Confrontando desafíos:
Mujeres en la política de Ghana

 

Charity Binka

Sin duda, la Década de la Mujer (1975-85) de la ONU puso en el centro de la escena las preocupaciones de las mujeres de Africa y fortaleció su resolución de ser escuchadas y vistas. La conferencia de la ONU en China fue un estímulo para esa búsqueda. La delegación africana que asistió a la reunión dejó una impresión fuerte y positiva por su unidad de objetivos y su capacidad para negociar y articular sus necesidades. Quedó claro en los debates de Beijing que las mujeres africanas tenían total conciencia de su necesidad de formar parte de los procesos de toma de decisión y de cómo llegar allí en teoría. Pero lo que no era obvio era si podrían empujar por sí mismas para llegar a los lugares más altos en sus países individuales.

Las elecciones realizadas en varios países africanos justo un año después de la muy aclamada Conferencia de Beijing, brindaron una buena oportunidad para que las mujeres probaran esa fuerza recientemente adquirida. Ghana fue uno de esos países, y las mujeres ganesas no estaban dispuestas a dejar pasar la oportunidad de las elecciones de diciembre de 1996. A juzgar por el número de talleres realizados después de la conferencia para promover la presentación de candidaturas de mujeres, nadie tuvo dudas de que las mujeres hablaban en serio. Pero al cierre de las inscripciones, solo 57 mujeres, en un total de 780 candidatos parlamentarios, habían presentado sus credenciales para competir, situación que el Comisionado Electoral Nacional describió como comenzar desde una posición de "cero poder".

El desafío en esta etapa entonces ya no era promover la presentación de más mujeres a la elección, sino cómo lograr que al menos 50 mujeres candidatas fueran elegidas para el Parlamento. Para cumplir con esta necesidad urgente, cuatro organismos financiadores se unieron y auspiciaron dos talleres para equipar a las mujeres aspirantes a parlamentarias con las habilidades necesarias para realizar una campaña efectiva y ser elegidas. Los objetivos específicos de los talleres se podrían resumir como sigue: Cómo hacer campaña para ser elegida, identificación de los principales temas de género que afectan a las mujeres de Ghana y llegar a interpretar enfrentarse con los obstáculos a la participación de la mujer en todos los niveles de la vida pública, y cómo enfrentarse con estos obstáculos.

Hasta el momento los registros muestran claramente que las mujeres de Ghana no participan activamente en la toma de decisiones. No había mujeres entre los 103 miembros del Parlamento de la Primera República (1960-65). El Dr. Kwame Nkrumah, Presidente de Ghana en ese momento, totalmente conciente de las contribuciones de las mujeres a las luchas por la independencia, se vio obligado a designar diez mujeres para el Parlamento, con el fin de llenar el gran vacío producido por su ausencia. El golpe de estado de 1966 robó a estas mujeres la posibilidad de mostrar un estilo diferente de política parlamentaria. De los 140 miembros de la Segunda República (1972-74) solo dos eran mujeres. Y en la Tercera República (1979-1981) solo había cinco mujeres para el mismo número de parlamentarios, o sea un simple aumento de tres. Esto se produjo a pesar de que las elecciones que se realizaron solamente tres años después de la declaración de la Década de la Mujer de la ONU que buscaba centrar la atención en la necesidad de oportunidades iguales para las mujeres para acelerar el desarrollo.

Muchas pensaron que el largo gobierno militar, junto con las actividades del Movimiento de Mujeres 31 de diciembre, entonces una organización de la "revolución", había "empoderado" a las mujeres lo suficiente para tomar por asalto el Parlamento cuando en 1992 se levantó la prohibición que pesaba sobre la política partidaria. Las mujeres que se sintieron suprimidas o marginadas por la revolución también lo vieron como una oportunidad de tomar parte en los procesos de decisión después de 11 largos años de régimen militar. Pero sus esperanzas se desvanecieron. Solo 16 mujeres resultaron elegidas para el Parlamento, de un total de 200 miembros. Pero no resultó una sorpresa teniendo en cuenta, en primer lugar, que solamente 23 mujeres se presentaron como candidatas. Las optimistas como yo pronto nos dimos cuenta que tanto bajo el régimen militar como en democracia, la posición subordinada de la mujer en Ghana era la misma.

Sin duda las mujeres hacen mucho más que cantar para mantener el funcionamiento de los partidos políticos. Sin embargo, es este rebajamiento de su rol lo que las ha mantenido alejadas de los puestos de toma de decisiones. La primera mujer ghanesa que se presentó a las elecciones primarias de su partido en 1996 como candidata a la presidencia fue considerada como una "loca" incluso por las propias mujeres. Pero pudo vencer al menos a dos candidatos hombres de un total de seis. Tan fuerte era su determinación que después de su derrota siguió adelante y se presentó a las elecciones parlamentarias. A juzgar por la hostilidad abierta hacia ella que hubo en el taller, quedó claro que no tuvo suerte en la votación.

Esto nos trae de vuelta al taller. Al terminar los cuatro días del taller, ni a las organizadoras ni a las participantes les quedaron dudas de que valió la pena la experiencia. Por lo menos se podría dar crédito al hecho de que fue un intento audaz de reunir mujeres políticas con ideas políticas diferentes para capacitarse y discutir problemas comunes a todas las mujeres, sin tener en cuenta su clase social o su situación. Llegaron las elecciones y solo 18 de un total de 57 mujeres ingresaron al parlamento. Incluso con el aumento de dos, el resultado estuvo muy por debajo de aquel resultado de 1992 cuando fueron elegidas 16 de 23. ¿Qué fue lo que falló? ¿El taller erró el blanco?

El taller tuvo sus carencias, lo admitimos, pero nadie esperaba que diera todas las respuestas al problema de la escasa participación de las mujeres en política. Pero las participantes fueron unánimes en su decisión de que el taller les resultó muy útil. Sin embargo, nadie prestó mucha atención a su grito de que necesitaban ayuda económica, lo que para mí constituía el problema central. Las mismas agencias financiadoras que gastaron miles de dólares para que mujeres fueran a la Conferencia de Beijing que hizo de las mujeres y de la toma de decisiones un área de preocupación fundamental, no están dispuestas a desprenderse de unos pocos cedis (1) para que las mujeres hagan su campaña.

Mientras estaba pegada a la radio controlando los resultados de la sala de noticias de la radio, intenté adivinar el número de candidatas mujeres que lograrían entrar al Parlamento. Me jugué al número 40. El 49,5% de los votantes registrados eran mujeres y yo esperaba que todas ellas votaran por mujeres. Se podrán imaginar mi desilusión cuando al cierre del escrutinio, ni siquiera veinte lograron entrar. Me fui a la ciudad a buscar respuestas para un resultado tan abismalmente malogrado, y no encontré nada. Pero no tuve que esperar mucho tiempo.

Un mes después de las elecciones, una de las candidatas derrotadas, proveniente de una zona rural me visitó en mi lugar de trabajo y hablábamos de los resultados. Según ella, una cosa es que se le enseñen las teorías sobre cómo ganar una elección, y otra cosa es poder ganarla. Ella lo explicó así:

"En el campo las cosas son distintas. El dinero hace toda la diferencia. Si no tiene dinero, olvídese. Como yo no tenía dinero no pude contratar asistentes electorales para estar presentes en todos los circuitos de votación de mi distrito electoral. El día de la votación, ni siquiera se me permitió estar en el centro de escrutinio. Un candidato más poderoso se aseguró de que quedase fuera. Incluso nadie quiso escuchar mis reclamos. Se lo digo así: en política la cuestión se trata de dinero, y el dinero le da poder a la gente para hacer lo que quiera, por medios lícitos o no lícitos." Mientras yo reflexionaba sobre sus palabras, me sonrió y me aseguró que todavía no se había rendido. Había aprendido la lección y para las próximas elecciones en el año 2000 haría mejor los deberes.

Se ha argumentado mucho que el matrimonio, los roles reproductivos, el analfabetismo y la dominación masculina en política, entre otros factores, han impedido a las mujeres participar en forma activa en la política y en la vida pública. Pero en el caso de las 57 mujeres, esos temas no eran un problema. A excepción de una de ellas que tenía treinta y tantos años, las demás tenían cuarenta y poco, más de cincuenta, o incluso sesenta con hijos adultos. Había divorciadas, solteras y viudas, para las que el matrimonio no era un factor limitante. Las que estaban casadas contaban con la aprobación de sus maridos. Muchas eran licenciadas, o al menos podían comunicarse en inglés (después de todo hay presidentes regionales de partido que son totalmente analfabetos, pero tienen ese puesto porque son ricos. La ironía es que la mayoría de las mujeres con educación superior de Ghana en general se apartan de la política por considerarla una actividad sucia). Estas mujeres no se sienten en modo alguno intimidadas por los hombres. De no ser así, aquellas que fueron expulsadas por sus partidos no hubieran tenido el coraje de presentarse como candidatas independientes.

Sin perjuicio de otros obstáculos, el tema financiero parece ser el más serio de los desafíos para las pocas mujeres que desean trabajar en la política de Ghana. Y es solo cuando estas mujeres políticas son apoyadas con fondos especiales para entrar al Parlamento sin tener en cuenta sus creencias políticas que las feministas pueden hablar seriamente de una masa crítica de mujeres en el Parlamento que pelea por cuestiones de género.

Actualmente existe un consenso mundial de que las mujeres deben jugar un rol más activo, más directo y más visible en la toma de decisiones. Este es claramente el desafío planteado por el siglo XXI, un desafío que debería ser tomado por todos los intereses. Para que esto suceda en Ghana, las especialistas y expertas en género deberían, junto con la organización de talleres, avanzar un paso más hacia el logro de apoyo financiero para que las mujeres puedan participar en la política activa para dar significado real a lo que predican. Las elecciones del año 2000 serán sin duda el campo de prueba para esto. n

(1) Cedi es la moneda ghanesa.

Charity Binka es ghanesa, editora y jefa del Escritorio de Mujeres de la sala de redacción de radio en la Ghana Broadcasting Corporation. Ella es miembra de la Asociación de Mujeres en los Medios de Comunicación y vicepresidenta de "Women in Broadcasting (Mujeres en Radiodifusión)".

Traducción del inglés por Soledad Domínguez

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