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Mãe Beata: Toda una vida en un cruce de caminos
Vánia Cardoso
Hace 18 años que la Mãe Beata vive en Miguel Couto, uno de los tantos barrios de clase trabajadora en las afueras de Río de Janeiro. Miguel Couto forma parte de la Baixada Fluminense, una extensa área en las afueras de Río. Los medios de comunicación describen a Miguel Couto y a la Baixada Fluminense como lugares de altos índices de criminalidad, sitios de innumerables homicidios e increíble pobreza; estos nombres despiertan inmediatamente imágenes de miseria y violencia en la mayor parte de los habitantes de Río de Janeiro. Mãe Beata rechaza con vehemencia esas imágenes, señalando que los niños juegan en las calles y que las mujeres se reúnen en las esquinas como signos de una dimensión de la vida en ese barrio que escapa de la oscura imagen que proyectan los medios.
No sólo estas experiencias están ausentes en las representaciones de la Baixada, también se olvidan de las numerosas casas de Candomblé dispersas en el área, como la que abriera la Mãe Beata allí en 1985. La Mãe Beata es una líder religiosa respetada, sacerdotisa del Candomblé, una religión afrobrasileña que tiene firmes seguidores entre los habitantes de la Baixada, además de los muchos que llegan desde otras zonas de la ciudad. Esta religión se remonta a los siglos del comercio esclavista entre Africa y Brasil. Está formada a partir de las creencias y prácticas religiosas que trajeran al Nuevo Mundo los esclavos provenientes del Africa Occidental. A pesar de la fragmentación de las estructuras religiosas ancestrales debido a la situación social de esclavitud y la opresión racial de que fueron víctimas, los esclavos y sus descendientes combinaron las diversas prácticas y creencias para dar lugar a nuevas formas con nuevos significados. Algunas comunidades religiosas pudieron sobrevivir incluso al pico de la represión contra las religiones afrobrasileñas, y ya a principios de este siglo comenzaron a abrirse muchas más casas de Candomblé en todo el país.
Las casas de Candomblé se levantaron en zonas muy similares a Miguel Couto, en la periferia de los grandes centros urbanos, allí donde los terrenos eran baratos y estaban lejos de la mirada escrutadora de las fuerzas policiales represivas. Estas zonas también fueron olvidadas por la Iglesia Católica, que en el pasado buscó prohibir el Candomblé por considerarlo "el culto al diablo" por parte de "gente primitiva". Cuando hace 14 años la Mãe Beata inició su propia comunidad, el Candomblé ya había sido aceptado legalmente como práctica religiosa, pero a pesar de contar con numerosos seguidores, seguía cargando el estigma de religión marginada, religión de negros y negras de las clases bajas. La posición de la Mãe Beata como una de las sacerdotisas más conocidas del Candomblé, no sólo entre la comunidad del Candomblé sino también entre políticos, intelectuales y activistas sociales, no alcanzó para cambiar su posición socioeconómica. Costurera jubilada, vive en una casa alquilada y comparte con sus vecinos la experiencia de tratar de sobrevivir.
Aunque recién ha pasado una década desde que la Mãe Beata se transformara en una conocida sacerdotisa y activista social, ella ha sido practicante del Candomblé durante casi toda su vida. Cuando tenía 25 años la inició en la religión la orixá Olga la matriarca de Alaketu, una comunidad del Candomblé que comenzara en el siglo XVII en el nordeste de Brasil. Sin embargo, empezó a participar en el mundo social del Candomblé y a aprender sus tradiciones siendo una niña. Nació el 20 de enero de 1931 en una plantación de caña de azúcar en Bahía, creció en los alrededores de Cachoeira do Paraguassu. Una región marcada por la presencia de hombres y mujeres que sobrevivieron a los años de esclavitud y sus descendientes. Su infancia estuvo llena de las historias contadas por esa gente. Esas historias fueron tejiendo los mitos sagrados de los dioses del Candomblé, historias ancestrales sobre Africa y las propias historias de aquellos entre los que creció la joven Beata.
El nacimiento mismo de la Mãe Beata se transformó en una parte más de esta historia en marcha. Nació en el cruce de caminos entre su casa y la plantación, donde una anciana partera africana, la Tía Afala, asistió a su madre, que había comenzado el trabajo de parto mientras pescaba cerca del río. La vieja mujer le contó a los padres de Mãe Beata que la recién nacida era hija de Iemanja, la diosa de la maternidad y la alimentación, y de Exu, el poderoso dios embaucador que rige los cruces de caminos y media en todas las relaciones entre los humanos y lo sagrado. Esta deidad ha sido identificada erróneamente por los católicos con el diablo. La Mãe Beata a menudo recuerda esa historia explicando que toda su vida ha vivido en un cruce de caminos, viajando a través de distintos senderos durante 68 años, siempre guiada por la fuerza nutriente de Iemanjá y bajo la protección de Exu.
Sus viajes comenzaron pronto, cuando siguiendo el sendero trazado por muchas familias antes que la suya, la Mãe Beata se mudó con sus padres a la capital del estado. Allí se casó con un amigo de la infancia y conoció a la mujer que pronto sería su Mãe do Santo, su madre espiritual. En 1967, terminó finalmente ese matrimonio infeliz y al poco tiempo se unió a las olas de inmigrantes nordestinos en viaje hacia Río de Janeiro, en busca de una vida mejor. Se llevó a sus cuatro hijos, dos varones y dos niñas a vivir con ella, y consiguió distintos trabajos, como costurera, peluquera, manicura y ama de llaves. Fue una época de muchas mudanzas por los distintos barrios de Río hasta que por fin se asentaron en Miguel Couto, 13 años después de haber dejado su estado natal.
La Mãe Beata vive ahora rodeada de sus nietos ya crecidos y sus bisnietos. Como muchas sacerdotisas del Candomblé, nunca volvió a casarse, ya que sus obligaciones como líder religiosa y los continuos pedidos de guía que debe atender le han dejado poca privacidad y tiempo para compartir con un compañero. Esto también le ha dado un grado de libertad personal mayor que el de muchas mujeres de la sociedad brasileña. Ha sido gracias a esta libertad que ha participado activamente en el movimiento de mujeres, en el movimiento negro y en los debates interreligiosos, y también ha podido desarrollar un programa sociocultural centrado en las necesidades de la comunidad de Miguel Couto.
La experiencia de la Mãe Beata como sacerdotisa del Candomblé siempre ha tenido una honda dimensión política. Para ella, la práctica del Candomblé implica la permanente defensa y proclamación pública de su legitimidad como religión. También le permitió ganar un estado de reconocimiento público que difícilmente hubiera logrado de otra forma. Aunque para pertenecer al Candomblé no existe ninguna restricción racial o de género, la gran mayoría de sus miembros son mujeres negras y también lo son la mayor parte de sus líderes. El hecho de que las mujeres negras estén en la avanzada de la religión molesta a las jerarquías religiosas y seculares tradicionales de Brasil, abriendo un espacio social sin precedentes para estas sacerdotisas del Candomblé. Entre las mujeres que alcanzaron la posición de sacerdotisas, algunas de las más ancianas se han transformado en figuras públicas muy conocidas, y sus historias personales cuentan la historia de la religión y la propia historia de los afrobrasileños.
A comienzos de los años 90 un grupo de líderes del Candomblé en Río de Janeiro resolvió formar un foro público para discutir esa historia y la propia religión. Ya en ese momento el carisma personal y el conocimiento religioso de Mãe Beata le habían ganado el respeto de la comunidad religiosa de Río de Janeiro, y su casa de Candomblé fue elegida como uno de los lugares donde se llevarían a cabo esos foros. Conoció allí a integrantes de movimientos de mujeres que compartían con ella muchas preocupaciones y deseos. Fue invitada al encuentro en Moqueta que marcó un hito en su vida, pues le abrió la posibilidad de participar en organizaciones sociales y políticas afines al tipo de enfoques que ella practicaba en su vida diaria.
Cuando comenzó en Río la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas en 1992 , la Mãe Beata se unió a la multitud de activistas sociales que descendió a la ciudad para asistir a la ECO-92, la reunión alternativa de las ONG que tuvo lugar simultáneamente. Después de este encuentro se integró al Consejo Estatal en Defensa de los Intereses de la Mujeres, y fue invitada a unirse a varias organizaciones de mujeres en este estado. También participó en el Fondo Interreligioso, una organización social que eventualmente financiaría clases para hombres y mujeres jóvenes de su barrio. Esa fue la primera de las muchas iniciativas que propuso para abrir el espacio del Candomblé a la comunidad y transformarlo en un centro cultural donde la gente del barrio pudiera asistir a clases y participar en foros culturales y políticos. El desafío más grande para mantener estos proyectos en marcha ha sido la difícil tarea de recabar los fondos necesarios para su funcionamiento.
Desde el encuentro de 1992, Mãe Beata ha viajado a través del país dando charlas en distintas ciudades. También visitó Alemania y EE.UU., donde fue invitada a hablar de sus experiencias de vida y compartir su vasto conocimiento sobre el Candomblé. A pesar de los viajes a lugares en los que ni siquiera pudo haber soñado cuando era una niña, siempre se la puede encontrar de vuelta en su modesta casa en Miguel Couto. Es en este barrio donde se unen todos los senderos que ha recorrido. Es en este cruce de caminos particular que sus experiencias se transforman en las muchas historias que tiene para contar sobre su vida y la vida de la gente que la ha acompañado en su largo viaje. Es allí donde se llega cuando se necesita la ayuda de los dioses y donde la Mãe Beata nos dará el consejo que tanto necesitamos.
Vánia Cardoso, antropóloga, investiga sobre mujeres y religión afrobrasileña. Compiladora y editora de un libro de cuentos escrito por Mãe Beata, Caropo de Dendé.
Traducción del inglés al español: Soledad Domínguez