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Mujeres Caribeñas:
El desafío de la diversidad
Idsa E. Alegría Ortega
En el último cuarto del siglo la política y economía mundial han cambiado considerablemente. De frente al nuevo milenio quedan pocos países coloniales, curiosamente la mayoría de ellos en la Región Caribeña. El otro aspecto del cambio de fin de siglo, desarrollado principal-mente en la presente década, son los acuerdos regionales, como el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México; la Unión Europea y los acuerdos en el Cinturón Económico del Pacífico con Japón.
En los noventa además, se entroniza el neoliberalismo como el paradigma vigente en la eco-nomía mundial. Este modelo que además de económico es político, no toma en consideración en sus planes los grados disímiles en el desarrollo económico de los países, así como tam-poco las diferencias en los regímenes políticos, las heterogeneidades culturales y menos aún las diferencias de género. El neoliberalismo es impuesto por los países centrales para quienes lo importante es mantener los patrones de acumulación de capital de los periodos anteriores.
La dinámica internacional tiene cada vez mayores repercusiones en la estructura económica, en el estado y en la sociedad civil de todos los países de la región Caribeña. La globali-zación tiene efectos devastadores para los estados pequeños y vulnerables de nuestra región.
Una región que además de ser heterogénea en términos lingüísticos, étnicos y culturales, posee una gran diversidad de culturas políticas, de regímenes jurídicos y una variedad de status políticos. Por ejemplo, Martinica y Guadalupe son los territorios franceses de ultra-mar quienes desde 1974 tienen un status de región. Ambos están representados en la Asamblea Nacional, en el Senado y en el Consejo Económico y Social de Francia. Sin embargo, la parte Francesa de San Martín y San Bartolomé son una sub prefectura de Guadalupe.
En las Antillas Holandesas, Aruba mantiene lazos directos con Holanda y a la vez posee com-pleta autonomía interna. Curaçao, Bonaire, San Eustaquio, la parte Holandesa de San Martín y Saba tienen gobiernos autónomos y hasta el momento en los plebiscitos celebrados, desean mantener el status quo. La Gran Bretaña todavía posee varias de las Islas pequeñas, algunas sin interés en independizarse pero en donde se está comenzando a cuestionar dicha relación. Estos tienen ciudadanía separada.
Estados Unidos, aunque de manera diferente, gobierna sobre las Islas Vírgenes norte-americanas y Puerto Rico. La Islas Vírgenes están bajo la jurisdicción del Departamento del Interior. En el plebiscito de octubre de 1993 una mayoría absoluta votó por mantener el status actual. Puerto Rico es un Estado Libre Asociado, y es tratado como un territorio no incorporado. Esto significa que pertenece a pero no forma parte de Estados Unidos. La Isla aunque posee alguna autonomía interna, su representación internacional y la capacidad de contraer acuerdos con otras naciones la tiene la metrópolis.
El resto de las islas que componen la Región son países independientes, algunos de los cuales todavía mantienen fuertes lazos con sus respectivas metrópolis. Sin embargo, no se puede decir que existe una relación libre de cuestionamientos. Por ejemplo, en Barbados, desde julio de 1996, una Comisión Constitucional empezó una revisión de sus vínculos con la Monarquía Británica.
Dentro de ese amplio espectro de relaciones políticas se encuentra Cuba quién a la vez que continua con sus objetivos socialistas, la crisis en que se sumergió luego de la caída del bloque socialista, la obligó a tomar medidas como la reforma monetaria y fiscal y a fomentar la inversión de capital foráneo con enormes beneficios para el inversionista extranjero.
Al darle una mirada cuidadosa y feminista a ese Caribe descrito someramente, surgen varias preguntas. Una de ellas es: ¿Que significado han tenido para las mujeres caribeñas los cambios en la economía mundial? De acuerdo a algunos economistas, políticas como la Inicia-tiva para la Cuenca del Caribe representarán una nueva dimensión para la presencia norte-americana en la región "mediante la relocalización de ciertas fases productivas que son intensivas en utilización de mano de obra a bajos costos, las ventajas fiscales y la cer-canía de la región al territorio norteamericano". Estas estrategias económicas tienen efec-tos devastadores en las mujeres, principalmente porque se basan en el bilateralismo, el cual pone a nuestros países a competir, para ver quién provee la mayor cantidad de mano de obra barata.
¿Como afecta al desarrollo de un Plan de Acción Regional para las mujeres los diferentes sistemas y culturas políticas de la región? La respuesta no es sencilla ya que incluso los países independientes poseen desiguales capacidades de poder e influencia en el entorno re-gional y global. Los países no independientes, además, no tienen soberanía por lo cual, ni siquiera poseen representación en los organismos regionales o internacionales y menos aún pueden establecer de motu proprio convenios o relaciones internacionales. Tampoco son signa-tarios de los compromisos asumidos a nivel internacional, como es el caso de la Plataforma de Acción de Beijing.
Las leyes aprobadas en las diferentes metrópolis o su compromiso al firmar las Convenciones Internacionales, ¿Nos beneficia o nos son adversas? Una veces nos beneficia, aunque no nece-sariamente del todo, y otras nos afecta. En Puerto Rico, por ejemplo, el derecho a finalizar un embarazo nos cobija dado la relación política con Estados Unidos. Sin embargo, ese de-recho se ha visto bajo amenaza por los opositores dentro de la Isla, lo cual es obvio y además, por las campañas importadas desde Estados Unidos. Si el Tribunal Supremo de Estados Unidos revoca la decisión del caso Roe vs. Wade y/aprueba una ley anti aborto ¿Cómo se afectaría el estado de derecho en Puerto Rico? Tengamos en cuanta que, el Gobernador de Puerto Rico tiene ante sí un proyecto de Ley aprobado por la Legislatura que criminaliza el aborto.
En septiembre de 1998, comienzan las negociaciones de la Convención de Lomé IV. Desde la aprobación en 1975 de la primera Convención de Lomé han pasado más de veinte años. En ese tiempo la Unión Europea proveyó 1785 millones de euros en ayuda financiera y técnica para el Caribe. Los principales beneficiarios fueron el Caribe Oriental, Haití y República Dominicana. A fin de los noventa la comunidad europea entiende que el nuevo orden económico mundial demanda cambios fundamentales en este acuerdo. Entre los cambios propuestos están: establecer condiciones más estrictas para las ayudas y aumentar el énfasis en el sector privado y en las ONGs para encausar el desarrollo. Sobre el Caribe específicamente se pro-pone expandir el arreglo de cooperación para la totalidad de la región y liderarlo para integrar la cooperación de los países en el marco de las relaciones con América Latina, utilizando como vehículo la Asociación de Estados del Caribe.
Las propuestas de Lomé reconocen las diferencias significativas entre los países y que se requiere un acercamiento especial en términos de política exterior, seguridad y desarrollo. Por otra parte, reconoce que las condiciones para la diversificación del sector privado están lejanas y que la región continúa dependiendo de pocos productos agrícolas y minerales para la exportación. Los instrumentos a usar para lograr las metas propuestas para el Caribe son el apoyo al capital local, la privatización de los servicios ofrecidos por el estado, la reestructuración de las empresas públicas, el desarrollo del comercio y la cooperación mone-taria. Además, hay una promesa para analizar la situación de la deuda externa.
Estas propuestas hacen caso omiso de las mujeres. Nuestro reto es insistir y demostrar la necesidad de incluir el género en las estrategias de desarrollo, formular propuestas con-cretas para incorporarlo a los programas o proyectos y, rechazar las políticas que sean adversas a la mayoría de la población del Caribe. Es necesario insistir y buscar las formas de vincular las unidades microeconómicas con las políticas macroecnómicas. En ese aspecto uno de los debates más interesante es ¿Debe la producción doméstica, entiéndase por ésta la del hogar, ser el centro del análisis del desarrollo en el Caribe?
Reconozcamos que las diferencias entre las mujeres no solo son de clase, raza, etnia, origen nacional y preferencia sexual. Además, nos atraviesan y marcan la particular experiencia con los imperios que nos gobernaron o nos gobiernan todavía y, los regímenes políticos y jurídicos que nos cobijan. Una estrategia regional para las mujeres caribeñas debe considerar tanto los componentes sociales como los geo-políticos y geo-económicos. De ese modo podremos potenciarnos como mujeres y como caribeñas frente a los actores más relevantes no solo de nuestra región sino también del mundo.
Versión editada de una ponencia presentada en la Conferencia de CAFRA sobre la Situación Geo-política en el Caribe, San Juan, Puerto Rico, el 29 de agosto de 1998.
Idsa Alegría Ortega es catedrática de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico.