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Sunila Abeyesekera
Hace más de un año, Sunila Abeyesekera (Sri Lanka) escribió una "reflexión personal" llamada "Consolidar nuestras ganancias en la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos (Viena , 1993) y discutir nuestras 'Diferencias'". Terminada la Conferencia de Beijing, nos parece importante publicar, al menos, la segunda parte de una reflexión personal bastante universalizada.
En parte, esta pregunta se plantea como consecuencia de que en la fase posterior a Viena, quienes estuvimos trabajando en la actividad de lobby y haciendo campaña por los derechos humanos de la mujer hasta Viena no hemos logrado llegar a ningún acuerdo claro sobre qué estrategias y metodologías adoptar para continuar trabajando sobre los temas de los derechos humanos de la mujer en forma colectiva. Como consecuencia, muchas de nosotras continuamos trabajando en temas relacionados con los derechos humanos de la mujer dentro de nuestras posibilidades o dentro de nuestros grupos particulares. Aunque este trabajo es muy necesario e importante, y de hecho ha posibilitado las bases sobre las cuales se aseguró la campaña mundial por los derechos humanos de la mujer, mi experiencia de estos últimos meses, especialmente la observación del trabajo de los sistemas de derechos humanos de la ONU y todos sus distintos mecanismos y procedimientos, me ha llevado a sentir todavía QUE existe un vacío en cuanto a una estrategia colectiva para tratar a nivel internacional los temas de los derechos humanos de la mujer; tampoco existe un proceso estructurado de consulta o discusión sobre los problemas relativos a los derechos humanos de la mujer que pueda ser de interés común y pueda llevar a una acción colectiva. Esta falta de un "proceso" solo nos puede conducir a una mayor fragmentación entre nosotras y a un aumento de la desconfianza en relación a preguntas tales como "¿Quién determina el orden del día?".
Es en este contexto que quiero enfatizar la urgencia de la necesidad de desarrollar una estrategia más consistente para ejercer influencia sobre la comunidad internacional, y en especial, el sistema de derechos humanos de la ONU, si queremos lograr la instrumentación de la Declaración de Viena de una forma que aumente la capacidad de la mujer de ejercer en forma plena de sus derechos humanos, y también garantizar que el Relator Especial sobre Violencia contra la Mujer tenga el respaldo que necesita para cumplir su mandato según lo proyectado.
Al mismo tiempo, nosotras, como militantes de la campaña por los derechos humanos de la mujer, necesitamos urgentemente discutir un "Plan de Acción" futuro para la campaña. En este contexto, siento que es también urgente que evaluemos nuestro papel en los movimientos de mujeres en todo el mundo, no solamente en términos de una futura integración al sistema de derechos humanos de la ONU, sino también en función de nuestra participación en los procesos hacia la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing en 1995 y después.
En cierta forma, la campaña por los derechos humanos de la mujer sirvió como factor "unificador" temporal para una gran cantidad de grupos y organizaciones muy dispares de todo el mundo. Sin embargo, la finalización de la Conferencia de Viena demostró muy claramente que esta unidad era por cierto muy frágil; las divisiones que surgieron en Viena por las diferencias regionales y de idiomas nunca fueron tratadas en forma abierta, incluso hasta el día de hoy. Temas polémicos como el poder y el control sobre los procesos de toma de decisión fueron quizás en parte responsables por nuestra resistencia a estructurar un proceso posterior a Viena para la campaña por los derechos humanos de la mujer. Los procesos nacionales, regionales e internacionales de preparación para Beijing produjeron nuevas divisiones en los movimientos de mujeres.
Esto es una muestra clara de que no podemos embarcarnos en la instrumentación de un proceso de seguimiento de Viena y, por ejemplo, hablar de establecer ciertos mecanismos para monitorear y facilitar la puesta en práctica de la Declaración de Viena desde la perspectiva de las mujeres sin primero discutir las divisiones y luchas por el poder que existen en nuestros círculos. Aunque nuestra experiencia demuestre que tales discusiones sobre nuestras "diferencias" pueden llegar a ser muy conflictivas y divisorias, siento que nos será imposible continuar trabajando juntas si no tenemos la valentía de llevar adelante esta discusión. El desafío que se nos plantea es el de poner en el orden del día la discusión sobre las diferencias de forma abierta y honesta, de forma que podamos desarrollar una estrategia para tratar las diferencias que sea positiva, constructiva, y nos conduzca a acciones colectivas realizadas por mujeres provenientes de orígenes y contextos diferentes.
Siento que éste es el momento oportuno para evaluar nuestra experiencia a partir de Viena para poder establecer un futuro plan de acción para una campaña progresiva y sistemática por los derechos humanos de la mujer. Por lo que se puede ver de lo que he dicho hasta ahora, existe la necesidad urgente de dar pasos concretos para consolidar las ganancias obtenidas en la Conferencia de Viena. Existen dos áreas que me preocupan especialmente: el tema de cómo enfocar nuestra relación con el sistema de derechos humanos de la ONU como totalidad y el tema cómo discutimos las diferencias que existen entre nosotras como integrantes de la campaña por los derechos humanos de la mujer.
La campaña por incluir los derechos humanos de la mujer como centro de interés principal en la Declaración de Viena fue un tema al que cientos de miles de mujeres de todo el mundo contribuyeron de muchas maneras. Sin embargo, parece que, de muchas formas, percibimos que la inclusión del tema de la mujer en el orden del día de la Conferencia de Viena como un "final" del proceso; pero en este momento debemos verlo en realidad como una lucha a largo plazo por ubicar los intereses de la mujer en el orden del día del sistema de derechos humanos de la ONU como totalidad.
Como siempre sucede, a menos que nosotras, como militantes de los derechos humanos de la mujer continuemos ejerciendo presión con nuestro reclamo de inclusión e integración, ni la ONU ni las organizaciones de derechos humanos nos "darán" nuestro lugar. Para lograr esto, debemos instrumentar las formas de mantener un seguimiento sistemático y consistente de las ganancias de la Declaración de Viena. Creo que esto es esencial si queremos seguir presionando para maximizar el impacto obtenido hasta ahora.
Entre las
áreas que considero fundamentales están:
1. La necesidad de iniciar un proceso de consulta a través del cual podamos
desarrollar una estructura para monitorear la instrumentación de la Declaración
de Viena de forma sistemática; la forma y naturaleza de la estructura,
así como sus implicancias financieras son temas que debemos discutir
en detalle.
Entre las áreas a tratar por medio de la conformación de una estructura permanente de ese tipo estarían:
- metodologías
y procedimientos para analizar órdenes e informar sobre mecanismos del
sistema de derechos humanos de la ONU (el Comité, la Comisión
y la Sub-Comisión) para ver dónde puede resultar más efectivo
dirigir nuestras demandas sobre la protección de los derechos de la mujer;
- el desarrollo y mantenimiento de una red y sistema de coordinación
que nos permitirá reunirnos y difundir información sobre los abusos
a los derechos humanos de la mujer de la forma más eficiente y efectiva;
- establecer un vínculo entre esta red y la oficina del Relator Especial
para la Violencia contra la Mujer;
- asegurar la participación efectiva, en forma regular, de representantes
de ONG de mujeres en las sesiones del Comité, la Comisión y la
Sub-Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y asegurar la presentación
de intervenciones orales y escritas en cada etapa de discusión;
- facilitar a las ONG de mujeres el acceso al sistema de derechos humanos de
la ONU, incluyendo ayuda en la obtención de acreditaciones y estatus
consultivo.
2. La necesidad de discutir métodos para fortalecer los vínculos entre la campaña por los derechos humanos de la mujer y otras organizaciones y grupos que trabajan en áreas similares, para crear una comprensión mutua de las posibilidades de trabajo conjunto en los temas de los derechos humanos de la mujer. Entre los grupos a los que debemos prestar atención especial en este aspecto están:
- El Comité
de ONG de Mujeres con sede en Ginebra;
- otros grupos de mujeres y organizaciones que no necesariamente tienen como
tema principal los derechos humanos pero que trabajan en temas de la mujer;
- otros grupos y organizaciones de derechos humanos que no necesariamente tienen
como tema principal los derechos de la mujer pero trabajan en temas de derechos
humanos;
3. La necesidad de continuar trabajando para lograr la ampliación de los estándares y conceptos de derechos humanos para incluir las necesidades e intereses no solamente de la mujer sino de todos los grupos que están en situación de inferioridad en la sociedad, en todos y cada uno de los aspectos de los estándares, instrumentos mecanismos y organismos ya existentes que tratan el tema de los derechos humanos.
El énfasis en la indivisibilidad y universalidad de los derechos humanos así como la crítica de los estándares existentes de igualdad y justicia que no han desafiado lo suficiente todas las formas de discriminación han sido parte importante de la contribución que hemos hecho a la discusión de Viena; como militantes de la campaña por los derechos humanos de la mujer debemos continuar trabajando en el área de la redefinición y reconceptualización de los estándares y prácticas de derechos humanos, incluyendo los marcos legales.
Conflictos y estrategias
Podemos recordar la sesión final del Foro de las ONG en Viena, cuando el discurso de Jimmy Carter produjo una situación de gran conflicto y división, no solo dentro de las ONG de derechos humanos en general, sino también dentro de la dirección del grupo de mujeres. Nunca nos dimos la oportunidad de discutir este hecho en detalle, en forma autocrítica. Al observar los procesos de muchas de las reuniones preparatorias de Beijing, me parece que las diferencias dentro de los movimientos de mujeres en todo el mundo se están multiplicando rápidamente. Si bien la existencia de diferencias entre nosotras es en sí misma muy excitante y energizante, la manifestación de estas diferencias en forma divisoria y conflictiva y la transformación de las diferencias en conflictos es, me parece, un indicador de nuestra incapacidad, hasta el momento, de discutir los temas de la identidad y la diferencia de forma que nos permita afirmar nuestra capacidad de efectuar acciones colectivas, como mujeres, para mejorar nuestra situación.
Tengo la plena seguridad de que a menos que iniciemos una discusión en la cual estén presentes y activas las diferencias, en todos nuestros intentos de llegar a bases comunes para la acción colectiva, las reuniones en Beijing y nuestros planes de acción futuros se verán dañados en forma duradera. Esta discusión es sin duda muy difícil y sensible. Por un lado significa necesariamente tener en cuenta las numerosas manifestaciones de fundamentalismo religioso, xenofobia y nacionalismos chauvinistas y todas las demás formas políticas basadas en la identidad, especialmente en relación a su impacto en la situación de la mujer; por otro lado, significa tener en cuenta en forma seria el fenómeno del compromiso en gran escala y la participación de las mujeres en estos movimientos basados en políticas de identidad.
Desde el punto de vista de sus implicancias para la práctica democrática y colectiva, también debemos tener en cuenta la forma en que el acceso diferencial al poder, la "capacidad profesional" y la toma de decisiones están creando descontento y divisiones entre las mujeres. No negamos que las cosas pueden ponerse peor en lugar de mejorar. Sin embargo, no debemos permitir que el miedo de aumentar esas tensiones y divisiones ya existentes interfieran en nuestro camino; creo que resulta absolutamente imperativo reconocer que seguir ignorando las diferencias que existen entre nosotras producirá solamente consecuencias negativas y destructivas. En el análisis de base, nuestra energía debe estar dirigida hacia el desarrollo de métodos para discutir y afirmar nuestras diferencias, de forma de llegar a una mejor comprensión entre nosotras y sentar bases más sólidas para una acción política colectiva.
En el contexto de la preparación de la Cuarta Conferencia sobre la Mujer que tendrá lugar en Beijing, China, en setiembre de 1995, creo que debemos centrar nuestro trabajo en las siguientes áreas:
1. Se debe priorizar el tema de las diferencias que existen entre nosotras. Por ejemplo, debemos tratar los temas que nos dividen, como razas, región, idioma, orientación sexual, de forma abierta y honesta; en este contexto, debemos comparar los ejemplos de la división entre América Latina y Asia en Viena, el problema de los idiomas (anglófonas versus francófonas) en Africa, los temas étnicos y el fundamentalismo en el sur de Asia, etc.
2. También debemos tener en cuenta otros niveles de diferencias entre las mujeres, por ejemplo, la división norte/sur desde el punto de vista de la marginalización sufrida por muchas mujeres del sur en relación al acceso a los recursos y a las redes de formación de opinión, así como desde el punto de vista de la "elite" de mujeres del sur que ejercen desmesuradamente su poder sobre sus "hermanas" menos privilegiadas.
3. Al mismo tiempo, es necesario para las mujeres en distintas posiciones de "poder" debido a su raza, clase, estatus profesional, etc, discutir los problemas desde el punto de vista de sus privilegios y su buena disposición para "dejar de lado" esos privilegios.
4. También es necesario encarar el tema específico de las actitudes y enfoques divergentes en relación al trabajo dentro del sistema de la ONU, a la profesionalización y alienación de la comunidad como consecuencia de la profesionalización.
5. Una estrategia posible a elaborar sería cómo "incorporar" la discusión de las diferencias en cada actividad de Beijing, ya sea en talleres, seminarios, foros abiertos o eventos culturales.
6. También debemos tener en cuenta el contexto geopolítico de China y Asia, donde se llevará a cabo la Conferencia, si queremos hacer una evaluación correcta de nuestras posibilidades de discutir las diferencias, tanto cuando seamos nosotras quienes pongamos el planteo sobre la mesa como cuando nos veamos forzadas a enfrentar el tema cuando sea planteado por otras. En este contexto, es importante comprender la realidad de que la supresión de cualquier discusión sobre las "diferencias" que se considere como problemática puede ser una parte de las estrategias "oficiales" para Beijing.
7. En este contexto, desde nuestro punto de vista, pienso que resulta fundamental desarrollar un código de conducta que podría guiar nuestras respuestas y comportamiento en situaciones en que se planteen temas altamente politizados como la "autodeterminación" para las comunidades indígenas y las minorías, o cuando expongan sus ideas mujeres representantes de perspectivas fundamentalistas o chauvinistas.
8. El contexto de los derechos humanos puede ser una herramienta útil para la construcción de una base de respeto mutuo y reciprocidad sobre la que podría crearse este código de conducta; podría servir tanto para resolver los conflictos como para permitir la creación de un espacio donde cada persona tenga el derecho de hablar y ser oída sin prejuicios y discriminación, y que permita emitir opiniones diferentes y variadas en un ambiente de respeto.
9. Por medio de las discusiones, podríamos tratar de identificar áreas potenciales de conflicto para enfrentar los conflictos en el momento en que se producen. (Espero que noten que no digo si se producen; escribo esto con el total convencimiento de que los conflictos sí se producirán ¡y esto no tiene que ser necesariamente un factor negativo!)
10. Debemos crear una estrategia para tratar con los medios de comunicación y quienes trabajan en ellos, especialmente en Beijing, porque las experiencias anteriores nos demuestran que los conflictos entre mujeres son con frecuencia, más que usados con sensacionalismo, desproporcionados y utilizados contra nosotras de muchas formas.
Posdata: A mis amigas de la Campaña Mundial:
Este trabajo fue escrito principalmente como parte una reflexión muy personal. Los pensamientos e ideas que contiene son por lo tanto míos y asumo la responsabilidad total por ellos. Debiera decir que tuve que pensar mucho al escribir esto. Sé muy bien que no importa cuán cuidadosa haya tratado de ser, algunas reflexiones pueden resultar extremas. También sé que puedo haber tocado muchos temas sensibles y potencialmente "peligrosos", primero al hablar de la necesidad de "institucionalizar" en cierta forma la campaña por los derechos de la mujer, y segundo, al hablar de nuestras "diferencias".
Sentí el impulso de escribir todo esto, principalmente porque temo realmente que si en el curso de nuestros preparativos para Beijing se produce una explosión para la cual no estemos preparadas, y especialmente si esto se da durante el propio transcurso de la Conferencia, estoy segura de habría consecuencias desastrosas para el trabajo que muchas de nosotras estamos llevando a cabo. Creo firmemente que las bases de confianza y comprensión que se han forjado entre nosotras durante la preparación para Viena pueden brindarnos la posibilidad de dar una mirada abierta y honesta a estos problemas.
Traducido por Soledad Domínguez y Alicia Porrini