Gracias a Dios se acabó! Historias y Geografías de Beijing

 

Sonia Correa

Así como las distintas maneras de llegar a Beijing valían la pena, hay también muchas formas de evaluar lo que sucedió al otro lado de las murallas de la China en setiembre de 1995. Este artículo no pretende agotar el caleidoscopio de circunstancias, cuestiones y resultados de la IV Conferencia, intenta apenas analizar algunos de ellos teniendo como referencia las memorias de Nairobi (1), imágenes de la ECO 92, y sobre todo, los laberintos de los procesos de negociación de la CIPD y de la Cumbre de Desarrollo Social.

El viernes 15 de setiembre de 1995, un grupo de redes internacionales que estuvieron directamente involucradas en la preparación de la IV Conferencia organizaron una fiesta de despedida para Beijing. La invitación decía: "Gracias a Dios se acabó!" Esta sensación de alivio es posiblemente la evaluación más sincera que podemos hacer. Beijing fue una estación más en el rosario de eventos internacionales que va de Río (1992) a Estambul (1996) pasando por Viena (1993), El Cairo (1994) y Copenhague (1995). Sus resultados deben ser evaluados en relación a la totalidad de este ciclo. Sobre todo, deben ser examinados a la luz de las condiciones extremadamente desfavorables que marcaron su proceso preparatorio.

A lo largo de 1994 algunas feministas apuntaban los riesgos que podían hacer de Beijing un fracaso: la fractura de la agenda de negociación; la ausencia de un análisis transversal de género; la falta de claridad y compromiso en relación a los recursos financieros y la implementación. Entre 1994 y 1995 las chances de fracaso se ampliaban. Las fuerzas conservadoras con su epicentro en el Vaticano hicieron de la Cumbre de Desarrollo Social una plataforma política de ataque a los acuerdos de Viena, y más especialmente de El Cairo. Estos esfuerzos desembocaron en la III Sesión del Comité Preparatorio de la IV Conferencia en marzo de 1995, dejando en el texto de la Plataforma de Acción centenares de corchetes.

Al mismo tiempo el gobierno chino decidió desplazar el Foro de ONG's para Huairou produciendo un impasse que sólo sería solucionado a comienzos de junio. Como parte del mismo escenario se registró la creciente inflexibilidad de los países desarrollados, en particular de Estados Unidos, en relación a las cuestiones macro-económicas: reducción de la deuda, ajuste estructural y recursos adicionales para el desarrollo.

Como si esto fuera poco, sumemos la ineficiencia -inexperiencia según algunos- del Secretariado de la Conferencia. Ella se reflejó en la calidad del esbozo de Plataforma de Acción, que llegó a la Conferencia en un estado demasiado preliminar. Pero especialmente se expresó en la falta de determinación de la dirección de la Conferencia para dirimir los impasses de la III PREPCOM y enfrentar la decisión unilateral del gobierno chino. Por último, las tensiones al interior de los movimientos de mujeres los debates acerca de la división del trabajo, la coordinación, las actividades, tensiones que llegaron incluso al Comité Facilitador y las distintas redes internacionales involucradas en la preparación para Beijing.

La reconstrucción de este consenso exigió un intenso proceso de diálogo y de articulación a lo largo de 1995, resultando en la creación de El Equipo, como grupo plural de conducción del trabajo de las ONG's durante la Conferencia oficial.

Más a allá de la sexualidad

Dado este conjunto de circunstancias no parece exagerado afirmar que Beijing fue un suceso. Todas las referencias al Plan de Acción de El Cairo llegaron a Beijing entre corchetes. Muchas de nosotras teníamos como agenda principal para la conferencia apenas "retener el lenguaje de la CIPD". En este sentido la adopción de los parágrafos 97 232 f y 107 k, aunque pese a las reservas, es muy significativa. Una vez más los temas de la reproducción y de la sexualidad habían movilizado la atención de la prensa y la obsesión de varios negociadores pero los resultados positivos de Beijing pueden ser identificados en muchas otras secciones del documento final.

Sin pretender agotar el análisis yo diría que ellos se concentran en cuatro áreas: el reconocimiento de raza y etnia como causas de discriminación y factores de desigualdad, las varias recomendaciones con relación a la cuantificación, reconocimiento y valorización del trabajo no remunerado; las definiciones contenidas en el capítulo sobre conflictos armados; y finalmente algunas decisiones con relación a las cuestiones macro-económicas.

El hecho de que los términos raza y etnia hayan sido finalmente incorporados a un documento de las Naciones Unidas significa la superación de una antigua e insistente resistencia por parte de algunos países miembros. Hasta Beijing, apenas los Estados Unidos y, con menor vocación, Brasil defendían sin restricciones la utilización de esta terminología. Su adopción en el parágrafo 32 de la Declaración así como en otras dos secciones de la Plataforma de Acción compensa, aunque parcialmente, su eliminación en el capítulo de salud. Si bien puede parecer simple, esta eliminación exigió un intenso y concertado esfuerzo de lobby por parte del Caucus de las Mujeres de Color, junto a los países africanos y a la propia Unión Europea. También contó con gran involucramiento por parte de la delegación brasilera.

Los párrafos relativos a la cuantificación y valoración del trabajo no remunerado van mucho más a allá de las definiciones adoptadas en Copenhague (marzo de 1995) y abren innumerables posibilidades de investigación y acción para el movimiento de mujeres en América Latina y en Brasil. Las recomendaciones de Beijing relevan y valoran el trabajo doméstico e informal que caracteriza la inserción femenina en el mercado de trabajo continental. También pueden permitir cuantificaciones calificadas sobre habilidades de las mujeres del mercado formal que no son generalmente reconocidas y adecuadamente remuneradas. Finalmente abren un frente de estrategia de debate con los formuladores de política macro-económica en el sentido de articular consistentemente las esferas de la producción y de la reproducción.

El capítulo sobre conflictos tiene un significado particularmente importante para Africa, Asia y Europa del Este. Aunque no es posible olvidar Chiapas y la reciente guerra entre Perú y Ecuador, en América Latina, el peso de los conflictos armados involucrando a estados nacionales ya no es tan crítico. Aun así, los efectos dramáticos sobre la vida de las mujeres así como su participación como mediadoras en las situaciones de crisis puede tener un significado importante en los contextos de la violencia urbana y rural que todavía sufren varios países de la región.

Finalmente, respecto al núcleo duro del debate sobre desarrollo, el documento, en líneas generales, reitera los principios acordados en Copenhague. Sin embargo, en algunos de sus aspectos va más a allá de los acuerdos de la Cumbre. Este es el caso de la recomendación, ya mencionada, que habla sobre la reducción de la deuda multilateral. Más significativo, entonces, sería el acuerdo final con relación a los recursos adicionales.

Las resoluciones de Copenhague se restringen a la ampliación de recursos para el desarrollo social en los planes nacionales y recomiendan la ampliación de la asistencia al desarrollo en el caso de Africa y de los países menos desarrollados (LDC's). La Plataforma de Acción de Beijing aprueba la expansión de la ayuda al desarrollo en los planes nacionales y para todos los países del Sur, siempre que estén volcados a la realización de programas y actividades para la igualdad de género y el "empowerment" de las mujeres, tal como está definido en sus varias secciones.

Esta definición puede ser interpretada como una mera estrategia de redistribución de los recursos disponibles en la dirección de las políticas volcadas para las mujeres. Ella eventualmente no agradará a muchos gobiernos del G77 que preferirían tener acceso a más recursos sin ningún tipo de vinculación. Mientras, puede y debe ser usada en forma positiva en las estrategias de implementación que nos desafían de ahora en adelante. La presencia del nuevo Presidente del Banco Mundial en la plenaria final y en dos diálogos intensos con las ONG's presentes en Beijing debe ser comprendida como parte de este mismo escenario. Tal vez esto no significa que estamos en el mejor de los mundos. Pero ciertamente no se trata del peor de ellos.

Cabe registrar, finalmente, la inclusión de dos referencias al principio de pleno respeto por la autonomía de las ONG's en la Declaración de Beijing. Este principio que valida todo el capítulo XV del Programa de Acción de la CIPD no constaba en ninguno de los capítulos de la Plataforma de Acción. Así como en el caso de raza y etnia su incorporación fue asegurada a partir de una operación de emergencia muy eficiente del Linkage Caucus. Ella supera la resistencia de varios países en desarrollo, inclusive China, que en marzo de 1995, en Copenhague, habían abiertamente reaccionado contra la noción de autonomía del sector no gubernamental.

En fin... Estos resultados habrían sido radicalmente diversos si no fuera por la presencia, firmeza, claridad y profesionalismo de las feministas actuantes en las delegaciones y en los circuitos de lobby instalados en las salas y corredores del Beijing International Convention Center. Tomando Nairobi como referencia el salto de calidad más inequívoco está en el número de mujeres en las delegaciones oficiales. El 60% de delegados hombres que llenaba la plenaria de Nairobi, quedó reducido en Beijing a menos del 20%, aunque se hayan manifestado mucho en los momentos finales en que las negociaciones quedaron encendidas.

Más significativa aún fue la eficiencia y capacidad de coordinación de las representaciones de ONG's involucradas en el esfuerzo de articulación, resolución de tensiones y lobby. No parece haber dudas de que la cohesión y energía de la Coordinación Latinoamericana y del Caribe desempeñó un papel importante en las muchas turbulencias que antecedieron e impregnaron el proceso de Beijing.

Bárbara Adams -que como funcionaria del Servicio de Liaison entre las ONG's y la ONU (NGOLS) ha acompañado centenas de negociaciones- me decía emocionada al final de una de las sesiones matinales de briefing organizadas por "El Equipo": "En ningún otro momento de estos muchos años este trabajo fue tan armonioso y eficiente". Por lo tanto, no parece ser una exageración afirmar que nosotras, las feministas, rescatamos la IV Conferencia de la "crónica de una muerte anunciada" en la que estuvo sumergida durante los primeros meses de 1995.

Sonia Correa, integrante de IBASE , Río de Janeiro - Brasil y la red DAWN.


(1) La autora se refiere a las conferencias internacionales de los últimos años: la 3. conferencia de mujeres en Nairobi (1985), la conferencia de ecología en Rio de Janeiro (1992), la conferencia de derechos humanos en Viena (1993), la conferencia internacional de políticas de población en El Cairo (1994) y la cumbre social de desarrollo en Copenhague (1995).

Traducido del portugués por Elsa do Prado

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