento que se utiliza contra las mujeres africanas articuladas, que están al filo de definir una Africa diferente. Nos dicen que estamos occidentalizadas, que no reflejamos la imagen real de Africa. ¿Y saben ustedes dónde está ese Africa real? En un pasado racista que hace a las mujeres negras ser pasivas, estúpidas, incultas y todos los demás adjetivos que se les pueda ocurrir agregar. Crear una nueva cultura africana es un problema enorme. No sólo los hombres africanos y las mujeres africanas tradicionales, también el resto del mundo quiere que quedemos en un estado primitivo y sin esencia. Así entonces pueden venir y escribir sus doctorados sobre nosotros, de forma que seamos la última frontera de lo natural. Y este vínculo natural entre cultura y mujer se nos impone: no se acerquen a toda esa basura occidental, sigan siendo africanas. ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué significa para las mujeres africanas? Quiere decir mutilación, invisibilidad, silencio, herencia.
Los derechos
y atribuciones que la ciudadanía supuestamente nos atribuye como mujeres
africanas y como mujeres en el mundo están teñidos de connotaciones
de género. Para democratizarlos debemos entenderlos como una relación
de poder y controversia que debemos
desafiar y transformar. Estamos todas comprometidas en ese proceso a través
de nuestra participación en las luchas por la igualdad racial y de género
en todo el mundo. Por eso pienso que las campañas políticas y
las reformas legales son algunos de los caminos por los cuales podemos comenzar
a compartir el conocimiento, porque ustedes lo han hecho en Occidente. Ustedes
cambiaron los sistemas legales, crearon estrategias de campañas y esos
fueron los caminos por los cuales se hizo posible acceder a los derechos. Por
eso fue que nos pudimos encontrar en Viena hace tres años, y proclamar
al mundo que los derechos de las mujeres son derechos humanos. Y era una plataforma
general, fue muy difícil vincular las luchas de las mujeres en las distintas
partes del mundo. No fue casualidad que la incorporación se realizara
en Europa. Después de quinientos años de juntar de todo en todas
partes y centralizarlo todo, ustedes crearon la tecnología. Bueno, ¿qué
mas podríamos esperar?
Patricia McFadden es sudafricana, nacida en Swazilandia. Vive en Harare, Zimbabwe, donde trabaja como profesora de sociología en los temas de género. Fue invitada por la Universidad de Bochum/Alemania como profesora en el semestre del invierno 95/96. Hizo esta ponencia "Democratización de la ciudadanía como relación de poder con connotaciones de género" el 12 de mayo en Berlín, por invitación de la Asociación Alemana de Periodistas.
Cortado y Revisado para LOLApress por Ulrike Helwerth.
Traducido del inglés al castellano por Soledad Domínguez y Alicia Porrini