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Los derechos de las mujeres son derechos humanos
Charlotte Bunch
Tengo dos presentaciones para hoy que han estado luchando adentro mío:
una escrita antes del 11 de setiembre y otra que está siendo reescrita
permanentemente desde ese día. Luego del 11 de setiembre -viviendo en
Nueva York- muchas cosas son diferentes. No sólo ha cambiado el paisaje
físico sino también el político y continúa cambiando
cada día. Hay nuevas amenazas y nuevas guerras que enfrentar así
como potencialmente nuevas aperturas para conversaciones políticas y
nuevas direcciones que emergen en lo que tiene que ver con instituciones internacionales
y derechos humanos.
Y sin embargo, los asuntos de fondo en esta crisis son extremadamente familiares. En una reunión en la ciudad de Nueva York de unas 75 activistas feministas en la que participé la noche en que salí para aquí y cuya agenda era "Consecuencias de la actual crisis para el Movimiento Internacional de Mujeres", estuvimos discutiendo sobre qué es lo que ha cambiado como resultado de la crisis, y permanentemente volvíamos a coincidir en que los temas son los mismos con los que las mujeres activistas en derechos humanos alrededor del mundo han estado luchando en la última década:
· Crecientes desigualdades
globales producidas por el ajuste estructural y la globalización.
· El auge de varias formas de fundamentalismos religiosos y nacionalistas
que ponen en peligro los avances logrados en los derechos de las mujeres alrededor
del mundo.
· La escalada de violencia racista y sexista en la vida cotidiana y en
la prensa.
· Y por supuesto el dramático aumento de guerras, conflictos y
terrorismo que tienen como objetivo a la población civil, y que cada
vez más involucran a mujeres y niños.
De diversas maneras la presente crisis ha afectado el modo en que trabajamos, nuestras estrategias de corto plazo, y sin duda ha sumado nuevas preocupaciones a la agenda, pero sobre todo ha agregado un mayor sentido de urgencia a los desafíos fundamentales que enfrentamos.
Primero que nada algunas preocupaciones/observaciones
pos-11 de setiembre:
· La polarización de la retórica de Bush y Bin Laden de
"O están con nosotros o están contra nosotros" no sólo
está amenazando las libertades cívicas en Occidente - sobre todo
para personas de descendencia musulmana - sino que también otorga la
fachada bajo la cual se prohibe el funcionamiento o se pone bajo presión
a muchos grupos en el Tercer Mundo, incluídos grupos feministas en países
como Pakistán donde sus oficinas han sido atacadas. No podemos permitir
en ningún lugar que la seguridad sea utilizada para justificar mayores
restricciones a los derechos humanos. Más aún, esta polarización
está cercenando la habilidad de tener conversaciones críticas
sobre estrategias alternativas para enfrentar el terrorismo, el futuro de Afganistán,
etc.
· Como mujeres que hemos trabajado para que Naciones Unidas sea más
sensible a la perspectiva de género y para fortalecer sus mecanismos
de derechos humanos, pensamos que es imperativo que las Naciones Unidas, no
los Estados Unidos, asuman el liderazgo en la respuesta a esta crisis. Si no
lo hace, la ONU se verá debilitada como consecuencia. Existen iniciativas.En
una reunión en la ciudad de Nueva York de unas 75 activistas feministas
y cuya agenda era "Consecuencias de la actual crisis para el Movimiento
Internacional de Mujeres", estuvimos discutiendo sobre qué es lo
que ha cambiado como resultado de la crisis, y permanentemente volvíamos
a coincidir en que los temas son los mismos con los que las mujeres activistas
en derechos humanos alrededor del mundo han estado luchando en la última
década multilaterales de Naciones Unidas que pueden ser utilizadas en
respuesta al terrorismo y buscando crear nuevas condiciones en Afganistán.
Opciones como un tribunal o un juicio sobre el terrorismo en Estados Unidos
similar al caso de Lockerbee, utilizar fuerzas de paz de Naciones Unidas o incluso
intervención humanitaria en Afganistán, etc.
De nuestra parte estamos tratando de que estas ideas sean consideradas, pero tenemos un acceso muy limitado al presente gobierno de los Estados Unidos. Necesitamos mujeres de todas partes del mundo y especialmente gobiernos de los países que integran el Consejo de Seguridad y la Unión Europea para que presionen a Bush en esta dirección y no que simplemente compitan por apoyarlo. Los Estados Unidos necesitan presión global tanto como comprensión.
Hacer que las voces y los puntos de vista de las mujeres se hagan más visibles y que participen de las rondas de negociaciones. Esta crisis nos ha recordado de manera brutal que cuando se trata de asuntos de seguridad y guerras las mujeres/feministas no aparecen en el mapa. Hay muchísimas declaraciones y voces de mujeres en internet pero no en los espacios dominantes. El 31 de octubre es el primer aniversario de la Resolución del Consejo de Seguridad que convoca a involucrar a las mujeres en todos los aspectos que tienen que ver con crear la paz y mantenerla. Sería irónico si este aniversario llega sin que las mujeres tengan ninguna participación en la mayor crisis bélica del año.
Esto me lleva de vuelta a pre-11 de setiembre: evaluando los logros. Ninguna de las acciones a las que estoy llamando a las mujeres a participar sería posible ahora si no fuera por los avances increíbles que las mujeres han logrado en el siglo pasado y, especialmente en los últimos veinte años.
El derecho de las mujeres a la ciudadanía, votar y estar activas en el mundo público, ha sido aceptado casi universalmente -si no plenamente implementado - y sin embargo sólo fue logrado en el siglo pasado.
Las mujeres han definido y puesto en la agenda mundial una serie de nuevos asuntos relacionados con derechos reproductivos, derechos sexuales y violencia contra las mujeres - creando nuevos conceptos así como legislación que lograron que los secretos de ayer se integraran en las disputas sobre políticas públicas de hoy, desde violaciones en el seno del matrimonio a mutilación genital femenina, esclavitud sexual, femicidio, heterosexualidad impuesta, embarazos forzados, etc. También hemos avanzado enormemente en el estatus económico de las mujeres si bien ello ha ocurrido de manera muy dispareja y ha sido erosionado en algunas áreas con la globalización. Este aspecto requiere de mucha atención.
El reconocimiento de los derechos de las mujeres como Derechos Humanos reales a lo largo de la década pasada ha sido central para su transformación de estos asuntos de problemas o necesidades en derechos de cada "humano"/ciudadano/a sobre los que los gobiernos tienen la obligación de ocuparse.
Quizás más importante ha sido el crecimiento de los movimientos de mujeres alrededor del mundo en los últimos 25 años en una escala sin precedentes. Siempre han existido algunas mujeres valientes y decididas que han trabajado por el cambio, pero hoy tenemos una masa crítica de mujeres y un número de hombres que han sido impresionados por el feminismo. Este movimiento es a la vez diverso -en contextos de base local y específica-desde Flora Tristán en Perá a las Hermanas de Beijing (un grupo de lesbianas en China) y conectado globalmente en redes como Mujeres Viviendo Bajo Leyes Musulmanas, Mujeres en Negro, DAWN (Mujeres desarrollando alternativas para una nueva era) y la Coalición Internacional de Mujeres por la Justicia Económica, por nombrar sólo algunas. Es esta característica a la vez muy local y global que le permitió a las mujeres utilizar las conferencias de Naciones Unidas de los 90s -desde Río a Viena, Cairo, Beijing y Estanbul- como espacios globales públicos donde las voces de las mujeres transformaron agendas globales y obtuvieron promesas de los gobiernos y las Naciones Unidas que habrán de tener amplio impacto si se concretan.
Las mujeres también se hicieron más fuertes y enérgicas en los 90 en cuanto al uso de los mecanismos de Naciones Unidas y de derechos humanos -que conllevan mayores obligaciones legales que los documentos de conferencias mundiales- para demandar responsabilidad y cumplimiento por parte de los gobiernos. Lo hicieron por ejemplo con los informes paralelos de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación en Contra de las Mujeres y haciéndolos accesibles a la prensa, así como invitando al Rapporteur sobre Violencia en contra de las Mujeres a sus países para que informara sobre violaciones.
Si consideramos todo lo que ha ocurrido en cuanto a esfuerzos para transformar los roles de género y ganar nuestros derechos en muchas áreas en un tiempo relativamente corto -omito una página entera de ejemplos desde lo más local a lo global- creo que con frecuencia nos olvidamos de lo que hemos ganado. No debe llamarnos la atención que reacciones negativas y resistencia sean aún muy intensas y que provengan de varios frentes.
Durante los 90, a nivel internacional, se formó una alianza nonsancta entre el Vaticano, musulmanes fundamentalistas y, la derecha de los Estados Unidos a los que ocasionalmente se les unieron otros para luchar en particular contra los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres. Si bien las mujeres no han perdido las conquistas hechas en Viena, Cairo y Beijing, estas fuerzas han hecho que sea cada vez más difícil seguir avanzando en esta área como lo vimos en las prolongadas batallas de Cairo+5 y Beijing+5. Mas aún, en la Asamblea General de Naciones Unidas el año pasado y en la Conferencia Mundial Contra el Racismo en Durban, otras tensiones -particularmente sobre globalización y Medio Oriente- erosionaron la habilidad para avanzar en esta área. El desprecio de la Administración Bush en los Estados Unidos por el internacionalismo alimenta este problema.
Como consecuencia de todas estas fuerzas, promotoras de los derechos humanos de las mujeres han estado observando dónde es que mejor se puede avanzar en este momento a nivel internacional y algunas han enfocado su trabajo hacia organismos regionales o agencias especializadas como la OMS (Organización Mundial de la Salud) o ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y FNUAP (Fondo de Población de las Naciones Unidas). Otras se han concentrado en la implementación a nivel nacional de las promesas realizadas en documentos previos y el sentimiento general es que debemos encontrar nuevos caminos que permitan afirmar estos derechos y promesas en políticas y en la vida cotidiana...incluso si en muchos lugares las mujeres se enfrentan a crecientes reacciones negativas o resistencias a poner a su disposición recursos para estos asuntos. Todos estos eran desafios a los que los derechos humanos de las mujeres se enfrentaban antes del 11 de setiembre.
Pero esta crisis ha destacado para mí algunos de los mayores desafíos que ya estábamos tratando de enfrentar para concretar la promesa de los derechos humanos de las mujeres y otorgarles a éstos cada vez mayor urgencia. Estas tienen muchas dimensiones y nombres pero se centran en cuestiones como globalización, fundamentalismos, racismo, diversidad cultural y la universalidad de los derechos humanos.
La globalización tiene tanto efectos positivos como negativos para las mujeres y desde mi punto de vista es ya una realidad y no un debate. Pero si sus efectos negativos sobre enormes cantidades de personas y las evidentes injusticias globales que ha producido no se enfrentan seriamente, tenemos un problema. La alienación que muchos sienten en un mundo globalizado está alimentando diversas formas de fundamentalismo -no sólo el terrorismo islámico.
Fueron fundamentalistas cristianos nacionales quienes bombardearon un edificio federal lleno de gente en Oklahoma. Esto es mucho más que una pregunta sobre el Islam y la modernidad. Todos los fundamentalismos parecen compartir la necesidad de controlar a las mujeres como símbolos de su identidad y cultura.
En 1995, en Beijing, dije que las mujeres deben ayudar a crear otra forma de avanzar que no nos deje sólo el dominante y codicioso desarrollo capitalista o el retorno a tradiciones patriarcales y fundamentalismo como únicas opciones. Es incluso más urgente hoy cuando el mundo se polariza aún más alrededor de esas dos opciones. La lucha por encontrar caminos para concretar derechos sociales y económicos y hacer que las fuerzas de la globalización sean responsables por los estándares de los derechos humanos, puede ser uno de los aportes de activistas de derechos humanos a este debate y las mujeres necesitan prestar más atención a este tema y asegurar que el trabajo tenga carácter de género.
En la Conferencia Mundial Contra el Racismo en Durban las mujeres trabajaron por un enfoque interseccional entre raza y género y otros factores para entender cómo éstos se afectan mutuamente cuando se trata de trabajar el tema de derechos humanos de mujeres. Notamos que la falsa dicotomía creada por el debate entre la universalidad de los derechos humanos y la diversidad cultural es particularmente perjudicial para los derechos de las mujeres de color no occidentales.
Pero universalidad debería querer decir que todos los seres humanos -en toda nuestra diversidad- tenemos derecho al pleno disfrute de todos los derechos humanos. Por lo tanto las mujeres tienen derecho universal al disfrute de aquéllos y las diferencias en los contextos particulares de sus vidas no deberían disminuir tal derecho. Sin embargo, la universalidad de los derechos no quiere decir que todas las experiencias, estrategias u opciones de mujeres (u hombres) para afirmar sus derechos humanos sean o necesiten ser idénticas. De hecho, el éxito del movimiento "los derechos de las mujeres son derechos humanos" fue el articular cómo las diferencias -de género y de sexo en ese caso- deben ser visualizadas y tenidas en cuenta para poder hacer realidad el reclamo igualitario y universal de las mujeres por los derechos humanos.
De manera similar, si los derechos humanos van a ser universales en la práctica, más formas de abuso de aquéllos deben ser descritas desde una perspectiva no occidental. Sólo si se definen los derechos en términos de la plena diversidad y las diferencias entre las experiencias de las personas, pueden hallarse soluciones que respondan a los diferentes factores que les niegan diferentes hombres y mujeres el pleno ejercicio de sus derechos.
La diferencia no debería ser vista como contradictoria de lo universal. Existe más bien una tensión creativa entre los principios universales de los derechos humanos y las particularidades diversas que deben ser tenidas en cuenta para concretar esos derechos para todos.
Hay tanto más de que hablar... Es una gran agenda. Pero las mujeres no han estado nunca en mejor pie para tratar de trabajar a través de varias líneas de división para dar forma a nuevas alternativas.
Como dijo en la reunión Anika Rahman, una feminista Musulmana-Americana del Sur de Asia, el trabajo que hacemos por los derechos de las mujeres y en apoyo a los derechos humanos de todos es la respuesta al 11 de setiembre. ¿Pero podemos hacerlo con la suficiente rapidez para lograr el cambio necesario antes que el sistema patriarcal cierre los espacios globales y las posibilidades que las mujeres y otros están tratando de crear para un mundo mejor? Solamente podemos confiar y tratar.
Ponencia presentada por Charlotte Bunch en el Congreso sobre Derechos
de las Mujeres/Derechos Humanos organizado por Terre Des Femmes en Berlín,
Alemania, Octubre 12, 2001. Charlotte Bunch es una destacada feminista de Estados
Unidos. Ella es la Directora ejecutiva del 'Centre for Women's Global Leadership
("Centro para el liderazgo mundial de mujeres") en Rutgers, Universidad
del Estado de Nueva Jersey, Douglas College.
Tel: 732-932-8782 or Fax: 732-932-1180
Correo
electrónico: cwgl@igc.org
Website: www.cwgl.rutgers.edu
Phone Traducción del inglés al castellano por Ana Agostino